Dos días después de que pisotearan nuestra soberanía, en ese onírico mundo del gobierno de España, se afirmó que en Ceuta se vive con normalidad, llamando a evitar miedos absurdos y culpando a la extrema derecha de todo lo que ocurre, si es que ocurre algo, porque según ellos no ocurre nada.
Y es que, aunque haya miles de personas deambulando por las calles en condiciones deplorables, no pasa nada; aunque las playas se hayan convertido en improvisados barrios de chabolas, no pasa nada; aunque se hayan tenido que duplicar los turnos de los servicios de limpieza, porque como es lógico, cinco mil personas tienen que evacuar en donde sea, dando lugar a olores y/o problemas sanitarios, no pasa nada; aunque la sanidad esté colapsada tirando de voluntariado para poder atender a los pacientes, no pasa nada.
Todo es normal y el que diga lo contrario es un fascista, racista y xenófobo. Si la Guardia Civil confirma 15 violaciones en Ceuta desde la invasión, al menos cinco de ellas a menores de 14 años o la detención de un inmigrante con antecedentes por terrorismo buscado por la Interpol, es fascista y miente; si los sanitarios denuncian la saturación de la sanidad atendiendo por médico a una media de 500 pacientes y advierten de la posible propagación de enfermedades epidemiológicas propias del siglo XIX, como la sarna, el sarampión, el tétano o la tuberculosis, son fascistas y mienten; aquellos que plantean la posibilidad de una denuncia por rapto de menores después de oír a Mohamed VI exigiendo a España que devuelva a Marruecos a todos los menas, porque son niños marroquíes, son fascistas y mienten.
Porque lo normal, en este país de paniaguados, mediocres y orlados ignorantes, la normalidad es estar de vacaciones simulando un gabinete de crisis moviendo un ratón óptico en un cristal y perder las piernas; la normalidad es la ausencia de las feministas de pro ante las violaciones de niñas mientras te llaman genocida si no defiendes a Gaza; la normalidad es gastarse 70000 euros para ver un eclipse mientras España arde y Ceuta está pidiendo ayuda, que en este caso, aunque la han pedido, no los han escuchado; la normalidad es que la “menistra” de sanidad evite oír a los sanitarios, de la orden explícita de dar sólo los datos de los inmigrantes atendidos, excluyendo, por tanto a los ceutíes, para poder afirmar que en Ceuta no hay colapso sanitario de ningún tipo; lo normal es que a los miembros de nuestras fuerzas de seguridad se les revoquen los permisos y se les alimente con un rancho vomitivo mientras nuestros dirigentes inundan las redes con chorradas, playlist, viajecitos y lecturas desde su lugar de retiro donde recuperar las fuerzas perdidas por el ímprobo trabajo desarrollado a lo largo de todo el año.
Saben qué sería lo normal, que dijésemos basta de una puñetera vez.
Dejemos de ser ovejas y empecemos a morder. Al principio nos costará, pero luego le cogeremos el gusto y nos alegraremos de habernos convertido en leones.
Sólo así podremos decir que es el inicio de una era y el renacimiento de un país.
Fin de una era. Fin de un país.
…¿Ven?, siempre hay algo que decir




