Fernando Villalón-Daoiz Halcón, VIII Conde de Miraflores de los Ángeles, nacido en Sevilla en 1881 y muerto en Madrid 1930, fue un poeta excelso. Falleció tras la complicación de una operación quirúrgica en una clínica de la calle Ríos Rosas de Madrid. En sus últimos momentos lo acompañó Concha Ramos, la única que siguió al poeta a la capital. Villalón tuvo que salir por pies de su ciudad natal, huyendo de los acreedores y de las cosas feas que le hicieron los de su casta. Dejó tres libros publicados: Andalucía La Baja (1926), La Toriada (1928) y Romances del 800 (1929).
Fernando Villalón fue ganadero, poeta, teósofo y, sobre todo, un hombre de campo que se comportó, durante toda su vida, como tal: honrado, sincero, sensible, formal… trascendente. Y “amigo de sus amigos”, que escribió José María de Cossío.
Lo que el poeta de Morón no sabía es que tendría un amigo en tierras francesas, muy cerca de la playa de Colliure donde Antonio Machado soñó con vivir tras una ventana de las que, desde la arena, miraban al mar Mediterráneo. Un amigo marsellés que viviría y trabajaría en Perpiñán, donde ha sido profesor y ahora es catedrático honorario de la Universidad de Vía Dómita. Un amigo que, con el paso del tiempo, compartiría paisanaje, pues desde 2018, el profesor Jacques Issorel es Hijo Adoptivo de Morón de la Frontera.
Erudito y apasionado de la literatura castellana, Jacques es el responsable de que hoy se conozca a Fernando Villalón, el hombre y el poeta, tal y como se le conoce. Los contemporáneos de Villalón lo homenajearon y lo reconocieron como un poeta de primer nivel. Ahí están los escritos de Manuel Halcón, con sus recuerdos del campo y las dehesas; José María de Cossío, que guardó en sus entretelas el manuscrito De re taurina para que se convirtiera en Taurofilia Racial y prologó el Poesías de 1944; Juan Ramón Jiménez y sus memorias de los años en el Colegio San Luis Gonzaga del Puerto de Santa María; Rafael Alberti y lo que le dijo Ignacio Sánchez Mejías del “mejor poeta novel de Andalucía”; Adriano del Valle y su conferencia “Telefonía celeste”, en la que terminó poniendo un huevo en pleno estrado del Ateneo de Sevilla: Gerardo Diego y la inclusión de los poemas de Villalón en su fundamental Poesía Española. Antología 1915-1931; Joaquín Romero Murube y sus escritos sobre el amigo; Juan Sierra y la memoria de una Sevilla vanguardista; Antonio Núñez de Herrera y el mirar atrás para recordar “las cosas de Fernando”; Azorín en su “Recuadro de Villalón”; incluso Manolo Barrios, dejándonos un Villalón teósofo y espiritista; y tantos y tantos más que no dejaron que la luz del cirio de la poesía de Fernando se apagara definitivamente.
Pero Villalón es Villalón, a día de hoy, gracias a Jacques, un joven que, a mediados de los años setenta del pasado siglo, aparece por Sevilla y por su campiña interesándose por la vida —apasionante— y la obra —en exceso esparcida— de Fernando Villalón. Este joven, con el paso del tiempo, rescatará la memoria de Fernando para los restos, para mayor gloria de las letras castellanas.
Jacques Issorel dedica su tesis doctoral, bajo la dirección del profesor Edmond Cros, a Fernando Villalón. Dicha tesis, presentada en la Université Paul-Valéry de Montpellier, lleva el título de Édition critique des (euvres poétiques de Fernando Villalón).
En el año 1985, publica Poesías inéditas en la editorial madrileña Trieste. Solo dos años después, y en la misma editorial, publica Obras (Poesía y prosa). En ambas obras, Jacques aporta poemas de Fernando Villalón poco conocidos y otros extendidos entre el pueblo pero que no sabían pertenecían a la pluma y la tinta roja del poeta de Morón.
Pero la obra cumbre que recoge y recupera la mayor parte de la obra, y la vida, de Fernando Villalón, magníficamente comentada y anotada —obra de referencia para cualquiera que quiera acercarse a la obra de Villalón— la edita Cátedra en 1998 (Poesías completas). De la edición se encarga Jacques Issorel. Con esta obra nos topamos, podríamos decirlo, con el Fernando Villalón al completo, ya que hasta el momento lo conocíamos por antologías y por poemas sueltos.
Y tras Fernando Villalón. La pluma y la pica (Espuela de Plata, 2011), Islas del Guadalquivir (Renacimiento, 2018), La biblioteca de Fernando Villalón. Hombre de campo y poeta, junto a Juan Diego Mata (Espuela de Plata, 2022) y Fernando Villalón y Gerardo Diego. 16 cartas. 1927-1928 (Renacimiento, 2023), nos llega a las manos lo último que Issorel ha publicado sobre Fernando Villalón: Esi y Melanio. Y otras obras en porsa (Renacimiento, 2025).
En esta última obra, el profesor nos rescata cuatro textos en prosa de Fernando Villalón: “Mañana de San Juan” (Mediodía. Revista de Sevilla. 5 de octubre de 1926), “La palabra que se hizo Carne” (Revista Oromana. Noviembre-diciembre de 1927), “Esi y Melanio” (Revista del Ateneo, Jerez de la Frontera. Agosto de 1927) y “Sevilla en 1929” (La Gaceta Literaria. Junio de 1929).
Son cuatro textos en los que podemos ver y tocar la esencia misma de Fernando Villalón: diálogos imposibles entre un trébol de cuatro hojas y un toro bravo; la historia de un crimen pasional y el manicomio; los orígenes del cristianismo; y la reivindicación de la Andalucía veraz, en contraposición a la impuesta.
Jacques Issorel sigue regalándonos ángulos muertos de Fernando Villallón. Lo rescató hace cosa de medio siglo y, a día de hoy, ahí sigue, mostrándonos aristas desconocidas del poeta universal de la baja Andalucía.






1 Comment
¡Ay! Que necesaria la reivindicación de» la Andalucía veraz, en contraposición a la impuesta», en esta Sevilla, cada vez más de plástico, dónde la luz (con la ayuda de un tranvía que no sé que hace junto a ellas) hace callar a las piedras y les borra encanto y esencia. En esta Sevilla, cada vez más de plástico, donde el sevillano en Feria, ya no viste como era, sino que se disfraza como le dicen, en su papel de figurante solemne en un teatro destinado al turismo y al de fuera. En una feria semidiscoteca. ¡Ay de la esencia! ¿La conserva Sevilla que ha hecho todo el año Semana Santa, o algo que se le parece, al servicio de lo mismo?
Menos mal que existen el recuerdo de Andalucía la Baja en Fernando Villalón y un Jacques Issorel que tuvo que venir a reivindicar su figura.. Todavia puede haber esperanza para las esencias. ¿Volveremos a ser lo que fuimos?