El colectivo del acrónimo infinito, defensor de derechos y progresista, cuyos líderes crean asociaciones para vivir de la teta del estado, están de celebración un año más y visten las ciudades y municipios de banderolas, gallardetes, banderas, publicidad y actos en el llamado mes del orgullo.
Y junto a ellos una clase política que los riega de dinero público y los usa como moneda de cambio para sus propios intereses; una clase política que prescindirá de los mismos en cuanto no les sea rentable; una clase política en cuya historia corre el hedor a muerte por el asesinato de miles de homosexuales por el simple hecho de serlo.
Intentar hablar de este tema desde un punto de vista objetivo es moverse en una dicotomía absurda que raya en ocasiones en el esperpento. ¿O acaso no lo es que según la ONU haya 112 géneros distintos, 80 formas de describir el género y 37 géneros reconocidos oficialmente en España?
La clase política progresista junto con el colectivo, o el colectivo progresista con la clase política, o los políticos del colectivo con los LGTB (tanto monta monta tanto), dicen luchar contra la derecha para romper la estigmatización y las fobias (homofobia, transfobia…) a las que están sometidas las personas que dicen pertenecen a ese colectivo y normalizarlas, cuando lo que realmente están haciendo es señalarlas, meterlas en una burbuja a modo de gueto, otorgarles unos derechos que ya recoge nuestra Carta Magna en detrimento de los derechos de otros y que por tanto, de facto, está incumpliendo con la misma, al romper el principio de igualdad de derechos entre españoles. Un principio hecho fosfatina a través de sus infames leyes de, por ejemplo, violencia de género, una ley que no ampara al colectivo, ya que no se considera como tal a la violencia entre personas del mismo sexo; o la ley trans que, por cierto, no gusta ni al colectivo trans. ¿Les han preguntado a las mujeres si quieren compartir duchas con un hombre, que es hombre físicamente, con nombre de hombre, que le gustan las mujeres, pero que dice ser mujer? ¿O porque lo dice la ley tienen que aguantar que éste les apunte con…la mirada? ¿No se consideraría este hecho violencia contra la mujer si alguna de ellas se sintiese acosada?
El colectivo LGTBIQA+ es ese que enarbola la bandera arcoíris con una camiseta del Che o con la hoz y el martillo; ese que junto con la progresía colocan dichas banderas no oficiales en estamentos públicos aun cuando este hecho no lo contempla la jurisprudencia; ese grupo que dice respetar y representar a todas (como ellos dicen) las orientaciones, expresiones e identidades de género diversas, pero si no piensas como ellos, te excluyen e incluso dudan que tu orientación sexual sea la que afirmas, comportándose y aquí está la paradoja, de manera homófoba contigo; es esa comunidad que te llama fascista, homófobo e irrespetuoso si osas decir que no te gustan los bancos del parque pintados de colores porque como te gustan es en negro; es ese colectivo que con dinero público hipersexualiza a los menores, luchan por la despenalización de la pederastia, les muestran pornografía y les imponen ideologías; es ese colectivo que dice tener orgullo pero que olvida que el derecho a la libertad de expresión y el respeto, para que existan, deben ser bidireccionales.
Flaco favor hace este grupúsculo junto con la clase política progresista y sus acciones a todos aquellos homosexuales que sí lucharon, sí fueron torturados, sí fueron humillados y sí perdieron la vida por pedir lo que les correspondía, la igualdad. Con sus políticas, sus acciones y sus mensajes exclusivizan y estigmatizan en base a unos argumentos absurdos cuyo relato es fácil de demoler a través de los datos.
Verán, ellos establecen que todo aquel que sea de derechas o no piense como ese colectivo es homófobo, racista y machista, pero: ¿es cierto o no que en todas las ideologías se han llevado actos deleznables y condenables?; ¿es o no es cierto que hay homófobos, racistas y machistas de izquierdas? ¿acaso es mentira que hay agnósticos y ateos en la derecha?; ¿hay o no creyentes y practicantes en la izquierda?
La respuesta a todo esto la ofrece una frase: la condición humana, esa de la que Erich Fromm afirmaba que “era fundamentalmente emocional, un dilema inherente a la misma, como el hecho de ser una mala o una buena persona».
Nuestra genética determina nuestra condición y ésta, nuestro comportamiento, que puede acentuarse, minimizarse o anularse con una educación correcta desde que comenzamos a tener entendimiento.
La lucha real no está en colgar banderas y hacer desfiles, sino en arrancar las banderas de las manos de embaucadores e impostores que las enarbolan de manera hipócrita y cínica, porque la realidad es que a ellos no les importa el colectivo ni sus derechos ni sus dificultades, no les concierne el sufrimiento, no les conviene la igualdad, no les afectan las mujeres maltratadas o asesinadas, les incomodan los ancianos, les fastidian los niños.
La verdadera normalización es aquella en que el acto llevado a cabo pasa desapercibido, aquel que aplica la libertad y la igualdad sin imposiciones, sin ideologías, sin adoctrinamientos… Mientras no lleguemos a este punto no nos habremos ganado el derecho a llamarnos sociedad civilizada y libre. El día que lo consigamos sí será merecedor de llamarse “día del orgullo”.
Y, por cierto, para aquellos que duden de mi objetividad en el relato sólo darles unos datos: soy mujer, soy homosexual, soy obesa (no de corporalidad disidente como quieren que se nos denomine esta progresía falaz), estoy orgullosa de quién y cómo soy y sí, soy de derechas, soy de VOX.






3 Comments
¿Dónde es ese edificio con colorines?
Hogar Virgen Los Reyes
https://maps.app.goo.gl/unxAd3Fy8nuX5cVU6
Magnífica reflexión y análisis y magnífico artículo, esta mujer no solo tiene algo que decir, también como escribirlo.