Para algunos la primera semana de junio ha sido la del Camino al Rocío, pero para muchas familias ha sido la de la nueva PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) donde se van a ponderar de forma negativa las faltas de ortografía, esas por las que a usted y a mí, querido lector, nos ordenaban escribir cincuenta o cien veces la palabra mal escrita para que se nos fijara en la memoria, y por la que nos restaban puntos en los exámenes, no sólo en los de Lengua y Literatura. Estamos hablando de un pasado lejano en el tiempo, pero presente en sus efectos.
La falta de exigencia en la redacción, que ha sido nota común en las últimas décadas, ha provocado que muchos estudiantes del último curso universitario redacten sus Trabajos de Fin de Grado o de Fin de Máster con errores en signos de puntuación, ausencia de tildes, anacolutos (inconsecuencias en la construcción del discurso), un léxico pobre, una sintaxis falta de cohesión y/o una semántica falta de coherencia.
La Lengua no debería ser esa asignatura que dimos en bachillerato y de la que a estas alturas hemos olvidado sus reglas o, peor aún, nos hemos despreocupado de ejercerla con claridad en el lenguaje oral y escrito, ante la triste evidencia de que no parece necesaria para alcanzar puestos de responsabilidad.
Nuestra Lengua es hablada por 484 millones de personas en un total de 21 países, siendo México, Colombia y España, por este orden, los que cuentan con mayor número de hispanohablantes, de ahí la importancia de la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española) fundada en 1951 para normalizar el uso del español con una actitud policéntrica, desde el respeto a las particularidades de cada zona.
Fue Antonio de Nebrija, un sevillano nacido en Lebrija, quien en 1492 publicó la primera Gramática sobre una lengua vulgar: la Gramática sobre la lengua castellana. Sus trabajos viajaron a América y sirvieron para fijar muchas lenguas amerindias, y así tras años, décadas, siglos de mestizaje, dieron sus frutos en una lengua rica y variada: el español.
Los esfuerzos por escribir de una forma normalizada comenzaron en 1741 con la primera Ortographia, con sucesivas ediciones hasta la más reciente de 2010, porque la escritura no es un elemento monolítico, ni un mero reflejo de la oralidad: las 27 letras y los cinco dígrafos (ch, ll, rr, gu, qu) tienen sus reglas y es difícil conocerlas todas. Es por ello por lo que les expongo a continuación algunos ejemplos, algunos de los los cuales, tras conocerlos, me obligaron a cambiar la forma de redactar:
Mejor escribir México, Texas, Ximénez con x que con j. En el caso de extranjerismos adoptados, es mejor terminar la palabra con i latina (penalti, dandi, Toni, Mali). Las palabras compuestas llevan guion si la base es una sigla (pro – UE), hay un número (sub – 21) o hablan de un enfrentamiento (italo – argentino). Se debe poner punto antes de la letra elevada (M.ª). Las siglas no llevan punto (ONU) salvo en el caso de plurales (EE.UU.) Los años y los artículos de los códigos no llevan punto de separación (año 2025, sí; 2.025, no). Los símbolos no llevan punto ni se les añade una “s” a los plurales (3 kg).
Hay expresiones y palabras que toman una forma en España y otra en el continente americano. Así, el símbolo del dinero en nuestro país va detrás de la cifra (500 €), pero en América se coloca delante ($ 500). Mientras en la zona peninsular e islas se utiliza chófer, vídeo o fútbol, allende el océano Atlántico se dice chofer, video y futbol. El signo de separación de los decimales debe ser una coma en la parte inferior (5,10), pero en América se utiliza más el punto (5.10), al igual que ocurre en el mundo anglosajón.
En cuanto a las reglas de acentuación, otra particularidad que nos diferencia a los hispanohablantes es cuál es la sílaba tónica de las palabras terminadas en -sfera, esdrújulas en España (atmósfera) y llana en el otro continente (atmosfera). Los símbolos nunca se acentúan (lim, de límite; a de área), aunque en las abreviaturas, las tildes se mantienen (pág.), y también se escriben las tildes en los alargamientos expresivos (sííííí).
El no acentuar la palabra “solo” data del año 2009 (antes se le ponía tilde cuando equivalía a solamente), como tampoco a los demostrativos este, ese y aquel, pero lo más complicado es no colocarla en algunos casos especiales en los que tendemos a ponerlas, ¡y ninguna de estas palabras la lleva!: guion, truhan, ni los verbos en pasado hui, pio, lio, frio, rio, vio, fui y fue.
En fin, el saber no ocupa lugar, y a lo largo de la vida todos estamos llamados a aprender, desaprender y reaprender, como por ejemplo que al signo ortográfico en forma de coma, rasguillo o trazo (el apóstrofo, la cedilla o la tilde de la ñ), se le llama virgulilla, o que nuestra Lengua es un tesoro inmaterial que debemos cuidar como tal para transmitírselo a nuestros descendientes como nosotros lo heredamos de nuestros antecesores. Por cierto: el primer tratado sobre la Lengua española, editado en 1611, fue “El tesoro de la Lengua española o castellana” de Sebastián de Covarrubias.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






3 Comments
Querido Alberto, mucha falta hacía un artículo como el tuyo, poniendo en valor, no sólo la ortografía, sino el correcto uso del idioma.
Personalmente me causa dolor en la vista leer textos con faltas de ortografía ( algunas básicas ) y asfixia cuando leo y no encuentro ninguna coma o al menos un punto y seguido ( ya no se usa el punto y coma ).
No quiero pecar de inmodestia, pero me enorgullezco de no cometer faltas de ortografía desde que acabé mis estudios, lo cual es producto de la afición por la lectura y también por la escritura ( sobre todo a mano ). Incluso usando las «moderneces» tecnológicas: whatasapp. sms , me cuido siempre de no obviar acentos, puntos, mayúsculas, etc.
Bien es verdad que son tantas reglas, que incluso el más leído puede cometer un error en cualquier momento ( y en este texto seguro que hay alguno ), pero cuando alguien tiene una mínima formación y preocupación por escribir bien, se nota y se agradece.
Bienvenido siempre el correcto uso de la ortografía y de las palabras, que sirven para expresar una cosa y no otra, como se estila últimamente. Por cierto , lo de que » a Vd y a mí, querido lector nos ordenaban repetir cincuenta o cien veces la palabra mal escrita «, define perfectamente a qué quinta pertenecemos y el precio que les tenemos a estas cosas. Un abrazo
Querido Alberto:
Gracias por este espléndido recordatorio de lo necesario que es cuidar el gran tesoro que usamos cada día, nuestra lengua española.
Comparto contigo lo difícil que se nos hace a algunos no acentuar el adverbio «solo», aunque con los pronombres demostrativos «este», «ese» y «aquel» ya me he acostumbrado. Pero lo más complejo desde la nueva edición en 2009 de la Ortografía, es sin duda el capítulo IV, con el uso de las mayúsculas y las minúsculas. Ahí sí que se ha trastocado todo nuestra antigua destreza y conocimiento de la lengua española. Te invito a que le eches un buen vistazo.
La lengua evoluciona constantemente, lo que nos cuesta es adaptarnos. Por eso, estoy contigo en que a lo largo de la vida todos estamos llamados a aprender, desaprender y reaprende.
Gracias por ese artículo. Y Enhorabuena.
Pepa Pineda
Estimado Alberto,
Gracias por ilustrarnos y recordarnos que el estudio es parte de la rutina diaria !!
Enhorabuena