
Pensemos en una calle imaginaria (por ejemplo calle Juanita) con un bloque de seis pisos (por ejemplo el número 11).
Entre los propietarios de los distintos pisos rota el cargo de presidente de la Comunidad.
Un día ejerce el cargo uno, el dueño del 5ªB por ejemplo, que decide subir la cuota mensual de cada propietario el 500%. No a todos por igual: se decide que habrá que investigar los ingresos de cada propietario, el que resulte ser más rico, pagará por ejemplo 500 euros de comunidad, el que se demuestre pobre pagará 10 euros o nada.
Con la ingente cantidad acumulada, el presidente emprende grandes obras, un año instala una piscina en la azotea, otro año la clausura y abre una nueva en el jardín; cada año sustituye las cabinas de los ascensores por otras nuevas, y cada mes las pinta de diferente color; cada dos meses, desmonta por entero el sistema de iluminación del bloque e instala otro nuevo. Incesantemente compra papeleras, buzones, lámparas nuevas. Pinta la fachada de verde, luego de blanco.
Como el propietario presidente no vive allí, ignora lo que realmente hace falta. Así, no sabe ni le importa gran cosa que los pasillos no se limpien, que haya bombillas fundidas, que las basuras produzcan malos olores, que se haya visto alguna rata… Algún vecino comunica las quejas, en un correo electrónico que el presidente jamás mira. El diseño de las lámparas cambia continuamente, sin que nunca tengan bombilla.
El presidente de la comunidad controla las actividades privadas y cuentas bancarias de cada propietario. Al enterarse de que alguno de ellos prospera en la vida, inmediatamente le sube la cuota de comunidad a voluntad.
Cuando se le acaba la imaginación para gastar, consulta a asesores. ¡Idea! Empapelemos las paredes interiores de los espacios comunes del bloque. ¡Si eso ya no está de moda! Volverá a estarlo, y si no da igual, en unos meses las desempapelamos y decoramos de otro modo. Pues muy bien, ahí va otra partida. ¡Vaya! Aún sobra. ¿qué hacemos?
¡Idea! Pongamos unos paneles con fotografías gigantescas de cualquier cosa. Se irán rotando. Así podemos soltar algo de los caudales que nos sobran.
¿Los problemas de limpieza, de luz (sin contar los constantes ruidos y molestias de tantas obras)…? Abrimos una página de “quejas y sugerencias”, que no tenemos ni que mirar, pero así los pobres vecinos se desahogan y creen que se les escucha. Además, hay muchos que ganan mucho; que se aguanten, y además les vamos a subir de nuevo la cuota.
¿Soportaría alguien vivir en una comunidad así? Pues perfectamente, y sin rechistar. Así vivimos, no en nuestro bloque, pero sí en nuestro municipio.
¿Caricatura? Sí, pero se reconoce.
Al preguntar en un supermercado si hay bolsas de plástico, la cajera no se contenta con responder “Ya no”. Inexorablemente adquiere un semblante serio de reproche y, con aire de señorita Rottenmeier, nos informa de que “hay que ser responsables, todos tenemos que poner un poquito de nuestra parte” hasta ponernos colorados por habernos atrevido a formular siquiera la pregunta.
Pero el Ayuntamiento de Sevilla sí puede gastar tinta en lo que quiera. Ya que no hay sensibilidad para lo más grave, que es el destrozo urbanístico, la conversión de la ciudad en parque de recreo para niños tontos (“Yo soy Epi” “Yo soy Blas”. Pues “Yo soy Sevilla”, “Y yo el mundo” “Hola Sevilla” “Hola, mundo”)… pues, ¿qué pasa con el medio ambiente, que en eso sí están todos de acuerdo? ¿Cuánta tinta se derrocha arbitrariamente, cuando en cada correo electrónico que nos llega nos recuerdan que “no debemos imprimir esa hoja si no es absolutamente necesario”?
¡Ah! Y “bajar los impuestos por bajarlos, no”. Si nos sobra dinero, ya inventaremos algo para seguirlo tirando.
(A veces oímos con horror: “Los Ayuntamientos deben tener más protagonismo” “Hay que financiar más a los Ayuntamientos”… Para echarse a temblar)






1 Comment
Toda la razón, Gloria..! Estultez? Avaricia? Poder?
Nos roban diariamente y nadie se inmuta.. aunque todos lo sabemos..
Gracias por hacer público este sentir y hacerlo tan gráfico y contundente!
Un abrazo
Elena Haurie.