Que la violencia de género es una preocupación central para las políticas públicas en España (al menos de boquilla) es bien sabido. De ahí que fuese a partir de 2003 cuando comenzó el registro anual de las mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas. Desde entonces, se han aprobado múltiples reformas legales, como la Ley Integral de Violencia de Género en 2004 y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género en 2017, pero el problema persiste.
Concretamente el Pacto de Estado contra la Violencia de Género es una iniciativa adoptada en España que tiene como objetivo combatir y prevenir la violencia de género, un grave problema social que afecta principalmente a las mujeres y que surge como respuesta a la creciente preocupación por los altos índices de violencia machista. Dicho así, cualquiera en su sano juicio apoyaría tal medida. Pero si echamos la vista atrás, y analizamos la evolución desde entonces hasta nuestros días, detectamos la inoperancia e ineficacia de dicho plan. Y los números de víctimas asesinadas, la verdad más irrefutable, así lo confirman. Desde 2017, las víctimas por año han sido 51, 50, 55, 47, 48, 49, 54, 48 y lo que va de 2025.
¿Cabe pensar, por tanto, que el Pacto de Estado es suficiente? ¿Es garante de algo? ¿Es preventivo de manera drástica?
Si el Pacto de Estado fuese el consejo de una compañía y tras ocho años, se siguiese presentando el mismo plan estratégico incapaz de reducir los números rojos, al director de makerting ya le habrían firmado el finiquito.
Una vez más, el sentido común ofrecería la negativa como respuesta. NO. No es la solución.
Lamentablemente poco se puede pedir al gobierno que ha dedicado su “pseudoprogresismo de boquilla” a denigrar y victimizar a la mujer como moneda de cambio en su lucha, no tanto a favor de la fémina, sino contra políticas de lo que ellos llaman “machos de ultraderecha”.
Y lo dicen quienes han aprobado, entre otras lindezas, la Ley del sólo sí es sí que ha provocado la excarcelación o la rebaja de pena de 1.300 violadores, abusadores y pederastas, entre ellos, los integrantes de La Manada.
Aquellos que enarbolaban pancarta en mano «Un país con nosotras, ni una menos», bajo el yugo morado cual pasionarios de la venidera cuaresma confrade. Aquellos que ayer y hoy, bajo sucias argucias se han servido de ideologías low cost para liderar la defensa, protección y propulsión de la mujer, mientras utilizaban su cargo político o docente para agredirlas sexualmente. Y mientras, ayer, hoy y mañana, sus “aquellas” callando. Mirando para otro lado. Vendiendo humo feminista desplegado cual cortinas para esconder las vergüenzas de los suyos, sus machos alfa, sus cínicos machitos de pelo en pecho, acomodados en la repulsiva e indigna bajeza humana.
Por el contrario, en la esfera pública, los financiados altavoces de este país, señalando cual Pilatos a quienes no están de acuerdo con juegos de manos políticos en pro de ideologías sectarias, quienes defienden medidas reales que garanticen la prevención de la mujer.
Quienes, bajo la responsabilidad del deber, buscan alternativas que permitan a la víctima, tener herramientas, apoyos y medidas de gobierno.
Quienes defienden la excedida estructura que sostiene el lobby de la izquierda, en favor de reinvertir los fondos en ayudas reales que contribuyan a emancipar el dolor de la casa de los horrores. No olvidemos que durante el gobierno “más progresista” y a favor de la causa, el Ministerio de Igualdad ha gastado (que no invertido) la cantidad históricamente más alta de la historia para lo que, “aquelles” llamaban “arreglar la situación”.
Falla el Pacto de Estado, falla el sistema, falla la estrategia, fallan las “leyes”, fallan los plazos judiciales. Faltan, sobre todo, soluciones globales que competen a varios ministerios, además de Igualdad, para reconstruir un entorno seguro, cohesionado y con futuro, que permita a las mujeres maltratadas dar el salto a una nueva vida de la manera más garante.
Y a ésos y ésas que piden explicaciones en el Congreso, que exigen escarnios públicos, a ésos, por supuestísimo liberales, tolerantes y demócratas todos, que desde el púlpito condenan otras maneras de pensar y que lapidan todo derecho. A ésos que tratan de posicionar y convertir como verdugos a quien no sucumben a sus falacias mientras defienden su exitoso Pacto de Estado con su exitosa media de 50 asesinadas…
A aquellos sí que habría de exigirles que se pongan delante de las probables mujeres que por desgracia pudieran ser asesinadas este año y argumentarles por qué no van a hacer nada nuevo por defenderlas. Ahora que todavía pueden.





