En la era digital, la comunicación religiosa nos enfrenta al reto de no caer en la confrontación ni en el fanatismo. El Papa León XIV, en su primera audiencia con los periodistas instó a “desarmar las palabras para desarmar la Tierra”, promoviendo una comunicación libre de prejuicios y odio.
Según investigadores de las ciencias del comportamiento, un problema que experimentan los usuarios de las redes sociales es la necesidad de popularidad y los sentimientos de ansiedad en la comunicación. Esto presiona a las personas para que se comporten de una manera que genere “me gusta” lo que puede llevarlas a hacer cosas dañinas. Los periodistas y resto de comunicadores, en contra de la afirmación anterior, deben buscar expresar necesidades y sentimientos sin recurrir nunca a la agresión.
La narrativa religiosa la debemos compartir siempre de una manera positiva centrándonos siempre en la escucha activa y la empatía, rechazando el paradigma de la confrontación y abrazando el amor como camino único hacia la verdad.
Al desarmar nuestras palabras, contribuimos a construir un mundo más justo y compasivo. Se trata de practicar la empatía en la comunicación y esto se plasmaría en una escucha creativa, activa, sensible y precisa.
Las redes sociales las debemos utilizar para fomentar la unidad y el entendimiento mutuo, en lugar de la división entre nosotros. En definitiva, crear una comunicación respetuosa y edificante.
Muchos movimientos y grupos musicales utilizan la música, cine y redes sociales para compartir mensajes de esperanza, demostrando cómo la creatividad puede ser una poderosa herramienta para la evangelización y la promoción de valores positivos.
¿Cómo debemos comunicar los cristianos? La clave nos la da la cita 3,17 de la Carta del Apóstol San Pablo a los colosenses:“Todo lo que de palabra y obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él”.





