
Foto by Mariló
Paseaba una tarde de otoño por el centro de Sevilla y observando el escaparate de una librería me llamó la atención el título de un libro, Planta sapiens (Editorial Seix Barral), pues pensé que se trataba de una nueva publicación del Yuval Noah Harari, autor del best seller Sapiens, pero no, su autor era un español, Paco Calvo, catedrático de Filosofía de la Universidad de Murcia, y la reseña de su contenido me animó a comprarlo.
¿Razonan las plantas? ¿Son capaces de pensar? Su lectura me trasladó a mi infancia, en un piso bajo de la barriada de Pío XII, a principios de los años sesenta del pasado siglo, cuando mi madre me contagió el amor a las plantas y me hizo ver la importancia de su cuidado, porque según ella, había una especie de comunicación que le hacía sentir como el riego puntual, el quitar las hierbas malas o las hojas secas, o la rutina de ponerlas a la sombra cuando el sol apretaba, o estar atenta a su floración, se veía correspondido, según me decía, por un agradecimiento en forma de olor y colorido que embellecían nuestro hogar.
Era un tiempo en el que las macetas en las ventanas y las jardineras en las terrazas, poblaban el barrio de geranios y gitanillas, y algunos teníamos la suerte de contar con un terreno en el patio trasero del piso, cuidábamos pensamientos, miramelindos, aspidistras, la flor del dinero en macetas y otras especies que curiosamente, daban nombre a las calles de nuestro barrio, cuya parroquia tenía y tiene como titular a la advocación de Santa María de las Flores. Viví durante muchos años en la calle Margarita esquina a Begonia, y desde mi casa veía la calle Gardenia y el comienzo de la calle Gladiolo.
Sirvan estas líneas para explicar el por qué de mi amor a las plantas, pero de lo que quería hablarles es de las investigaciones llevadas a cabo en los últimos veinte años por el citado profesor, nacido en Barcelona en 1971, cuyas publicaciones han sido un bombazo editorial en el mercado anglosajón hasta el punto de que su libro ha sido seleccionado entre los cinco mejores de 2022 (lo ha publicado en España después de hacerlo en el extranjero), llamando incluso la atención del Pentágono, interesado en aplicar sus conocimientos a la inteligencia artificial de las máquinas que colonizarán Marte.
En efecto, el reino vegetal sigue siendo un misterio, a pesar de que vivimos rodeados de plantas. Durante siglos, hemos estudiado su influencia en nuestro entorno y, sin embargo, seguimos condenándolas a un papel secundario, a ser un mero elemento decorativo en nuestras frenéticas vidas. Aunque las plantas no tengan cerebro ni se muevan como nosotros, la ciencia de vanguardia está revelando descubrimientos sorprendentes sobre ellas: pueden aprender, recordar, comunicarse, reconocer a sus iguales, evaluar riesgos y tomar decisiones, y tienen algo que bien podríamos definir como personalidad.
Esta obra ofrece una perspectiva creativa y audaz sobre la biología vegetal y la ciencia cognitiva. Partiendo de experimentos realizados con las tecnologías más avanzadas, este ensayo apasionante nos invita a pensar el mundo natural de una manera radicalmente distinta.
El autor nos pide no “antropomorfizar” a las plantas, pero manifiesta que ellas tienen sus propios intereses, y aunque su inteligencia no se parece a la nuestra, son capaces de exhibir conductas sofisticadas, y algunas hasta de manipular las mentes de las criaturas animales que las rodean. Las plantas tienen una vida interior insospechada, procesan la información que les llega en forma de luz, humedad, nutrientes, …¡y hasta se ha comprobado cómo bajan su ritmo de actividad si se les inyecta anestesia!
Calificado como «un ensayo fascinante» por The New York Times, Planta Sapiens es, sobre todo, una invitación a mirar el mundo de una manera diferente y a resetear nuestra manera de explicar de realidad. Paco no tiene móvil: La gente le dice: “Pero,¡cómo puedes vivir sin móvil!” Y él les pregunta: “Y tú, ¿cómo puedes vivir con él?” Y es que ello le ha permitido descubrir el inmenso poder de la invisibilidad. Como todo el mundo está pendiente de su pantallita, nadie le ve. ¡Se siente invisible!
Me vienen a la mente todos esos veganos encantados de la vida, porque a su parecer ellos no comen seres que hayan sido sacrificados: su dieta consiste en alimentos sólo a base de plantas. No incluyen proteínas o productos animales como los huevos, leche o miel. ¿Y ahora qué? No tengo respuestas para ellos, pero tras la lectura del libro, seguro que se harán muchas preguntas.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Pues sí, los veganos van a dejar de comer, porque se está desvelando que todo ser vivo tiene inteligencia.
Las plantas han sido siempre compañía en todas nuestras casas, incluso cuando no tengamos mascotas, siempre hay un poto, una cinta o algún geraneo en nuestras casas.
Alberto siempre me sorprendes.
Es interesantísimo y novedoso el artículo que nos ofreces.
Enhorabuena.