
Me topo con la noticia de que en lo que fue el local de «La Carbonería» y vivienda de su propietario, Paco Lira, se van a construir tres apartamentos turísticos. Para quienes no lo sepan, «La Carbonería» fue el cuarto local que abrió Paco a lo largo de su vida. Los locales – tabernas las llama algún periodista – de Paco eran lugares dedicados a la buena costumbre de albergar el flamenco y las tertulias culturales o simplemente tertulias cordiales entre amigos, enemigos y visitantes de distinto pelaje y condición, casi siempre con denominación de origen. Hubo veces en las que Paco tenía recogidos allí a grupos de tan diversas nacionalidades que aquella casa parecía una sucursal de la ONU. Digo que los tenía recogidos porque allí dormían y bebían sin pagar ni un duro.
Dejo lo pasado y vamos a lo actual, a los apartamentos turísticos que va a construir el duque mercader que desahució del local antiguo a «La Carbonería», en 2016. Ese local antiguo, propiedad de un duque mercader, desde que lo adquirió a principios de los años 70 del siglo pasado con su sociedad inmobiliaria Pro-Sevilla, S.L., sociedad que según el mercader iba a dedicarse a rehabilitar el barrio de San Esteban y alguna calle colindante, para lo que adquirió varias casas en ruina o semi ruina, que posteriormente fue vendiendo casi en su totalidad, menos el local de la antigua carbonería del barrio instalada en lo que fue la entrada de carruajes del antiguo palacio de Samuel Levi, banquero de Pedro I «El Justiciero», que le alquiló a Paco Lira.
Paco restauró el local de forma exquisita, conservando hasta la pátina que el tiempo y el carbón había dejado en sus paredes. Esa restauración y rehabilitación como el local que todos hemos conocido y algunos, muchos, hemos disfrutado, fue alabada por Antonio Burgos en su sección «Casco Antiguo» de ABC de Sevilla, aquella que firmaba con el seudónimo de Abel Infanzón, en un pequeño recuadro titulado, «La Carbonería: Ejemplo a seguir». Antonio Burgos, en el transcurso de los años, citó muchas veces más a Paco Lira, alabándolo por su formas, por acoger al flamenco y a otras artes; en suma, por su saber estar, sin dejar de ser.
Con el desahucio de 2016, el duque mercader consiguió un propósito que le venía de antiguo, de cuando en la década de los 80 vendió el local y el jardín de «La Carbonería» a EMVISESA, con Paco Lira dentro, sin decirle a Paco ni pío. Paco se encontró con que le ponían en la calle sin previo aviso. En aquella ocasión, Paco, muy bien aconsejado legalmente por alguien a quien el enfrentarse al duque mercader le importaba un pito y apoyado por varios amigos incondicionales, hizo recular a EMVISESA y al mercader y lo del proyecto de viviendas de promoción municipal -proyecto que ya estaba redactado- quedó en nada. Paco compró el jardín, donde hoy continúa su actividad «La Carbonería» y siguió pagándole el alquiler al propietario mercader, sin que éste dejara de acosarle de mil formas. Podría contar, de pe a pa, lo sucedido en los ochenta, pero es largo y ahora estamos en lo que estamos, los apartamentos turísticos de lujo que ya tienen el visto bueno de la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico y puede que hasta licencia de obras.
Estos tres apartamentos con ascensor, dada la estructura del inmueble, no van a tener casi ventilación natural, si se respeta esa estructura, cosa que veo dudosa. Estaría muy bien que se pudiera conocer el proyecto de estos apartamentos y el nombre de su autor. Hasta el momento no lo hemos visto publicado y el tema es jugoso; se van a construir más apartamentos turísticos en una zona que se va declarar saturada a la de ya y al mercader ducal le dan licencia por los pelos, tras habérsela denegado hace un año. Ya lo dije hace más de veinte años, el mercader va a convertir la antigua judería de Sevilla en un macro hotel y eso no es rehabilitar un barrio.
Macro hotel aparte, lo de la Comisión de Patrimonio Histórico, es para hacérselo mirar. En 2017, la Consejería de Cultura declaró «La Carbonería», sus dos espacios, Bien de Interés Cultural con categoría de Lugar de Interés Etnológico y lo incluyeron en el catálogo correspondiente. Ahora, la Comisión Provincial de Patrimonio Histórico, de esa Consejería, dice en su informe favorable al proyecto de estos tres apartamentos turísticos que como el inmueble de Levies 18, ha quedado desgajado en 2016 del jardín donde hoy está «La Carbonería» pues que, para adelante con los faroles, que diría un castizo.
Como nunca me equivoqué en ver venir de lejos las intenciones del mercader ducal, le vaticino a Pisco Lira, amigo mío, como también se lo vaticiné a su padre, mi también amigo, Paco Lira, que se prepare para los siguientes ataques en plan «asusta viejas» que le van a ir llegando desde esa puerta, hoy cegada, que les une al local de Levies 18, local del que nunca debieron salir. El mercader ya dijo que su idea es recrear el antiguo Corral del Agua, usando para ello la parcela de Céspedes 21, que un día fue suya, pero ya no lo es, ahora es de los Lira. Curiosamente, el informe de la Comisión de Provincial de Patrimonio Histórico dice que no se puede hacer desaparecer esa puerta que une el inmueble con la actual parcela de C/ Céspedes 21, donde hoy está abierta «La Carbonería», porque deja clara la vinculación de las dos parcelas. Son geniales las vueltas que han dado para dejar vía libre a una licencia de obras que va transformar por completo un inmueble que no debería tocarse y mucho menos hacerlo como se va a hacer.
Paco Lira se fue hace nueve años, pero me gusta pensar que mi amigo nos ve desde arriba y sonríe ante la posibilidad de que en las supuestas catas arqueológicas, previas a la construcción de esos tres apartamentos del duque mercader, pueda aparecer el fantasma de Samuel Levi y los saque de allí a escobazos. A todo esto se me acaba de ocurrir la idea de que Pisco Lira le cobre al mercader ducal, si utiliza el nombre de «La Carbonería», para denominar con él a sus apartamentitos. Por hoy lo dejo aquí, aunque a buen seguro que volveré a seguir con el asunto y los recuerdos de Paco y de «La Carbonería».





