Los políticos del cambio climático y sus divulgadores buscan borrar de la faz de la tierra la huella humana. Bueno, tal vez sea exagerado decir que buscan eso, más bien creo que buscan lo que siempre han buscado los que se han sentido amos de la humanidad, dominar a la gente por el miedo. El miedo nos paraliza, nos hace dóciles frente a los psicópatas de turno, esto es una constante en la historia de la humanidad.
Los psicópatas que en la actualidad ejercen de líderes políticos de cualquier signo e ideología y frente el avance de la ciencia y del acceso a la cultura de la población occidental, en los últimos ochenta años, se empezaban a encontrar sin mecanismos que les permitieran manipular, con facilidad, a la población. Es como si después de la II Guerra Mundial ya no hubiera dioses y tenían que crear algo que los supliera para poder seguir inoculando el miedo. Echaron un repaso sobre la historia antigua a ver si encontraban alguna idea y se toparon con la de Enlil, el dios sumerio, señor de los cielos y la tierra, del aire y del viento que aparece el «Poema de Gilgamesh» y en el «Codigo de Hammurabi», textos que datan, más o menos, de 3.000 a.C. A Enlil la humanidad le resultaba muy molesta y decide castigarla con el primer diluvio universal que encontramos datado en el citado poema. La intención de los Dioses era destruir la humanidad.
Ahora, en 2024, los que se sientan en la ONU, tienen nombres y apellidos, como cualquier hijo de vecino, que en definitiva es lo que son, pero se creen dioses y bajo esa creencia se sacaron de la manga, en 1979, la primera Conferencia sobre el Clima, celebrada en Ginebra a instancias de la Organización Meteorológica Mundial ( OMM ), en torno al calentamiento global. Unos años antes, en 1974, se había iniciado el desmontaje de gran parte de la industria europea. Al Gore, un licenciado en arte, que fue Vicepresidente con Clinton, empieza a vender la amenaza climática en 1981. En Inglaterra se empiezan a cerrar las minas de carbón en 1984, a pesar de la huelga, que fue épica, se siguió adelante con el plan.
Desde la citada conferencia del cuento climático en 1979, no han parado de lanzar amenazas contra los, para ellos, malditos humanos y absurdas consignas para que nos vayamos plegando a su oscuro deseo de que nos vayamos extinguiendo en Occidente, donde cada año hay menos nacimientos de oriundos. Está claro que en África y en países del Islam el cuento lo venden menos, o de otra manera. ¿Podrían hacer que los países del Golfo Pérsico dejaran de extraer petróleo? Ni se les ocurre, semejante idea les jodería el negocio, los negocios, el climático también. En el África negra – esa a la que ahora llaman subsahariana, porque decir negra no es políticamente correcto – no pueden vender lo de llevarles de vuelta al neolítico, porque en muchos casos aún no han salido de él, razón por la cual, sus habitantes, llegan a nuestras costas a miles y en cayucos, tratando de alcanzar un pedazo de la civilización de la que disfrutamos, muy a pesar de los infames vendedores del cuento del cambio climático.
Todo esto que digo, viene a cuento de lo que pasa cada día, desde 1979 y muy especialmente por las barbaridades y falsedades que se están vertiendo desde todas las emisoras de radio y televisión de España y desde medios de comunicación digitales, a causa de la tremenda riada del 29 de octubre pasado en Valencia y otros puntos de España, por divulgadores del cambio climático, sin ninguna titulación científica. Uno de estos peligrosos divulgadores del cuento climático es un ATS, Miguel Aguado Arnáez, que se ha convertido en la salsa de todos los programas, pontificando sobre el cambio climático que él mismo vende desde una empresa de asesoramiento, climático, a empresas que quieran ajustarse a las premisas cuentistas de la insostenible sostenibilidad. Este figura pincha culos, desde la web de su empresita climática, nos dice que nos quiere a todos convertidos en hojas, secas, naturalmente. El pincha culos, desde la Sexta echa la culpa de la riada de Valencia a los negacionistas, es decir, a los que le desmontamos sus cuentos y les podemos fastidiar su negocio. Desmontarle el currículo a el pincha culos, será motivo de otro artículo, dado lo extenso de la falacia de este pájaro oscuro.





