Dos “murciégalos” en Nueva York. Capítulo IV
Continúa avanzando la prodigiosa aventura real (con algunos detalles imaginados) de dos "murciégalos" con destino a New York City para salvar al mundo de una pandemia. Una investigación en exclusiva para SevillaInfo.

Capítulo IV. EL MELLETO Y LA PATRULLA DE MARINES

Después de seis largas semanas de espera, la única respuesta que se recibe desde España es un descuajeringado y poco esperanzador mensaje que Jenny, la secretaria de un importante laboratorio biomédico en Estados Unidos, uno de los centros de investigación avanzada más punteros del mundo, perteneciente al Hospital Monte Sinaí de Nueva York, acierta a traducir como…

 

“Están en ello”.

 

Poco más puede concretar Jenny a los miembros de su equipo de virólogos y especialistas que trabajan de sol a sol por desentrañar las claves de comportamiento de un virus que está causando una catástrofe global y que avanza imparable por las praderas, montes y ciudades del mundo entero, mientras desesperan con la llegada de tejido celular proveniente de un par de murciélagos rinolofos que podría permitirles avanzar en una interesante y muy novedosa línea de investigación.

Jenny prefiere no detenerse en relatarle a sus compañeros el tropel de otros mensajes recibidos de muy diversas instituciones españolas que detallan toda clase de excusas, explicaciones y consideraciones sobre aspectos de normativas oscuras y desconocidas, nacionales e internacionales, sanitarias, administrativas, sobre seguridad, ecología o transporte que en su mayoría carecen para ella de ningún significado, pero que, sobre todo, reflejan que ninguno de esos organismos ni las personas que se dirigen a ella por e-mail, parecen estar coordinados entre sí, aunque todos parecen pretender atribuirse, tal vez para otorgarse alguna clase de importancia o de poder, la que debería ser la última decisión al respecto, de modo que las explicaciones se le amontonan y se tropiezan entre sí, en el tiempo y en los contenidos, como capas infinitas de unos canelones locos que alcanzan ya el tamaño de un colchón.

Mientras tanto, en la otra punta del mundo, en China, decenas de expertos orientales trabajan desde hace semanas en el estudio de una línea similar a la de los especialistas neoyorquinos con más de 1.200 murciélagos rinolofos vivos traídos de manera urgente desde las selvas de Laos, Myanmar y Vietnam, sorprendidos de que estos pequeños monstruitos convivan, almacenen y transporten bacterias y virus de enfermedades prodigiosas capaces de tumbar a manadas enteras de elefantes o de expandir epidemias que causarían una muerte fulminante a millones de personas sin que ellos mismos como portadores y como vectores de contagio sufran la menor agresión en sus diminutos organismos.

A esas alturas del negocio, seis largas semanas ya de espera en Nueva York a base de excusas y dilaciones, en una tarea que debiera haber quedado resuelta en unas pocas horas con la urgencia de un trasplante a corazón abierto, en España hay ya decenas de secretarias, altos cargos, funcionarios y empleados esparcidos por las provincias de Madrid, Sevilla y Huelva que se afanan en una cadena torpe y descompuesta con la mortecina urgencia del “vuelva usted mañana” por atender decenas de escalonamientos en órdenes, consultas, permisos, sellos y documentos que con mucha suerte debieran confluir en el punto exacto necesario que permita a uno de sus miembros establecer una comunicación con un tipo llamado… Norberto.

Norberto es un buen hombre, ni leído ni instruido; por decirlo pronto, apenas sabe leer; es fuerte, enjuto y seco, pero formado en los rigores de la vida en el campo, en las frías mañanas de los jarales y la lluvia y en la rebusca de cualquier cosa que crezca o se mueva entre los pinares del entorno.

A veces se ve rodeado de profesores y estudiosos que saben mucho de lo suyo, pero poco o nada de lo que sabe Norberto, que fue furtivo muchas veces en la caza pero también en resolver los asuntos cotidianos de la vida a la intemperie.

Ni él entiende a veces lo que dicen los profesores, ni los doctos eruditos comprenden a menudo cuando Norberto habla con voces desabridas y sentencia sobre pájaros, sobre la redoma, sobre nubes y vientos, sobre alimañas o sobre un pecio, en un idioma que a los forasteros les resulta intraducible e irreproducible.

Como aquella vez que, mientras trataban de calzar una lona sobre el remolque de un tractor para proteger de la lluvia su mercancía de leña, oyeron la voz de Norberto urgirle a uno de los biólogos del Parque al otro costado:

 

 “¡Jalalájalalámá…!”

 

…y los profesores que observaban la escena pensaron que Norberto adquiría de repente el don de lenguas de Pablo de Tarso otorgado por el Espíritu Santo y que hablaba ahora en alguna suerte de dialecto indescifrable, árabe, armenio, fenicio o tartésico…

Por cierto que en este mes y medio a Norberto le llegó el encargo ya tres veces de salir a cazar con un saco de yute un puñado de murciélagos para enviarlos a la capital. Y las tres veces se frustró el encargo.

No por culpa de Norberto, ni mucho menos. La primera vez volvió en un rato con dos docenas de ellos metidos en el saco, después de visitar una cabaña abandonada y escondida entre la maleza en la que Norberto acostumbra a pasar algunas noches desangeladas en las que el cansancio o la nostalgia de su infancia y de sus tiempos mozos le invitan a dormir en el bosque y a defecar detrás del árbol que solía utilizar para ese menester cuando era un crío. Pero el caso es que aquella vez hubo de soltarlos, porque en la oficina le dijeron que aún no estaban listos no sé qué permisos de Madrid.

La segunda vez pilló media docena y esta vez el encargo iba sin papeles e incluía atravesar el parque en un Land Rover y cruzar el río, hasta Sanlúcar de Barrameda, con una nevera de hielo seco especial, nitrógeno líquido a -78,5º C, que montaría discretamente y portaría las muestras de tejido celular de dos de los animales.

Allí le esperarían un oficial de la Marina de Guerra norteamericana y una patrulla de la Policía Militar de los marines que transportarían con urgencia la nevera con los restos de los animales hasta la cercana Base de Rota para despacharlos en un avión de la US Navy hacia el extranjero.

Nada debía saberse, pues se trataba, en realidad, de una misión encubierta y semi secreta, razón por la cual no le acompañaría ningún experto ni oficial del Parque, para disimular. La verdad es que fue una mandanga y una jugarreta para Norberto, porque como pretendían sacarlos sin esperar a los permisos, no querían, si eran descubiertos, que los acusaran de traficar con especies protegidas y, de este modo, llegado el caso, el marrón se lo comería el furtivo.

No resultó por pura mala suerte… La delegación gringa se detuvo en un control de carretera, entre Rota y Sanlúcar, debido a una redada anti droga que había montado por sorpresa esa mañana la Guardia Civil, como en tantas otras ocasiones en la zona.

Resultó que, entre los muchos vehículos detenidos para su registro, justo el que paró delante de la patrulla era el de unos narcos y aquello demoró la operación hasta aclarar si el resto de vehículos formaban parte del menudeo.

Ya digo, pura mala suerte, pero dos horas y media después, cuando al fin los yanquis lograron alcanzar Bajo de Guía, en el punto de encuentro previamente marcado con el enlace, o sea, con Norberto, se encontraron a un Norberto que, aburrido de esperar, se había sumado a un flamenqueo que se improvisó en la taberna del Corba, en la plaza de la Señorita Sudor, y en la que El Melleto, que iba hasta la bola, se cantiñeó de lujo y despacito por fandangos y por seguiriyas entre muchas palmas, gañoteos y trasiego de manzanillas.

Pero en un descanso y un despiste del Norberto, que fue a aliviarle el agua al canario en medio de aquella fiesta, El Melleto quiso averiguar si en la nevera misteriosa y extraña, de la que el Norberto no se había alejado un palmo durante todo el tiempo, su amigo llevaba manzanilla y botellines fresquitos para algún paseo por el parque con alguna visita oficial y, al encontrar unas bolsas raras incrustadas en el hielo, pensó que serían polvitos blancos de la risa o algún marisco…

El caso es que El Melleto, sin saberlo y sin mala intención ninguna, destrozó las muestras de tejido celular embalsamadas por los especialistas y cuando los gringos aparecieron en el bar, el Norberto alegó como pudo que, al abrir el recipiente, por si se estaba derritiendo el hielo con tanta espera para rellenarla con el hielo del marisco, los murciélagos habían salido volando en dirección al parque porque allí de tanto esperar, estaban “arresíos”…

Eso dijo y los americanos no se enteraron ni de media, pero dieron la operación por abortada y aprovecharon la ocasión y el rato para que El Melleto desgranara unas alegrías mientras a los americanos, con cara de boniatos, les servían unos cafés en la barra del Corba.

La última vez que recibió el encargo, el Norberto se encaramó a un ventanal del Palacio de las Marismillas y sacó de detrás de una persiana un puñado de aquellos bichos, con tan mala suerte que el más pequeño de la familia durmiente le mordió en un dedo al intentar introducirlos en el saco.

Fue igualmente para nada, porque aún estaban desinfectándole la herida que el Norberto ya de todos modos se había chupado generosamente a modo de cura de urgencia, cuando un biólogo de la oficina se acercó a comunicarles que aún faltaban firmas en Madrid, concretamente del Comité de Bioética del CSIC y del Ministerio de Sanidad, para autorizar el despiece y traslado de los tejidos, y que aún había que firmar varios protocolos entre el INTA, AENA, el Ejército del Aire y la empresa de transportes Fedex para proceder con garantías al traslado coordinado que les permitiera el envío debidamente autorizado.

Al parecer, la posibilidad de que el transporte se efectuara en una aeronave de la US Navy y con tripulación americana en vuelo directo desde Rota a Nueva York, había sido finalmente desechada por el Ministerio de Exteriores, que en un ataque de hiper dignidad y de prurito o de soberbia había decidido de repente, para complicarlo todavía un poco más, sumarse a la compleja burocracia desatada, de modo que tendrían que estar preparados para cuando lo ordenaran desde el Ministerio de Defensa en coordinación con… el Instituto de Conservación de la Naturaleza de la Junta, el Comité de Bioética del CSIC, el Departamento de Sanidad Animal de la Consejería de Agricultura, Pesca y Desarrollo Sostenible, el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, aprobación de las medidas adoptadas conforme al protocolo de Nagoya para exportación de tejidos biológicos, Alto Estado Mayor del Ejército del Aire, el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA), Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea (AENA), la compañía privada de transportes Fedex, la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y… el Norberto.

 

¿Acaso puede algo salir mal?

 

Sólo es cuestión de un poco más de tiempo… ¿Dos meses? Sí, depende, tal vez un poco más. La pandemia puede esperar. El desenlace en el próximo capítulo…

(Continuará)

Dos “murciégalos” en Nueva York. Capítulo I

Dos “murciégalos” en Nueva York. Capítulo II

Dos “murciégalos” en Nueva York. Capítulo III




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *