Vías económicas actuales de Sevilla: el turismo y ¿la industria?  

Nuestra economía iba camino de ser boyante, los sevillanos de a pie se venían quejando a diestro y siniestro de los turistas, les daba igual que fuesen de nuestra amada patria o de tres patrias más lejos. 

Éstos, abarrotaban nuestros monumentos, nuestras calles y plazas del centro, y para colmo de los colmos, nuestros bares y restaurantes. 

No nos engañemos, lo más duro para los sevillanos ha sido (y es) que nos desplacen de nuestras emblemáticas barras y locales de restauración.

Fuimos (y somos) intransigentes, egoístas, protestones, insolidarios… resulta que no nos venía bien tanta gente de fuera en nuestra ciudad. ¡Valientes ignorantes! Nuestra ciudad, que es una maravilla, tanto por sus monumentos, museos, calles y plazas, amén de su río, es una ciudad que nos guste o no, no tiene otro tipo de industrias.

Y entonces llegó el Covid, ese extraño (y peregrino) virus que comenzó a afectar a la lejana China y que todos  percibíamos remoto, ajeno y más que improbable que viajara  a las puertas de la Unión Europea… qué ingenuos fuimos. 

Con la alerta sanitaria se clausuraron todos los negocios a pie de calle, y los bares y restaurantes, nuestro pulmón económico se vino abajo. La posterior apertura de negocios hosteleros fue lenta y con aforos limitados, la hostelería sevillana ha pasado por su mayor debacle desde sus comienzos, ha sido el sector más castigado y empobrecido, ha mandado al paro (y a los Eres) a muchísimas familias que vivían directa o indirectamente de ellos (vengo a recordar ahora el de los proveedores de vinos y viandas, por ejemplo).

Entonces vuelvo a reflexionar sobre la casi única fuente de riqueza de Sevilla, el turismo y la falta de tejido empresarial (cultural, agrícola…) de Sevilla.

La culpa pues habrá que buscarla en los muchos años desde nuestra autonomía andaluza y en la política e inversiones manejadas por las distintas administraciones. 

Esto quiere decir que ya es hora de poner solución a esta dependencia de la “industria turística”, que las distintas administraciones públicas deben invertir y subvencionar proyectos industriales, culturales, agrícolas, ganaderos… que nos hagan ser menos dependientes del turismo (del que creo es muy necesario y estoy a favor, que conste)

Hoy  sabemos que un pequeñísimo microorganismo es capaz de plantar un stop a la economía mundial en pleno  siglo XXI, que no somos ni estamos libres, desgraciadamente de que la historia se pueda repetir, una mutación del mismo Covid u otro patógeno cualquiera. 

Ya  estamos viviendo esta experiencia de la pandemia y no podemos caer ni en el simplismo  de creerla vencida (o que esto ha sido una “raya en el agua”), ni en la desmoralización de que esto pueda ocurrir muchas veces más en nuestras vidas. Nadie olvidará (ni debe hacerlo) esta situación que nos ha afectados psicología, moral, familiar y económicamente.

Aprendamos pues a rentabilizar los buenos momentos (que están llegando), no critiquemos a la fuente económica actual llamada turismo, y avancemos con las administraciones (sean de las siglas que sean) a lograr otras vías de riqueza (industrial, básicamente) para nuestra querida ciudad, ya hemos asimilado que no se puede jugar a una sola carta.

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