Uno de los refranes a los que más solemos recurrir es el que dice que «solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena», y como trueno y lluvia suelen ir de la mano, me llama la atención cómo, de un tiempo a esta parte, hemos dejado a un lado las conversaciones sobre el cambio climático y nadie habla ya de la sequía ni de la necesidad de racionalizar el consumo de agua.
La gestión de los recursos hídricos ha sido una constante en la Historia de España: acordémonos de los acueductos de Segovia o de Tarragona, en tiempos de los romanos; de la introducción de sistemas avanzados de riego y gestión de agua, como acequias y norias, que permitieron el desarrollo de una agricultura próspera en la región durante la ocupación musulmana; de la construcción y mantenimiento de infraestructuras como presas, canales y acueductos en los reinos cristianos, así como órganos jurisdiccionales como el Tribunal de Aguas de Valencia; y más tarde con legislación sobre el agua, desde 1866 hasta la fecha, sin que se dejaran de construir embalses y presas hasta superar los 1.200 a principios de la actual década.
Es entonces cuando vemos que entre 2021 y 2022 se destruyeron 256 presas en España, el 50 % de todas las que se derrumbaron en toda Europa en el mismo período, siendo el motivo fundamental del desmantelamiento el permitir que los ríos regresen a sus cauces naturales para que la fauna fluvial pueda desplazarse sin el impedimento que suponen estas moles de hormigón. Es cierto que en la actualidad se están construyendo 25 embalses nuevos, si bien la cifra se queda muy lejos de la alcanzada durante el gobierno de Franco, bajo cuyo mandato se construyeron 615, de ahí el apodo que en su día le pusieron de “Paco rana”.
Es conveniente recordar que no es la mismo un pantano, un embalse y una presa: un pantano es una acumulación de agua que se forma de manera natural y que no alcanza mucha profundidad, mientras que un embalse se construye de forma artificial para almacenar y gestionar el agua. Para hablar con propiedad, una presa es la estructura de contención que generalmente se encuentra en los embalses y sirve para cerrarlos. Esta estructura hidráulica debe soportar las condiciones extremas en las avenidas o crecidas en una cuenca hidrográfica.
Así, en Sevilla contamos entre unos y otros con diez, entre los que destacamos El Pintado en Cazalla de la Sierra (215 Hm3 de capacidad), Los Melonares en Castilblanco de los Arroyos (186 Hm3, ¡cuánto tuvo que batallar la alcaldesa Soledad Becerril para su construcción!), el de Huesna en El Pedroso – Constantina (135 Hm3) y el de José Torán en Lora del Río (101 Hm3). Afortunadamente, cuando escribo estas líneas, el agua embalsada supera la media de los últimos diez años y es más del doble de la que había el año pasado por estas fechas.
Dicho esto, comparto con ustedes la preocupación de que el abastecimiento de agua y saneamiento en España se caracteriza por una cobertura de agua potable desigual y una mala calidad del servicio. En 2020 se detectaron por el Ministerio de Sanidad niveles tóxicos –no potabilidad– en las redes de distribución de 4.243 de los 8.131 municipios españoles siendo necesario el abastecimiento mediante el transporte en cubas o nuevas captaciones. Aproximadamente un 50% de la gestión está en manos de entidades locales (ayuntamientos) y otro 50% del suministro de agua está privatizado por acuerdos de los ayuntamientos o mancomunidades. Las empresas mayoritarias son FCC a través de su filial de Aqualia, Acciona Agua y la francesa Suez a través de su filial catalana Aguas de Barcelona (Agbar) y sus numerosas filiales regionales y locales.
La compañía francesa Suez con su filial catalana Grupo Agbar a través de sus filiales regionales tiene en torno al 50% de las concesiones privadas del mercado español. Las tarifas por abastecimiento de agua y saneamiento en España son desiguales dependiendo del territorio. Lo mismo ocurre si se compara con las tarifas europeas, donde España se encuentra en la posición undécima de diecisiete, es decir, que fuera de España el agua suele ser más cara (nuestros Erasmus saben como se las gastan en el extranjero con el derroche de agua a la hora de compartir piso).
Asunto complejo y del que evito tratar sus ramificaciones (política de regadíos, energía hidroeléctrica, trasvase de cuencas, etc), pero con el que invito a reflexionar al menos sobre cómo nos afectan las decisiones de obras públicas, y sobre el uso que le damos a un recurso que no deja de ser escaso y del que depende nuestra vida.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Excelente descripción de la situación hídrica española y sensata reflexión acerca del más imperioso recurso escaso del que depende la vida.
Acerca de «Paco rana» (burla a Francisco Franco) felicito las observaciones y propongo la consideración de «Espíritu de Faraón» para Alberto Tobaja. Cordial Saludo al autor.