Cuando vas al Concurso Internacional del Cante de las Minas lo haces con todas las consecuencias. No es un concurso más, es el más importante del flamenco y también el más mediático. Nada de lo que ocurre pasa inadvertido para la prensa. He ido muchas veces en los últimos cuarenta años y podría escribir un libro de anécdotas, problemas y trifulcas. O sea, que no me asombra para nada lo que ha pasado este año con la decisión del jurado, ni las amenazas, abucheos, descalificaciones, gritos o faltas de respeto.
Parte del público toma partido por un concursante y si ese concursante no gana, el jurado tiene un problema. Es lo que pasó el día de la final: que el jurado no tuvo en cuenta la presión del público y decidió por unanimidad otorgar El Desplante a la bailaora japonesa La Yunko, que fue la que sacó mejor puntuación. Cada miembro del jurado puntúa, le pasa la puntuación al secretario del jurado y es éste quien suma.
¿Es mejor bailaora La Yunko que las demás finalistas, María Canea y Laura Santamaría? Sinceramente, no. Pero es que el concurso no es para elegir a la mejor bailaora del certamen sino a la que mejor propuesta lleva. Me gustó más que sus competidoras por estas tres razones: su clasicismo, que no bailara para la galería, o sea, para el público, y, por último, su buena escuela. Me he educado en Sevilla y allí no se dan zapatazos, se baila con sensualidad, sin exagerados alardes físicos y, sobre todo, con regusto.
La Yunco lleva más de dos décadas en esta ciudad y es una digna representante de esta escuela. Que es japonesa y no andaluza. Cierto. Pero es bailaora y si un jurado de expertos la pasó a la semifinal, luego a la final y decidió darle el premio, es el jurado y no el público quien lo da. Si el jurado no estaba preparado para decidir, tampoco lo estaba para los demás premios y nadie ha protestado por el ganador de El Bordón, El Filón o la Lámpara Minera. Ni por el resto de los premios menores.
La Yunko no llevaba apoyo logístico, o sea, no vimos a ningún grupo de aficionados apoyándola, jaleándola o chillándole para influir en el jurado. Fue con toda la humildad del mundo a bailar lo mejor que sabía, con sencillez y sin ninguna estrategia. Sabía que tenía muy pocas posibilidades de llevarse el premio, como ella misma ha declarado en El País. Quizá nos cautivó por eso, porque no limosneó el aplauso del público, ni dio zapatazos efectistas, ni se pegó manotazos en los muslos para impresionar a los poco duchos en baile.
Se ha acusado de tongo a la organización del concurso.Tongo significa amaño, fraude, engaño o timo. Quien tenga pruebas que las aporte. Como ya dije en un artículo anterior, yo mismo lo acompañaré a un juzgado a poner una denuncia y que caiga quien tenga que caer. Acepto que se diga que no sé una papa de flamenco, pero no que me he vendido a la organización, y se ha dicho. He recibido incluso amenazas y tuve que cerrar mi muro de Facebook porque me estaban machacando incluso con cosas que nada tenían que ver con el certamen. Incluso amigos íntimos apoyaron a los que decidieron lincharme públicamente a través de esta red social. Me apena que la lealtad se haya ido a la mierda.
No voy a demandar a nadie porque no lo he hecho en mi vida, en mis más de cuarenta años de crítico de flamenco y periodista. Ni siquiera a un artista, cuyo nombre omito, que me envió unos mensajes terribles en los que me llamó sinvergüenza, canalla, ignorante y otras perlas parecidas. “Es para mataros”, dijo. Por la mañana, el domingo, tuve que pedir la presencia de la policía en el hotel para evitar algún incidente. No por este artista, al que conozco desde hace años y admiro, sino porque podía encontrarme con algún violento fuera de control esperándome en la puerta para ajustarme las cuentas. Gajes del oficio.
Si el Ayuntamiento de La Unión me pide que vuelva a ser jurado el año que viene, seguramente estaré de nuevo, si vivo aún. No me da miedo de nadie y sé perfectamente si estoy o no capacitado para estar de jurado en un certamen de esta importancia y envergadura. Felicito a todos los ganadores y también a los que disputaron los distintos premios y no ganaron. Fue una gran final, de las mejores que he vivido en tantos años.
Hubo buen nivel en todas las disciplinas, sobre todo en la del baile. El jurado se pudo equivocar porque somos humanos, pero que nadie vea nada feo porque somos cuatro personas honradas que solo nos limitamos a dar nuestra opinión en un arte donde nadie tiene la verdad absoluta. No hay medida exacta para el arte, que es algo subjetivo.





