Pasado un tiempecito del impacto que causó este mismo periódico al dar la primicia de que en Matalascañas, (Huelva), podría esta puñalera, puñalosa y puñalista (ojo, puñetera, no) ciudad de Sevilla, tener una “finquita” en el referido litoral, procedo a hacer un breve apunte de lo que pudo haber sido, no es y, esperemos –ojalá- que algún día –y que me coja vivo- lo pueda ser.
En mi condición de jurista (y no soy barato) tengo que decirle al lector (inteligente y paciente –si no lo es, no siga-) que no se crea que todo lo que no está en el Registro de la Propiedad, no está en el mundo. ¡Ni hablá! Si en bares y restaurantes,
hay casi mas platos fuera de carta que dentro; si en el mundo del cortejo y del amor, se ha ligao mas con niñas que no han sido novias nuestras, que con éstas; si en el campo de la memoria, el hombre se arrepiente mucho más de lo no hecho que de lo hecho…etc., no se puede concluir que la cuadriculación de España , que un seminarista arrepentido, Javier de Burgos, hizo sobre 1833, es el Avangelio o que va a misa de una y cuarto al Corpus Christi.
La repercusión, sobre todo, la gratuita y anónima en redes sociales, con la que me he reído mucho -cuanta gracia, cuanto aje, cuanto arte- el de los onubenses y sevillanos, sevillanos y onubenses, en su mayoría, ironizando y largando fiesta, ha
resultado desmedida, exagerada y, casi siempre, asaz equivocada, principalmente confundiendo, entre otras cosas, la reposición “en” con la “de”. Y ello porque no se trata de debatir de una (presunta) playa “EN” Sevilla, sino “DE” Sevilla, que no es lo mismo. Pero así me gusta, que lean este periódico ocurrente y acertado, y disfruten del gusto que da.
Vayan por delante tres cositas, la primera, que quede la mar de claro, que me afirmo y ratifico en su integridad en el escrito de denuncia que interpuse en su momento, su no lectura y su sí interpretación, saturada de mordacidad más que de indignación, ha llevado a la gente, en resumen, a concluir con una respuesta que ciertamente no encaja con lo denunciado. (Algo así como si denuncio que Fregenal de la Sierra, Aracena o Niebla son más sevillanas que pacense u onubenses –que lo son- y se me contesta con un “¡Sevillano: go home”!). Por eso vuelvo a escribir estas letras sin desdecirme en una sola coma de mi alegato inicial generador de la polémica. Lo segundo es que declaro a viva voz y convencido de que a nadie molesto, que “los sevillanos
siempre hemos tenido playa. De 90 a 150 kilómetros a la redonda, Huelva, Cádiz y, hasta Málaga, nos han ofrecido las mejores de España; donde siempre hemos sido bien tratados y acogidos, donde compramos, alquilamos, o domingueamos perfectamente, sin ningún tipo de problema localista o colonialista. Y lo tercero, es que la eventual prosperidad de mi pretensión no va –ni puede- cambiar la ubicación de la onubense playa sevillana, así como alterar la demarcación territorial”.
Que Sevilla pueda tener, aproximadamente, 150 hectáreas que limita al norte con la carretera de Mazagón, al sur con el Océano Atlántico, al este con la Torre de la Higuera (caída o volcada en 1754 como consecuencia del terremoto de Lisboa), y al oeste con los terrenos de la finca “Antiguo Coto Ibarra” –hoy propiedad de la Sociedad Hispano Alemana-, que se denomina World Hotel, ni es un cuento chino, ni una provocación ni, mucho menos, una fantasía pretensiosa o fatua. No intento que se agreda o se le pegue un zarpazo de carácter localista, cerril y provinciano a la provincia de Huelva. Solo he tratado de “comunicar”, “decirle al Ayuntamiento” con el soporte documental que (junto a un buen cliente, amigo y entendido funcionario del Ayuntamiento de Sevilla, en situación de jubilación, D. Gabino Carranza Márquez), hemos encontrado, que ese trozo de terreno “pudiera ser sevillano”, es decir, propiedad de la ciudad. Eso ha sido todo.
Que el Excelentísimo Ayuntamiento de Sevilla, al que tuve el honor de dirigirme, provea, aperture un expediente, y proceda de conformidad con el art. 44, a) del Real Decreto 1372/1986, de 13 de junio por el que se aprueba el Reglamento de Bienes de
las Entidades Locales, es una obligación legal y reglamentaria del receptor de la denuncia; si no lo hace, allá ellos. Esperemos que, tanto concejales de nuestro Ayuntamiento (de mando y oposición), miembros de la Diputación Provincial de esta
ciudad, representantes por Sevilla al Congreso de los Diputados y del Parlamento Andaluz, se interesen, hagan algo, y digan (en legal forma, eso sí) o un “vale, lo estudiamos” o un “tesquieiyá por ahí”. Decía uno de mis maestros jurídicos que tuviera en cuenta que si al Credo se le quita una coma, quien padeció, fue muerto y sepultado, resultaría Poncio Pilatos. En
consecuencia, solo aclaro (nada de modificar) que ni esta parte ha dicho que Sevilla tiene playa, sino que “pudiera tenerla”, ni que se reclame a Matalascañas, Almonte, Huelva, Andalucía, España, Europa, un solo centímetro cuadrado de su demarcación territorial. Igualmente aprovecho para decir que, “puedo prometer y prometo que, si mi empeño sale bien y prospera, en cuantito acabemos con esto, empiezo con la reclamación de Gibraltar”.
Amén.





