Según Jorge Bustos, un grito de dolor rasga el aire cargado de vísperas electorales. Es el tañido amargo de las viudas de Pedro Sánchez, en cuyos brazos yace la más bella encarnación del progreso, víctima del bombardeo de votos fascistas y brigadas mediáticas. “Claman ahora mientras maldicen a media España, amenazan a los tibios de la otra media y corren a rodear el hermoso cuerpo del presidente, de cuerpo presente”. A juicio de Manuel Arias Maldonado, la sociedad española no ha estado a la altura, ni ha comprendido la gestión impecable de su Gobierno. Los votantes, se han dejado engañar por los medios de comunicación y la consecuencia ha sido un resultado injusto, Pero el PSOE sabrá contener esta ola reaccionaria cuando se abran las urnas de julio y evitará que nuestra democracia caiga víctima del trumpismo practicado por la ultraderecha. “El presidente ha lanzado la campaña con un discurso populista que separa a los buenos de los malo, a lo mejor España contra sus enemigos. Solo queda por ver si este planteamiento cambia para que dentro de siete semanas los españoles voten algo muy distinto de lo que votaron hace una semana”. A la luz de este discurso -ha estimado Marisa Cruz-, todo destila un tufo de reproche hacia los millones de españoles que el pasado 28 de mayo decidieron, darle la espalda. “A él, principalmente a él, a sus modos, a sus gestos y a sus pactos”. En opinión de Ricardo F.
Colmenero, Sánchez nos ha echado una bronca tremenda a todos los españoles porque -por culpa de nuestros votos- corremos el riesgo de dejar de tener un Gobierno social, feminista, ecologista, europeísta, modernizador y progresista, para tener otro de la extrema derecha y de la derecha extrema.
Talante de Sánchez y de su Gobierno
Tras su sorprendente decisión de adelantar las elecciones generales para celebrarlas en plena canícula, Sánchez ha decidido convertir la lucha contra el trumpismo en el eje de su campaña electoral, al afirmar que PP y Vox lanzarán a una turba enloquecida contra el Capitolio. Sánchez desbarra o delir, porque- como ha observado Raúl del Pozo-no tiene nada que ver el asalto al Capitolio con que él haya convertido las elecciones en un plebiscito sobre sí mismo y haya fracasado en el intento. Rafa Latorre lo ha tranquilizado al señalar que Núñez Feijóo no es el actor más creíble para la versión española de dicho asalto, y disfrazar a Cuca Gamarra de bisonte de Qanon, traiciona el pacto de verosimilitud con el receptor del relato, qué es el elector.
El presidente no acaba de creerse el sopapo que le ha propinado el desagradecido pueblo español, a pesar de todos los desvelos que le ha dedicado y los múltiples beneficios de él recibidos. Pasa, sin embargo, por alto -como ha señalado Gabriel Tortella- que España lleva cinco años sometida a un Gobierno minoritario, de extrema izquierda y de extrema incompetencia, asentado sobre una base parlamentaria de legitimidad muy dudosa, que comete constantemente actos injustos y arbitrarios que socavan nuestro Estado de Derecho, con violaciones diarias y continuas de la Constitución, del derecho y de la ética, y que lleva a cabo un programa de Gobierno, radical, subversivo y de discutible licitud jurídica y parlamentaria; un Gobierno maniqueo que difama continuamente a los partidos de la oposición, mientras apoya y enaltece a los separatistas con los que se alía; un Gobierno que recuerda continua y sesgadamente una guerra civil que duró 3 años y concluyó hace 84, mientras olvida la campaña de ETA que duró más de 40 años y no cesó hasta hace 12; un Gobierno que persigue acabar con la separación de poderes y que -secuestrado el legislativo por el sistema Frankenstein- ha conseguido apoderarse del Tribunal Constitucional y trata de controlar al resto del Poder Judicial; un Gobierno que despenaliza las sedición, la malversación y la okupación, y rebaja las penas a los violadores en aras del feminismo.
En opinión de Maite Rico, tras llevar a su partido a la catástrofe, Sánchez castigó a la ciudadanía por haber votado mal y puso nuevos comicios en pleno descanso veraniego. Su discurso marcó la pauta de la campaña: primero insultó a las hordas reaccionarias y trumpistas que le abucheaban y después se victimizó y acusó a los medios críticos de mentir y de no darle derecho a réplica, pasando “de killer a político Calimero sin solución de continuidad”. Fruto del ambiente de odio que ha creado ha sido la acusación de la presidenta del PSOE de Sevilla, Amparo Rubiales, a Elías Bendodo de “judío nazi”. Sin embargo, Sánchez se ha quejado de lo injustamente que lo tratan los fachas, pero “señalar el narcisismo, la ambición, la audacia, la falta de empatía y el poco apego a la verdad de Sánchez no es insultarle, sino describirle con precisión”. Andrés Trapiello también ha tratado de tranquilizarlo asegurándole que nadie lo iba a detener por pucherazo y le ha recordado la frase de Antonio Machado en su “Juan de Mairena” de que “malo es el mutis que se hace aplaudir”.
Aunque el adelanto electoral y la fecha escogida para las elecciones no parece lo más sensato, los fieles socialistas han acudido en su socorro y hasta el “barón bueno” – Emiliano García Page- ha afirmado que no había otra alternativa y que era mejor celebrar las elecciones cuanto antes. También los palmeros de “El País” han acudido presurosos al rescate del amado líder y -en un editorial- ha señalado que, con el citado adelanto, Sánchez había cambiado de golpe el paso de la vida política española, utilizando la última bala y quizás también la única disponible para impedir la caída socialista y la agonía de la izquierda a su izquierda. La realidad electoral española acredita suficientemente que cualquier posibilidad de reelección del Gobierno de coalición actual pasa por un ejercicio de responsabilidad y madurez, lo que la izquierda no ha querido o sabido hacer hasta el momento. Otro período de bloques impermeables pondría en riesgo la actual normalización civil y social, especialmente cuando, al otro lado del espectro, el PP alenta el espantajo de guardarropía de una España amenazada. Nunca había escuchado calificar de “espantajo” un golpe de Estado para intentar conseguir la independencia de una parte del territorio nacional.
Xavier Vidal-Folch ha afirmado que, con el adelanto electoral, Sánchez ha mostrado su coherencia con la exigencia democrática de rendición de cuentas, coherencia empezaba con el reconocimiento de una derrota incuestionable, continuaba con el respeto a los votantes que abandonaron a los partidos del Gobierno para tratar de empatizar con ellos, y concluía en el empeño de solidarizarse con los dirigentes socialistas que habían perdido el poder. Era una salida muy Sánchez, quizás propia de la mejor de sus versiones”. Ha sido así efectivamente pues -pese a haber convocar en horas 24 las elecciones- Sánchez no ha tenido que dar explicación alguna y se ha librado de escuchar las críticas procedentes del seno del PSOE. En cuanto a su empatía con los que no le votaron, consistió en calificarlos de fachas y de retrógrados.
Para Soledad Gallego-Díaz, la convocatoria de unas inmediatas elecciones era una inteligente decisión que conllevaba riesgos para el presidente. Cogido a contrapié, el PP tendrá que hacer frente a una segunda campaña sin haber tenido tiempo de estructurar un auténtico programa, ni rodearse de un posible equipo ministerial. Deberá explicar si es un partido conservador que entronca con una derecha europea que combate a la extrema derecha, o está dispuesto a compartir gobiernos y programas con quienes representan esa tradición extremista. El problema del partido es su intento de mantener en el aire su posición ideológica respecto a la extrema derecha, una indefinición que la izquierda resaltará con la esperanza de que queden atrás votantes moderados inquietos por el acogimiento de los extremismos. Resulta paradójico que el único extremismo que preocupa la periodista es el de Vox, un partido constitucionalista homologable con otros partidos europeos que respeta la Constitución, y que encuentre normal que el PSOE pacte con partidos extremistas de izquierda -como Podemos, ERC o Bildu- que, no solo no la respetan, sino que tratan de eliminarla y de romper la integridad territorial de España. Ha destacado Gallego que el PP ha demostrado que puede arrastrar a todos a la guerra cultural vinculada a asuntos como la unidad de España, la propiedad o el terrorismo -en los que coincide con Vox- y en los que se manejan con frecuencia verdaderas redes de “fake news”. Me gustaría saber a qué bulos se refiere y si se trata de objetivos tan deleznables como la integridad territorial del Estado, el respeto a la propiedad privada o la lucha contra el terrorismo.
Juan Claudio de Ramón no comparte las tesis “prisáicas”. Tras los malos resultados de las elecciones locales, el periscopio del PSOE ha avistado un segundo torpedo electoral contra su Gobierno y decidido un cambio radical de ruta para ponerse en el camino de dicho torpedo, en esperanza de que el ariete de la oposición cargue con menos fuerza ahora qué más tarde. “Con su partido hecho fosfatina, con su electorado decaído y con sus aliados menguados, me parece imposible que el navío socialista no termine hechos cascotes el 23 de julio”.
Partido Socialista Obrero Español
La estrategia de Sánchez consistía en cargarse a su molesto socio de Gobierno -aunque manteniéndolo en el mismo por necesitar sus votos- y formar tándem con la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, cuya misión era agrupar bajo el paraguas del partido-movimiento “Sumar” todos los grupos y grupúsculos a la izquierda de PSOE, incluido Podemos, aunque en una posición secundaria. Los resultados de las elecciones locales han sido nefastos para Podemos, que se ha se ha visto excluido de los Parlamentos de Madrid, Valencia y otras Comunidades y ha perdido un considerable número de concejales y de diputados. Tampoco le ha ido bien a los 15 partidos y partidillos que se habían integrado en ”Sumar”, a excepción de Más Madrid. Esto ha forzado al PSOE a cambiar su táctica, dejar de promocionar el “mini-Frankenstein” de Díaz, y reclamar el voto útil para incorporar al partido todos los votos del electorado situado a su izquierda. Al haber perdido, había que prescindir de ellos.
Sánchez no ha aprendido nada del batacazo sufrido por su partido -y en especial por él- y sigue con su intención de celebrar un segundo plebiscito sobre su persona, limitando la contienda a un mano a mano con el líder de la oposición y su Feijoo. Dadas su pérdida de prestigio y su falta de credibilidad, no se atreve a salir a campo abierto por si le abuchean, le pitan o le gritan “que te v -vote Txapote” y, de ahí, que eluda los mítines y las ruedas de prensa, y que incurra en la misma práctica que criticaba a Rajoy: abusar del recurso al plasma. Esto explica su propuesta de celebrar seis caras a cara con Feijóo, excluyendo a los demás candidatos y entrando a degüello contra el líder de la oposición con el simplista eslogan de “Yo o el caos fascista”. Me recuerda una viñeta de la revista satírica “La Codorniz”, en la que un politicastro planteaba la siguiente opción a su auditorio: “Yo o el caos”. El público contestaba: “El caos, el caos”, a lo que el político replicaba: “No os preocupéis, que yo también soy el caos”.
Algunos antiguos correligionarios han descrito con crudeza la personalidad de Sánchez. La ex-diputada Soraya Rodríguez ha dicho que ”Pedro es Pedro, y su único interés es Pedro”. Siempre ha jugado con la confrontación y necesita enemigos a los que batir, polarizar el escenario y radicalizar la política, porque él solo tiene sentido contra otro. “Hemos llegado al extremo de que pactar algo con el PP lo considera una traición”. Ignacio Varela -qué fue subdirector del gabinete de Felipe González- ha declarado que: “todo en Sánchez es excesivo: su tenacidad, su audacia y su ambición. Es capaz de traspasar cualquier límite y eso le da una ventaja competitiva”. Tiene un estilo calígulesco de ejercer la política y es incapaz de reconocer que haya cometidlo algún error. Según el antiguo diputado Juan Cuadrado, “cada mentira, cada voltereta de carnero y cada giro espectacular que ha dado a lo largo de su trayectoria política no son errores sino producto de su brillantez”. Todos los expertos pronostican un descalabro socialista en unas elecciones que nunca habían puesto tanto el foco en un solo apellido. El sanchismo es una manera de mantenerse en el poder a cualquier precio, una forma de entender la política en la que todo vale.
El antiguo director de “El País”, Antonio Caño, ha comentado que Sánchez ha acusado a la mitad de los españoles de ser trumpistas, señalado a los medios y culpado a los votantes de haberse equivocado con su voto. La sucesión de disparates y provocaciones está por encima de todo lo que se había escuchado hasta ahora de un político de izquierdas. Manuel Arias Maldonado está convencido de que el líder del PSOE es el representante del populismo iliberal y el ejemplo más paradigmático del uso de la posverdad. “No le importa comprometer el destino de su partido, la integridad de las instituciones o la concordia cívica en España”.
Sánchez no las tiene todas consigo, como prueba que haya colocado a sus ministros y a sus hombres de confianza en puestos de salida esos listas en las listas electorales. Un caso sorprendente es el de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, que ha cesado hoy en el cargo tras solo dos meses para ocupar un puesto en la lista de Madrid. Asimismo sorprende la insistencia de Sánchez en celebrar 6 debates cara a cara con Feijóo, ignorando y ninguneando a los demás candidatos. En las elecciones de 2019 se negó a celebrar un debate con el entonces líder del PP, Pablo Casado, alegando que era poco democrático no incluir en el debate a todos los candidatos. Quiere celebrar estos debates únicamente con Feijóo porque cree que dialécticamente puede ganarle. Él y su partido han iniciado desde hace tiempo una campaña de descrédito contra el líder del PP, acusándolo de incompetencia e inexperiencia, lo que casa mal con el hecho de que haya logrado tres mayorías absolutas y gobernado la Comunidad de Galicia. El PSOE ha recurrido a un tipo de campaña en el que la propaganda sustituye a la ideología. Según Raúl del Pozo, “nunca como ahora se han utilizado la falsedad y la mentira en las campañas políticas”.
Para Iñaki Ellacuría, un síntoma del cercano final de Sánchez es que crea -con la torpeza sobrevenida del tahúr que perdió la baraka- que puede subsistir acentuando el mismo discurso podémico que le ha llevado a la derrota en las elecciones locales, cuando ha sido precisamente la radicalidad izquierdista y los repetidos ataques a la vida intima y a la propiedad privada, lo que ha acabado por provocar una inmensa ola de rechazo popular, que entregará a Feijoo la presidencia.
Partido Popular
Tras su éxito en las elecciones locales, el PP está recibiendo un viento de cola que podría llevarle a ganar las elecciones generales y a acceder al Gobierno de la Nación, según pronostican la mayoría de los sondeos. Feijóo está tratando de calmar el excesivo entusiasmo de sus huestes y les ha advertido que no canten victoria antes de tiempo ni bajen la guardia y la movilización, porque ” hasta el rabo, todo es toro”. A juicio de Arias Maldonado, una parte significativa del electorado ha expresado su rechazo a Sánchez, y “mal haríamos en explicar ese fenómeno como el resultado de una repentina fascistización de la sociedad española”. Es imposible determinar la fuerza causal que posee cada uno de los factores en juego. No se sabe si la excarcelación de delincuentes sexuales pesa más que la amistad con Bildu o la reforma de la malversación, y seguramente la clave estará en su acumulación de estos factores. Sea como fuere, parece ser que los abusos perpetrados por el presidente del Gobierno no le van a salir gratis ¿Será capaz el PP de Feijóo de asumir la agenda de regeneracionismo que tanto necesita nuestro país? Se trata de pasar de etiquetas emocionalmente recargadas a contenido racionalmente diseñados. El programa electoral del partido nos dará pronto una pista. “El reformismo se demuestra reformando y de nada sirven las promesas si se olvidan en cuanto se alcanza el poder”.
Como ha editorializado ”El Mundo”, Feijóo debe tomar la iniciativa, pues no basta con decir No y prometer derogar el sanchismo. “Su presumible acceso a la Moncloa debe ir acompañado de un proyecto claro de honda regeneración, defendible ante cualquier interlocutor. Solo un programa sólido e ilusionante servirá para avanzar tras cinco años de convivencia erosionada por los pactos con radicales e independentistas, y la colonización partidista. La campaña del PSOE busca dividir más a una sociedad que ha apostado por la centralidad y la concordia”. Feijóo tiene la responsabilidad de responder a esas aspiraciones y genera inquietud su declaración sobre la España plurinacional o la ambigüedad del tenor de su discurso en el Círculo de Economía, “Se espera del PP un proyecto con una idea clara de España, que tenga sus ejes en la libertad constitucional, los derechos fundamentales, la solidaridad internacional y la igualdad entre los españoles”.
La propaganda socialista acusa al PP de formar con Vox una única derecha extrema, por lo que su acceso al poder pondría el fin a nuestra democracia. El partido no debe sentirse acomplejado ante la supuesta superioridad moral y política de la izquierda, ni considerar improcedente un pacto de legislatura o de gobierno con Vox, que sería perfectamente legítimo y democrático. Debería, sin embargo, presentarle su programa y exigirle que asuma y respete los principios fundamentales del mismo y, si no lo hiciera, sería responsable de sus consecuencias. Retrasar las negociaciones no va a resolver el problema y convendría realizarlas en cuanto tenga elaborado su programa. El PP ya ha filtrado alguna de las medidas que adoptaría durante los cien primeros días de su eventual Gobierno, tales como encargar una auditoría sobre las cuentas públicas, derogar las leyes más controvertidas -como la de Transexualidad, del “Sí es sí”, de Eutanasia o de Memoria Histórica-, adelgazar la Administración reduciendo ministerios y empresas públicas, modificar hoy la forma de elección de los miembros del Consejo General del Poder Judicial y proceder a su renovación, restaurar los delitos de sedición y de malversación e introducir el de realización de referéndums ilegales, hacer cumplir en Cataluña hola ligación de enseñar en castellano en sus escuelas al menos 1 25% de las materias, y bajar impuestos. Todas estas medidas y otras necesarias se deberían articular cuanto antes en un programa de Gobierno creíble y realizable.
Partidos extremistas a izquierda y derecha
La precampaña de los últimos días ha estado protagonizada por la lucha cainita entre “Sumar” de Yolanda Díaz y el menguante Podemos, aún controlado desde las bambalinas por Pablo Iglesias. Unas horas antes de vencer el plazo previsto para la presentación de coaliciones, Sumar y Podemos llegaron a un acuerdo agónico, en el que Díaz -respaldada por los 14 partidos que componen su heteróclita galaxia- ha impuesto sus condiciones y excluido de sus listas a candidatos tóxicos como Irene Montero y Pablo Echenique. La cúpula morada realizó un día antes de finalizar el plazo una seudo consulta con sus bases para que le dieran carta blanca en las negociaciones entre los hermanos separados. Pese a sus bravuconadas, Podemos ha hundido la cerviz y sacrificado a sus dirigentes a cambio de las migajas de algunos puestos en las listas “sumaristas” que se espera que garantizan la elección de los seleccionados: un cuarto puesto en Barcelona, un quinto en Madrid, y el primero en varias ciudades en las que Podemos cuenta con un diputado. Aún quedan unos días para la presentación de las listas y los navajazos y golpes bajos rompen la armonía de la Arcadia progresista. Curiosamente -y por si acaso-, podemos ha inscrito en el registro, “por error”, hoy el partido “Juntas si se puede”
ERC trata de superar a JxC y es posible que lo consiga, y ha jugado una nueva baza al proponer una candidatura conjunta por el Senado con Bildu, bajo la denominación significativa de “Izquierdas por la independencia”. Bildu aspira a consolidar su superioridad sobre el PNV en el País Vasco y en Navarra, y ha prometido renovar su apoyo a Sánchez, no por amor sino por interés. No sería de extrañar que el posibilista y maquiavélico PNV cambiara a una vez más de alianzas y se acercara a un PP que ya huele a poder.
En la extrema derecha, Vox parece que va a seguir creciendo y podría convertirse en pieza clave para permitir que el PP gobierne en España. Abascal no se lo va a poner fácil y solicitará el pago en especie de participar en el Gobierno, a lo que tendría pleno derecho siempre que respetara principios básicos constitucionales incluidos en el programa del PP. Tampoco se lo va a facilitar el PSOE, que seguirá con su tesis del “No es No” y negará cualquier posible concesión en forma de abstención y seguirá machacando con su mantra de que los dos partidos forman unaa única ultraderecha antidemocrática.
Según ha apuntado Teresa Freixes, en su artículo “Es la hora del acuerdo”, Publicado en “El Imparcial”, resulta inevitable el uso del “pactódromo” para dilucidar si se va a formar un Gobierno escorado hacia la izquierda o hacia la derecha. Se olvida que la inmensa mayoría de los españoles se ha pronunciado a favor de la centralidad y que entre los dos partidos que han obtenido más votos en las últimas elecciones podrían formar lo que es normal en otras latitudes: una gran coalición. La ciudadanía preferiría que dichos partidos, en vez de beneficiarse con una política basada en la confrontación, formaran alianzas sobre los puntos esenciales de la vida política. “Ha llegado la hora del acuerdo. De un acuerdo que permita la gobernabilidad sobre los puntos básicos transversales para esa parte de la ciudadanía que no ha confiado en los extremos y ha buscado una centralidad que le permita vivir sin sobresaltos. Y ello sería fácil de alcanzar. Bastaría con que las dos grandes fuerzas políticas acordaran los puntos mínimos que les permitan compartir las responsabilidades políticas con un acuerdo de legislatura”.
No puedo estar más de acuerdo, pero una cosa es el “deber ser” y otra bien distinta “el ser”. Esta gran coalición o un simple pacto de legislatura es inviable en la España actual mientras gobierne el PSOE. Aunque los dos partidos compartan la responsabilidad, la balanza de la culpa se inclina hacia la izquierda. Como ha señalado Emilio Lamo de Espinosa, “el escenario político está polarizado como consecuencia de que la izquierda se niega pactar con la derecha, no al contrario. Esta es la realidad y, claro, si tú te niegas a pactar con la derecha, no tienes más remedio que pactar con tu extrema izquierda y, a su vez, fuerzas a la derecha a pactar con su extrema derecha, y entras en un bibloquismo”.
Sánchez ha cruzado todas las líneas rojas habidas y por haber, ha llevado a España al borde del precipicio y está dispuesto a seguir sus alianzas ”non santas” con la extrema izquierda antisistema, los nacionalistas separatistas y los bilduetarras. El pueblo español tiene en sus manos poner término a esta lamentable situación. Las perspectivas resultan esperanzadoras, pues -según los sondeos- parece ser que el PSOE va a perder, pero aún no esté asegurado que el PP, aunque gane, pueda gobernar.





