Se acaba de inaugurar en Nueva York el 80° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU en unos momentos de profunda crisis de la Organización. De entre los discursos pronunciados cabe destacar el descalificador ataque de Donald Trump a las Naciones Unidas, el mesurado y acertado mensaje del rey Felipe VI, los alentadores llamamientos en pro de la solución de los dos Estados en el conflicto israelo-palestino por parte de Keith Starmer y Emmanuel Macron, y el bravucón enfrentamiento de Benjamin Netanyahu con la Comunidad internacional. La sesión va a estar centrada en la guerra de Gaza y la cuestión del reconocimiento del Estado palestino, la guerra de Ucrania, y la crisis del multilateralismo y de las Naciones Unidas.
Cuestión de Palestina
Los ataques desaforados de Israel a la población de Gaza y la hambruna provocada por su bloqueo a la ayuda humanitaria han llevado a la Asamblea el debatido tema de si el Gobierno israelita está cometiendo actos de genocidio en la franja. Sudáfrica ha demandado a Israel ante el Tribunal Internacional de Justicia por la comisión de este delito. El TIJ no ha dictado aún sentencia, pero ha estimado que había plausibilidad de que Israel estuviese cometiendo genocidio en Gaza, por lo que instó al Gobierno israelita a que tomara las medidas necesarias para prevenir la comisión de dicho delito. El punto clave es la interpretación de la definición contenida en la Convención de 1948 para la represión del genocidio, que requiere que las atrocidades sean perpetradas “con el fin de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal” (artículo II), con lo que pone el énfasis en la “intencionalidad”. El filósofo israelita Omer Bartov estimaba en 2023 que las actuaciones de Israel en Gaza eran crímenes de lesa humanidad, pero no actos de genocidio, pero -tras los últimos acontecimientos- cambió de opinión. “Soy un historiador del genocidio y reconozco uno cuando lo veo”. Yo también creía que los crímenes que está cometiendo Israel en Gaza no eran actos de genocidio, porque les faltaba el elemento fundamental de la intencionalidad, pero -como Bartov- he cambiado de opinión, ya que hay pruebas más que suficientes de que Israel está tratando de eliminar, al menos parcialmente, a la población palestina. Sean o no genocidio, Israel está cometiendo innumerables delitos de lesa humanidad, que resultan condenables. La Comisión Internacional de Investigación de la ONU sobre los Territorios Palestinos Ocupados ha estimado que Israel ha cometido 4 de los 5 supuestos de actividades genocidas previstas en la Convención de 1948 .
Trump criticó acerbamente a las naciones que habían reconocido al Estado palestino, porque suponía una recompensa a los terroristas de Hamas, alentaba sus atrocidades y promovía la continuación del conflicto. Francia y Arabia Saudita convocaron en el marco de la Asamblea General una Conferencia para la Solución Pacífica de la Cuestión de Palestina y la Aplicación de la Solución de Dos Estados. Según Macron, debemos hacer todo lo posible para preservar la posibilidad de esta solución. Ha llegado el momento de detener la guerra, los bombardeos en Gaza y la población en fuga. No podemos esperar más. “Pido un alto de fuego inmediato y permanente, la liberación de todos los rehenes y el acceso humanitario pleno y sin restricciones”. El líder francés ha sugerido un plan consistente en la formación de un Gobierno de tecnócratas, la presencia durante un año de una fuerza internacional de paz, el abandono del poder de Hamas y el rechazo a la deportación masiva de palestinos.
Starmer afirmó que, ante el creciente horror en Gaza, actuaban para mantener viva la posibilidad de la paz y de una solución de dos Estados, lo que implicaría un Israel seguro y protegido junto a un Estado palestino viable. “El momento del reconocimiento ha llegado”. Esta fórmula no supondrá una recompensa a Hamas, ya que no tendrá ningún papel en el futuro Gobierno. Exigió la liberación inmediata de los rehenes y destacó que los bombardeos de Gaza, el hambre y la devastación eran absolutamente intolerables. Instó al Gobierno israelita a que levantara las restricciones a la gestión de la ayuda humanitaria y permitieran su entrada masiva en Gaza.
El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, ha manifestado que nada podía justificar el castigo colectivo al pueblo palestino o cualquier otra forma de limpieza étnica, la destrucción sistemática de Gaza, la matanza de miles de civiles o la expansión sin freno de los asentamientos en Cisjordania. “Estamos aquí para tratar de llegar a la única salida para esta pesadilla”: la fórmula de los dos Estados. “Es un punto de inflexión sin marcha atrás, la única vía para una paz justa y permanente”.
Felipe VI siguió la línea apuntada en su viaje a Egipto de señalar a Benjamin Netanyahu como responsable de actos aberrantes, que estaban en las antípodas de lo que la ONU representaba, repugnaban la conciencia humana y avergonzaban a la Comunidad internacional. “Condenamos rotundamente el execrable terrorismo de Hamas, especialmente aquella matanza brutal del 7 de octubre de 2023, reconocemos el derecho de Israel a defenderse, pero -con la misma firmeza- demandamos que el Gobierno de Israel aplique sin reservas el Derecho Internacional Humanitario en toda Gaza y en Cisjordania”. El monarca dirigió unas entrañables palabras a los israelitas:
“España es un pueblo profundamente orgulloso de sus raíces sefardíes. Cuando hablamos al pueblo de Israel, estamos hablando con un pueblo hermano. Por eso nos duele tanto, nos cuesta tanto, comprender lo que el Gobierno israelí está haciendo en la franja de Gaza. Por eso clamamos, imploramos y exigimos: detengan ya esta masacre. No más muertes en nombre de un pueblo tan sabio y tan antiguo, que tanto ha sufrido a lo largo de la Historia”. El Rey presentó la propuesta de la existencia de los dos Estados como una solución viable, que la Comunidad internacional debería hacer cuanto antes realidad. “El reconocimiento del Estado de Palestina por parte de un número creciente de miembros de nuestra Organización -al que España se sumó el pasado mes de mayo- debe ayudar a conseguir una paz regional justa y definitiva”. El impecable discurso del Rey fue conciliador, a diferencia del lenguaje de Pedro Sánchez, que es agresivo y condenatorio. Por su real voluntad, no pronunció la controvertida palabra “genocidio”, ni falta que hacía, sin que por ello soslayara el reproche inequívoco a unos hechos inaceptables. Supo distinguir entre el Gobierno y el pueblo israelita e hizo a éste un llamamiento implícito para que impusiera desde dentro una solución negociada.
En su artículo “Theodor Hertzl en Gaza”, publicado en “El Mundo”, Rafael Dezcallar se ha preguntado cómo era posible que Israel se hubiera degradado hasta el extremo de ser acusado de genocidio por sus propios ciudadanos, como el escritor David Grossman, que lo ha reconocido con un inmenso dolor y con el corazón roto ¿Cómo es posible que esté cometiendo un genocidio un país cuya razón de ser fue levantarse de las cenizas del genocidio nazi y salvar los valores que los nazis intentaron exterminar?. Lo que está pasando en Palestina no empezó en 2023, sino en 1967 con la ocupación de Cisjordania y Gaza tras la guerra de los 6 días. Dicha ocupación envenenó muchos de los valores del sionismo y -según la ONG B’Tselem- preparó el genocidio con décadas de apartheid, violencia, ingeniería demográfica, discriminación y deshumanización de los palestinos, a los que el ex-ministro de Defensa, Yoav Gallant, calificó de “animales humanos”. “Pese a su potencia militar, Israel vive en una permanente sensación de inseguridad y es lógico. La seguridad no se
alcanza acumulando una superioridad militar apabullante, sino logrando que tus enemigos no deseen destruirte, y eso solo se consigue con acuerdos, no por la fuerza. Lo que sucede en Gaza está generando un inmenso odio y no más seguridad para Israel sino menos”. Solo la solución de dos Estados puede garantizar esa seguridad.
El presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas -que no pudo asistir a la Asamblea porque EEUU le negó ilegalmente un visado de entrada- pidió un alto el fuego, la liberación de todos los rehenes y prisioneros, la entrega de las armas por parte de Hamás a su Gobierno, la entrada de ayuda humanitaria sin restricciones, la reconstrucción de la franja, la elaboración de una nueva Constitución y la celebración de elecciones -que llevan 19 años sin producirse-, deseos más bien piadosos y de difícil realización en las actuales circunstancias, entre otras razones por el desprestigio de la ANP y de sus líderes, envueltos en un halo de corrupción y de ineficacia.
Los reconocimientos han indignado a EEUU y sacado de sus casillas a Israel. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha advertido que la amenaza del Gobierno de anexionarse Cisjordania era una respuesta totalmente previsible ante la oleada de reconocimientos, aunque Trump le haya enmendado la plana, al afirmar que no permitiría que Israel llevara a cabo dicha anexión. Ha presentado un plan que tiene semejanzas con el propuesto por Macron: cinco años de un Gobierno presidido por el ex- primer ministro británico, Tony Blair -sin Hamas ni la ANP- y un estatuto transitorio similar al que se estableció en Kosovo o en Timor Oriental.
Netanyahu reiteró su radical enfrentamiento con la Comunidad internacional en un salón casi vacío porque la mayoría de las delegaciones no acudieron a la sesión -como la española- o se marcharon cuando el primer ministro israelí subió al estrado, entre los enfervorecidos aplausos de su delegación y de la de EEUU. Abroncó a quienes habían reconocido al Estado palestino y afirmó que asesinar a judíos salía gratis -¿y asesinar a palestinos tenia premio?- y que habían dado una excesiva recompensa a Hamas y un gran impulso al terrorismo. El ministro de Asuntos Exteriores, Gideon Saar, lo calificó de “inmoral, indignante y especialmente repugnante”. Netanyahu aseguró que en ningún caso se crearía un Estado palestino al oeste del río Jordán.
Al carecer de un territorio determinado, de una población permanente y de un Gobierno propio, no existe en la actualidad un Estado palestino susceptible de ser reconocido de conformidad con el Derecho Internacional, por mucho que lo haya sido por 156 Estados, y sea miembro de la UNESCO y observador en la ONU. Cuestión distinta es que el pueblo palestino tenga derecho a la libre determinación y a convertirse en un Estado cuando cumpla las condiciones para ello. Según Lluis Bassets, el genocidio de Gaza -aún por determinar por los tribunales- está ampliamente admitido, pero el reconocimiento del Estado palestino no bastará para consolidar la solución de los dos Estados, aunque pueda ayudar a negociar la paz. Como han comentado con humor negro en “ABC” una de las ratas de Nieto, “tengo curiosidad por saber si el Estado ese que nos reconocen será un Estado sólido, líquido o gaseoso”. El reconocimiento presente o futuro del Estado palestino tiene un valor moral indiscutible, pero no ayuda a resolver la actual situación en Gaza o en Cisjordania. Lo haría la presión de los países occidentales sobre Israel y la aplicación de sanciones efectivas, pero éstos no están por la labor. La relatora de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados, Francesca Albanese, dio la bienvenida al reconocimiento del Estado palestino, pero aseguró que, “si no se respalda con acciones concretas para poner fin al apartheid y sus crímenes asociados, se corre el riesgo de desviar la atención de la amenaza existencial que enfrenta el pueblo palestino”.
La guerra de Ucrania
La guerra de Ucrania no está tan de moda, pero, tras más de tres años de agresión rusa, sigue condicionando las relaciones internacionales. Trump había manifestado que en cuatro días pondría fin al conflicto ucraniano, pero ha sido más difícil de lo que se pensaba y reconoció que Putin lo había dejado en la estacada al negarse a poner fin al conflicto, a pesar del tratamiento VIP que le concedió en Alaska e de la aceptación de la mayor parte de sus exigencias. EEUU estaba dispuesto a imponerle una tanda de aranceles poderosos si continuaba la guerra, para poner fin al derramamiento de sangre. Apenas habló de Ucrania en su discurso, pero, en su red favorita de ”Truth Social”, hizo una de sus habituales volteretas dialécticas y dio la de cal. La de arena fue cuando avasalló a Vladimir Zelensky en la Casa Blanca diciéndole que tendría que ceder a Rusia partes del territorio ucraniano ocupado y algo más. Tras la Cumbre de Anchorage, afirmó que cualquier acuerdo de paz debería incluir intercambios de territorios, teniendo que aceptar Ucrania “de facto” la pérdida de los territorios ocupados, renunciar a Crimea y ceder el Donbas. “Rusia avanza mientras Ucrania se pierde”, y la guerra terminará con algún tipo de concesión territorial por parte de Kiev. Ahora, Trump ha cambiado el chip y comentado que el hecho de que Ucrania pudiera recuperar las fronteras originales, con la ayuda de la Unión Europea y de la OTAN, era una opción muy real. ”¿Por qué no? Rusia lleva luchando a ciegas tres años y medio en una guerra que una verdadera potencia militar debería haber ganado en menos de una semana. Esto no distingue a Rusia. De hecho, los hace parecer un tigre de papel”. Trump, sin embargo, no hizo mención alguna a la posible intervención de EEUU y no sabemos si sigue considerando a su país como un miembro activo de la Alianza. Sí aseguró que su país seguiría suministrando armas a la OTAN para que las utilizara como deseara –“busines is busines”-.
Felipe VI calificó la invasión de Ucrania de “guerra desencadenada por la agresión no provocada e injustificable de Rusia, en violación de la soberanía y la integridad territorial del país”. Afirmó que España apoyaba a Ucrania en las áreas humanitaria, militar y económica. “España seguirá apoyando todos los esfuerzos encaminados a lograr una paz justa y duradera, basada en los principios de la legalidad internacional, el respeto a los derechos humanos y la rendición de cuentas”.
Crisis de la multilateralidad y, por ende, de la ONU
El escenario político internacional ha cambiado de forma considerable desde 1945, pero la ONU no ha sabido o podido adaptarse a las nuevas circunstancias y, -como ha observado su secretario general Guterres- “no podemos crear un futuro adecuado para nuestros nietos con unos sistemas construidos para sus abuelos”. Según ha señalado Javier Ansorena en “ABC”, su 80° aniversario coincide con una profunda crisis de la Organización. Las guerras en Ucrania y en Gaza -aisladas de consecuencias por los vetos de Rusia y de EEUU- han demostrado la incapacidad de la ONU para cumplir con su mandato de evitar o resolver los conflictos internacionales. Sin haber emprendido una misión de paz en años, ofrece dudas sobre su capacidad de ser el foro decisivo donde asuntos claves, como la regulación de la inteligencia artificial o el cambio climático. El lema de la Asamblea General –“Mejor juntos: 80 años más por la paz, el desarrollo y los derechos humanos”- está cada vez más en el aire. Según Guterres, “nos reunimos en un momento turbulento y entramos en territorio desconocido. La división geopolítica se profundiza, los conflictos se agravan, la impunidad crece, el planeta se sobrecalienta y la cooperación internacional se tensiona bajo presiones no vistas en nuestro tiempo”.
La ONU es un escaparate de declaraciones políticas con escasa traducción fáctica, pero es un lugar único para el diálogo entre los distintos Estados. Para Rafael Moyano, nos hemos acostumbrado a criticarla por su falta de eficacia, pero hasta ahora no nos habíamos planteado la necesidad de su existencia. Se percibe un ambiente generalizado de frustración y desesperanza porque, pese a necesitar un “aggiornamento” e importantes reformas, no es posible llevarlas a cabo por la oposición de las grandes potencias -especialmente EEUU y Rusia-, que disfrutan del abusivo derecho al veto en su principal órgano decisorio. De las últimas 32 resoluciones que se han planteado en el Consejo de Seguridad, 29 han sido vetadas por los EEUU de Trump. A ello se suma la crisis financiera provocada por la retirada de fondos de su principal contribuyente, que ha abandonado algunos de sus organismos -como el Consejo de Derechos Humanos o la UNRWA-, y de sus Organizaciones especializadas, como la Organización Mundial de la Salud o, en un futuro inmediato, la UNESCO, por tener un sesgo en contra de Israel y promover causas divisivas. El presupuesto de la ONU para 2026-2027 se ha reducido un 21%. “La ONU sobrevive porque su existencia es necesaria, pero hay que darle un par de vueltas”.
Trump le dio una vuelta entera y pronunció en la Asamblea un discurso demoledor contra la ONU, en el que dinamitó a la Organización desde dentro, haciendo gala de narcisismo, prepotencia y vulgaridad. Empezó su intervención dando la bienvenida a la primera dama, antes de dirigirse a la presidenta de la Asamblea y a los delegados. “A falta de que la ONU pueda conseguir tener un papel productivo, he venido hoy aquí a ofrecer la mano del liderazgo y de la amistad estadounidense para toda nación en esta Asamblea que quiera unirse a nosotros para formar un mundo más próspero y seguro”. Si tenemos la gran fortuna de contar con Trump ¿para qué necesitamos a la ONU? ¿Cuál es el propósito de la ONU?, se preguntó el presidente. “La ONU tiene un potencial tremendo, pero todo lo que hace es escribir cartas con mensajes muy fuertes que luego nunca cumple. Son palabras vacías y las palabras vacías no paran guerras”. Menos mal que está él para desempeñar esa tarea y salvar a la Humanidad. “La última vez que estuve en la ONU hace 6 años, me dirigí a un mundo próspero y en paz. Desde ese día, las armas de la guerra han destruido la paz que YO forjé en dos continentes”. Había conseguido poner fin a siete guerras en un breve espacio de tiempo. “Nunca había sucedido antes. Ningún presidente o primer ministro ha hecho nunca nada parecido”. Evidentemente, hace tiempo que falleció su abuela. “En solo 7 meses, YO he parado 7 guerras que no tenían fin”: Camboya/ Tahilandia, Kosovo/Serbia, Congo/ Ruanda, Pakistán/India, Israel/Irán, Egipto/Etiopía y Armenia/Azerbaiyán. “Es una pena que haya tenido que hacer todo eso en lugar de la ONU. En todos esos casos, la ONU ni siquiera trató de ayudar, ni recibí una llamada”.
Que Trump presuma de haber resuelto el ancestral problema de Cachemira, el sangriento conflicto entre hutus y tutsis, o la secesión de Kosovo de Serbia es de carcajada. El problema entre Israel e Irán lo resolvió bombardeando a éste en comandita con aquél, y ya están los dos contendientes a partir un piñón. Y en cuanto al conflicto entre Armenia y Azerbaiyán -con el que tuvo un lapsus y mencionó a Albania en su lugar-, difícilmente podía poner fin a una guerra que nunca empezó. También anunció que concluiría en unos días la guerra de Ucrania -que no se habría iniciado si hubiera sido el presidente estadounidense en ejercicio-, pero ha pinchado en el hueso Putin. En cuanto a la guerra de Gaza, logrará solucionarla cuando su compadre Netanyahu expulse a todos los gazatíes y pueda convertir la franja en una Riviera sin palestinos.
La gran noticia era que su discurso había recibido una acogida fantástica, quizás porque se apreció que muy pocas personas podían haber hecho lo que él hizo y, por eso, todo el mundo estaba pidiendo que se le concediera el premio Nobel de la Paz, que -en un ejercicio de autocomplacencia- cree merecer. Para ello, tendría que superar la candidatura de Sánchez, pero, con el apoyo de Netanyahu, todo es posible en Oslo.
Trump despachó con trazos de brocha gorda cuestiones tan importantes, como el cambio climático o la inmigración. La ONU no solo no soluciona problemas, sino que creaba otros nuevos, como el de los fondos que la Organización dedica para apoyar a los inmigrantes. “Se supone que la ONU está para parar invasiones, no para crearlas”, y la acusó de financiar un asalto a Occidente. Europa se encuentra en serios apuros porque ha sido invadida por una fuerza de inmigrantes ilegales como nunca antes había visto y nadie está haciendo nada para expulsarlos. Prefieren ser políticamente correctos y no hacer nada. Habló de la “sharía” en Londres y de una ola de crímenes vinculada a los inmigrantes, y defendió unas fronteras soberanas, porque ya era hora de acabar con el fracasado experimento de las fronteras abiertas. “La inmigración está arruinando Europa, cuyos países se están yendo al infierno”.
También criticó las conclusiones de los paneles científicos de la ONU sobre cambio climático -que calificó como “el mayor timo de la historia del planeta”-, cuyas predicciones siempre se equivocan, porque son elaboradas por gente estúpida. Dedicó 10 minutos a denunciar el engaño del calentamiento global y a elogiar al carbón “limpio y hermoso”. Todo lo verde estaba en bancarrota. Censuró la catastrófica política energética de Europa, que estaba socavando su existencia. “Amo a Europa y a los europeos, y detesto ver cómo la energía y la inmigración la están devastando. Este monstruo de dos cabezas lo destruye todo a su paso”.
Guterres había hecho un llamamiento desesperado a la Comunidad internacional para reactivar el multilateralismo y defender la vigencia y la necesidad de la ONU. Felipe VI -a diferencia de Trump- fue sensible a este llamamiento, y afirmó en su intervención que no faltaban voces que preconizaban el fin del multilateralismo y la obsolescencia e ineficacia de las Naciones Unidas. “Seguimos creyendo en la necesidad de desarrollar las iniciativas de reforma, y ponemos a disposición de ese ejercicio nuestra capacidad de diálogo y de creación de consenso, y nuestra firme convicción multilateral”. En momentos de grave tensión presupuestaria por la retirada de fondos por parte de diversas naciones, especialmente de EEUU, el Rey apeló a los Estados miembros a que aportaran fondos para sostener la labor de la ONU. Destacó también que la inmigración adecuadamente gestionada era un vector del desarrollo mutuo para sociedades de origen, tránsito y destino, y que los derechos humanos de los migrantes debían ser la referencia principal de la acción de España. Frente a los ataques de Trump, Felipe VI consideró esencial que la Cumbre de París sobre el Cambio Climático fuera un éxito y obtuviera resultados que estuvieran a la altura del reto que enfrentamos. “El objetivo que nos une es alumbrar una Comunidad de ciudadanos conscientes de nuestra responsabilidad con nuestros semejantes y con el planeta que habitamos”.
La crisis de la ONU es fundamentalmente política, pues la actividad técnica, económica y de cooperación de sus organismos y sus Organizaciones especializadas es, por lo general, eficaz y satisfactoria. Dicha crisis dimana del sistema establecido tras la II Guerra Mundial, que dio el control de las Naciones Unidas a las grandes potencias aliadas, a través de su derecho de veto en el Consejo de Seguridad. Este injustificado privilegio debería ser modificado, pero cualquier reforma de la Carta de San Francisco requeriría la aprobación del dicho Consejo y es harto improbable que sus miembros permanentes se sacrifiquen y renuncien a su privilegiada posición. Como ha observado Pablo Suanzes, la política exterior convertida en doméstica, con el altavoz de la ONU como escenario, deja a la Organización en un papel de telón de fondo presente y necesario, pero orillado. La agenda multilateral subsistirá pese a la oposición de los EEUU de Trump, porque la ONU sigue siendo necesaria y más vale Organización en mano que ciento volando.





