Una de las comarcas de Huelva quizás menos conocida por los sevillanos es la de su cuenca minera, debido entre otras razones a la dificultad de acceso por carretera, herencia secular en una provincia donde a principios del siglo XX no había un solo kilómetro de carretera asfaltada.
Varios años de la lejana década de los ochenta del pasado siglo, los pasé visitando con frecuencia La Granada de Ríotinto, pequeño pueblo entre Higuera de la Sierra y Campofrío, y desde esta última localidad a Nerva, corazón de la cuenca minera, muy cerca de El Campillo, cuna de nuestro admirado futbolista Fermín, goleador en estas olimpiadas de París. De ahí me viene una relación personal con varios amigos de esa comarca y mi interés por todo lo que por allí sucede.
Viene al caso esta introducción porque hace unos días apareció en prensa una de esas noticias que a uno no le gustaría nunca leer, pero que reflejan bien a las claras la nefasta situación que atraviesan algunos municipios en España. Me refiero a la quiebra técnica (situación que se da cuando cuando el Activo es inferior al Pasivo exigible y, en poco tiempo, no se dispone de fondos suficientes para hacer frente a los pagos, o dicho en román paladino, incapacidad para hacer frente a las obligaciones contraídas ni siquiera vendiendo todos sus bienes) del ayuntamiento de Nerva.
Estamos ante un pequeño municipio onubense de poco más de cinco mil habitantes, que acumula una deuda de 11,9 millones de euros, una cantidad inasumible que pone en peligro incluso el pago de las nóminas. El diagnóstico es el mismo para tres auditorías elaboradas por la propia intervención municipal, la Diputación Provincial y una entidad independiente con tratada por el Ayuntamiento, que ha tenido mayoría del PSOE desde 1987 hasta 2023 (¡36 años!). En la cifra anterior no se incluyen ni los intereses de demora ni la deuda de las sociedades municipales.
¿Cómo se ha podido llegar a esta situación? De entrada, cuando no se da la sana alternancia en una institución, ya sea municipal o autonómica, la tentación de considerarla en propiedad para unas siglas es evidente. ¿No eran conscientes los habitantes del pueblo de lo que estaba ocurriendo en su ayuntamiento, o miraban para otro lado porque los gestores eran “de los nuestros”?
La situación se ha destapado cuando ha cambiado de signo el partido gobernante, y ahora se solicita la intervención de la Consejería de Justicia, Administración Local y Función Pública para que tape el agujero, que al final acabaremos pagando entre todos, sin contar con las posibles prácticas delictivas e irregularidades contables (la contabilidad municipal era un farsa: facturas que no aparecen y otras duplicadas) de las que se ha dado cuenta a la Guardia Civil y a la Oficina Anti fraude de la Junta de Andalucía.
¿Qué hacía el interventor municipal, figura que hay en todo ayuntamiento para controlar que los gastos y las inversiones respondan a criterios legales? Pues que el puesto de secretario (debe ser un graduado en Derecho) y el de interventor (experto contable), lo ocupaba la misma persona, algo que no debe ocurrir, dándose la circunstancia de que quien ocupaba el puesto no estaba capacitado legalmente para ninguno de esos cargos. Por cierto, en mi experiencia como profesor, me he encontrado con alumnos de último curso de ADE (Administración y Dirección de Empresas) y de FICO (Finanzas y Contabilidad) que desconocían la existencia de la figura del interventor.
El caos es tal, que la interventora contratada para afrontar el ajuste y la puesta al día ha presentado la dimisión al poco tiempo de empezar su trabajo, pues, de entrada, el ayuntamiento carece de inventario de sus bienes y las últimas cuentas aprobadas son las de 2019. Hay un dato que resulta llamativo: en una situación como la descrita, el nuevo equipo de gobierno se encontró con que había cuatro máquinas trituradoras de papel en las dependencias municipales ( ).
Desgraciadamente, la mala imagen del municipio se ha visto agravada con la reciente desaparición de al menos una treintena de cuadros del Museo de Arte Contemporáneo de la localidad, dependiente del Consistorio, habiéndose localizado varios de estos cuadros en la vivienda del que fuera director del museo en la anterior etapa socialista ¡cuando la viuda puso su casa en venta en el portal Idealista.com y aparecían algunos cuadros en su salón!
El descontrol del Museo ha llevado a estimar en unas cien obras las que están desaparecidas, sin contar las que se hallan en mal estado de conservación, arrumbadas en habitaciones que no reúnen las condiciones mínimas exigidas.
Abuso (hacer uso de algo de modo indebido), desfalco (tomar para sí un caudal que se tenía bajo obligación de custodia) y latrocinio (fraude, especialmente el que se comete contra bienes públicos)… ¡Cuánto daño ha hecho y sigue haciendo aquella frase de “El dinero público no es de nadie” (Carmen Calvo dixit, 2004).
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Anonadado, ojiplático, patidifuso, indignado, asqueado, no sé que adjetivo elegir para definir la reacción ante esta situación de la que, por cierto no tenía la menor noticia ni yo ni supongo que la mayoría. Realmente, aunque se explique como se ha llegado a esta situación, lo que no se comprende ni justifica es que no haya mecanismos de control para evitar que una corporación pública llegue a estos extremos. La culpa no es sólo de los que han provocado esta situación, sino del sistema que lo permite……. Personas que ocupan puestos para los que no están cualificados ¿? Interventor y secretario al mismo tiempo ¿? Suena a república bananera, caciquil y cortijera, de tiempos que dicen que hemos superado. Triste España. Feliz fin de semana¡¡¡¡