La candidatura de Éric Zemmour a las elecciones presidenciales francesas del próximo año 2022 es una buena noticia en toda regla, ya que para la derecha sin complejos representa una alternativa de calado ideológico frente a una Le Pen con un claro techo electoral y un programa económico en muchos aspectos similar al de Podemos, siendo incapaz de quitar votos al centro-derecha representado por Los Republicanos.
Zemmour presenta una serie de activos personales que lo hacen un candidato idóneo: es un outsider que no ha estado previamente en política, sumamente culto, mucho más carismático, buen orador y dice abiertamente lo que muchos piensan pero callan, constituyendo una clara revolución anti-progre en lucha contra lo políticamente correcto en contraposición a una Le Pen de marcado signo populista que se pliega a lo que dice la mayoría en aras de conquistar el poder a cualquier precio, pues el periodista tiene un corpus ideológico claro, estando adscrito a la derecha tradicional y reaccionaria, siendo éste un término que no es en absoluto ofensivo, pues se refiere a aquel que defiende un estado de cosas anterior al del presente, lo cual no es necesariamente bueno ni malo, ya que también fueron reaccionarios aquellos que combatieron el nazismo para restablecer la democracia.
Otra fortaleza que presenta la candidatura de Zemmour es que combina elementos liberales y proteccionistas frente al proteccionismo excesivo de Marine Le Pen, que ahuyenta a los empresarios y las clases medias tanto como la extrema-izquierda de Mélenchon (el Podemos francés), siendo capaz de aunar el voto de trabajadores y empresarios en un contexto en el que el panorama político del país tiende más al centro-derecha, que es más liberal en lo económico que el resto del espectro pero cuyas bases están envejecidas al estar constituidas principalmente por jubilados, que al haber vivido el liderazgo de Jean-Marie Le Pen (que incluso mostró simpatías por los nazis y en varias ocasiones restó importancia a las cámaras de gas) no van a votar a alguien que lleve su apellido por mucho que se haya moderado, a lo que se suma que Zemmour (judío de origen argelino para más señas) no puede ser acusado de xenófobo ni de racista, tan sólo de sionista por su lucha contra el islamismo, algo que no le perjudica políticamente.
Otra gran ventaja que presenta esta candidatura en el campo de la derecha es que además de quitar a Los Republicanos votos que Le Pen es incapaz de arrebatarles, puede unificar incluso a radicales leales al fundador del partido visiblemente descontentos con el giro moderado del viejo Frente Nacional y el sector crítico del mismo que quiere convertirlo en la casa común de la derecha, que tienen su voz en una Marion Le Pen brillante pero demasiado joven e inexperta, carencia que se ve suplida por Zemmour, además de atraer votos de la abstención (por su imagen renovadora) de un elector medio que no está con Macron ni con Le Pen.





