De vez en cuando, y ya como noticia menor y casi rutinaria, leemos cosas como: “Juanma Moreno pide prorrogar el pasaporte Covid como acicate para los que aún no se han vacunado”. Un titular “normal”, corrientísimo, que ni llama la atención… Y eso lo espeluznante, que semejante aberración no sorprenda.
Lo del “acicate” es sin duda lo más grave. Que de manera tan desvergonzada se diga ya abiertamente que ciertas medidas no tienen fundamento sanitario, sino que son un puro instrumento de coacción… es terrible. Pero en fin, a nadie vamos a convencer de que es terrible si uno no lo ve. Eso es justamente “lo terrible”.
Vayamos a otro aspecto de la cuestión, sobre el que no parece insistirse mucho: el que salga una ley obligando a los camareros a hacer de policías, a cuenta del empresario. Y no “a hacer de policías”, entiéndase como expresión popular, como una manera de hablar; no, sino auténtica y literalmente, a ponerse a ejercer las funciones que en un Estado de derecho sólo puede desempeñar la policía, así de repente, sin recibir ni formación para ello ni ser remunerados por ello, y sin haber decidido ellos esa profesión.
Tan colosal disparate no se ha analizado. La discusión se va en si uno es partidario de dicho “pasaporte Covid” o si no lo es. Pero el hecho en sí no se analiza mucho.
Imaginemos que sale una ley diciendo… pues no sé. Que los fontaneros que acuden a las casas a arreglar una tubería, pues tienen la obligación de realizarle un masaje en la espalda a los que encuentren en el domicilio. Sí, tal cual. Sin titulación para ello y sin que les paguen por la tarea; pero lo tienen que hacer, bajo pena de multa.
O que sale una ley diciendo que a los que entran en una tienda de ropa, el dependiente queda obligado a realizarles una limpieza de boca a cada uno. Sí, tal cual. Sin saber hacerlo, y sin recibir dinero por ello. Pero si no lo hacen, serán multados.
¿Que son comparaciones disparatadas? No más que el objeto al cual se compara.
La función de un camarero es tan radicalmente opuesta a la de un policía que hasta si buscamos un ejemplo grotesco y disparatado al que compararlo, pues casi que no lo encontramos. El camarero tiene una vocación de servicio – cosa esta bellísima, noble y excelsa y sin nada que ver con el “servilismo”. En realidad, muchas profesiones, todas acaso, tendrían que tener vocación de servicio; pero, en una época obsesionada por los derechos y los derechos, pocas lo demuestran (¿le sonríe a uno amablemente el médico, el notario, el empleado de Correos..? Pues todos debían estar a nuestro servicio. Pero cómo lo disimulan).
Casi la única profesión que queda que no lo disimula, y no “sufre” por servir ni teme parecer por ello servil, es la del camarero. Cierto, muchas veces se oye protestar por haber dado con “un camarero borde”, pero justo eso demuestra que de ellos siempre se espera amabilidad, que es lo característico, lo suyo, por eso si alguna vez falla choca tanto (del médico, del notario y del empleado de Hacienda no solemos esperar cordialidad). El camarero procura que el cliente esté a gusto, se complace en traerle algo más caliente o más frío, o el café en taza o en vaso, se precia de recordar las preferencias de cada cliente.
El oficio de policía es todo lo contrario. Decir que su función es precisamente que el ciudadano no se sienta a gusto… pues no va descaminado. El policía es la autoridad, viene a revisar, a controlar, a verificar; a pedir papeles, a hacer preguntas, a poner multas. No recordarán a un policía en el control de pasaportes de ningún aeropuerto sonriendo con cara de broma (ni digo que tengan que hacerlo. Su función, no exageramos mucho si decimos que es dar miedo).
El camarero y el policía. Uno viene a servir, el otro a mandar. El primero intenta que el personal se encuentre cómodo; el segundo persigue todo lo contrario.
Poner a un camarero a hacer de policía es como poner a una niñera de guardería a disparar tiros. Como poner a alguien que se desmaye a la vista de la sangre a cortar carne humana en un quirófano. Es el rey de los absurdos.
Pero puestos a a ponerlos… que el Estado les pague por ello, ¿no? Con su plus de peligrosidad, que lo necesitan bastante (se han dado, explicablemente, desagradables enfrentamientos).
En realidad, puestos a exigir un pase de salud antes de entrar en un bar, lo suyo sería (obviando ya lo cuestionable de la medida) que el propio gobierno ordenara la colocación de policías a la puerta de los mismos. Así, el ciudadano se enfrentaría al representante de la autoridad, y puestos a denunciar la ilegalidad de la medida, denunciaría al agente oportuno (en vez de al camarero, y al propio dueño del establecimiento, como se están dando casos).
Que al fontanero le obligaran a empastar las muelas de sus clientes (sin saber hacerlo, y sin cobrar por ello, y recibiendo luego las denuncias de los afectados); que al personal de limpieza de la Universidad le obligaran a puntuar los exámenes (sin tener conocimientos, y sin cobrar por ello, y recibiendo luego las quejas de los estudiantes)… todo esto suena a broma, a ejercicios de la imaginación. Pues no son más disparatados que lo que ya sucede. Camareros obligados a hacer de policías. Y gratis. Y recibiendo denuncias por hacer cosas para las que no están autorizados; pero Juanma les obliga.





