Intentando evitar las graves consecuencias que puedan producirse por la previsible falta de constitución de muchas Mesas electorales, ante la incomparecencia (con o sin justificación) de gran parte de los designados como titulares, parece que se optará en Cataluña por cubrir estas ausencias con sus sustitutos, e incluso que éstos sean trasladados con el mismo fin a otros Colegios electorales.
Una solución que, además de exigir una ingente e inédita labor de organización, coordinación y desplazamientos, presupone dar por hecho que comparecerán los sustitutos de los titulares, y en número suficiente como para cubrir los puestos vacantes de todos los Colegios. Lo cual es mucho presuponer.
En cualquier caso, sólo desde un ingenuo y excesivo buenismo cabe pensar que todas las anomalías que cause la pandemia en la jornada electoral, no serán aprovechadas por aquéllos que acostumbran a nadar en aguas electorales muy revueltas y con tan demostrado y fervoroso «afán democrático» que han sido capaces de organizar elecciones sin necesidad siquiera de cobertura legal.
Seguro que todos éstos aparecerán a primera hora el día de la votación dispuestos a ofrecerse voluntarios para cubrir cualquier ausencia, incluyendo a los votantes que faltaren.
Y si fuere necesario, aparecerán hasta con las urnas ya rellenas de inocentes votos.





