Recientemente se ha presentado en Sevilla la plataforma NEOS, que supone todo un halo de esperanza para aquellos que tenemos como prioridad en nuestro horizonte la restauración de los valores tradicionales y en este sentido, el nombre elegido no es en absoluto casual sino que hace referencia a las siglas de los cuatro puntos cardinales (Norte, Este, Oeste y Sur), teniendo como símbolo una brújula en un intento de que la sociedad recupere ese norte moral que ha perdido después de que las élites progresistas se hayan ocupado de invertir la escala de valores.
NEOS cuenta con rostros que se han caracterizado por su coherencia y valentía política, motivo por el que fueron defenestrados por su propio partido, algo que es moneda común en una España en la que no gustan ni los mesoneros simpáticos ni los políticos que dicen la verdad. Este es el caso de Jaime Mayor Oreja, que se retiró de la política y renunció a una tercera candidatura europea en 2014 cuando el PP se lo propuso para no hacer campaña contra Santiago Abascal y Ortega Lara, que representan las razones por las que estuvo en política, del mismo modo que años antes denunció la continuación de un proceso de rendición ante ETA que se ha saldado con el regreso de los terroristas a las instituciones bajo las siglas de Bildu, un proceso del que el PP era parte, motivo por el que le ordenó guardar silencio y cuando se negó a ocultar la verdad, le dejaron solo.
Otro ejemplo de esa decencia política que cada vez más escasea en la política activa es sin duda alguna María San Gil, que perteneció al PP allí donde representar esas siglas suponía jugarse la vida, algo que hizo después de que asesinasen a Gregorio Ordóñez ante sus propios ojos, renunciando a un cargo por principios cuando su partido decidió virar en sus principios fundacionales en aras de conquistar el poder a cualquier precio.
La tercera figura de relieve es la de Alejo Vidal-Quadras, sacrificado por Aznar en el Pacto del Majestic con el cacique Pujol, renunciando a que el PP fuese una alternativa verdaderamente nacional en Cataluña al condenar al ostracismo al único político de relieve que de manera profética alertó de la deriva secesionista del nacionalismo, abogando por acabar con la prima que se le concedió en su día por una clase política cargada de complejos.
Siempre he creído en tres ideas troncales que aglutinadas repercuten en una sola: por un lado, una idea liberal de reducción del peso del Estado, por otro, una idea conservadora de defensa de la vida y la familia y, por último, una idea nacional de reversión de la dinámica de disgregación iniciada por las autonomías, y veo que de la mano de VOX dos de esas ideas están representadas en el panorama político, pero no así la defensa de la vida, la familia y los valores cristianos, que si bien es cierto que VOX los defiende de manera intachable, es evidente que no ocupan un primer plano en su discurso político, posición que ocupan la defensa de la unidad nacional, la lucha contra la inmigración masiva y la defensa de la propiedad privada frente a los okupas. Esta situación es consecuencia de que la base social que respalda estas ideas es minoritaria y rara vez decanta el voto en una elección a diferencia de países como Hungría y Polonia.
Thatcher y Reagan demostraron ser grandes políticos porque fueron conscientes de que para que sus políticas tuviesen éxito a largo plazo necesitaban una base social que las respaldase, motivo por el que posteriormente Tony Blair no sólo no derogó las políticas de Thatcher, sino que se convirtió en el mejor continuador de las mismas. En este sentido, se necesita crear un segmento social en torno a los valores cristianos que forjaron la civilización occidental, sustentada sobre la libertad individual, la dignidad intrínseca de la persona, la igualdad hombre-mujer y la propia separación Iglesia-Estado, unos valores sobre los que Occidente debe reafirmarse frente a la dictadura del relativismo de la que es víctima.
No se puede construir un sistema moral sólido si no se parte de lo más básico como es la santidad de la vida humana frente a una sociedad hipócrita que rechaza la pena de muerte pero presenta como un derecho aplicarla a sus miembros más indefensos como son los niños no nacidos, una sociedad que se rasga las vestiduras ante la sola posibilidad de que alguien plantee que un violador sea condenado a muerte y de manera hipócrita pide que se aborte como si fuese responsable de su origen a un niño fruto de una violación, que también es el hijo de una víctima, algo que no nos debe extrañar entre amplias capas de población que ven como un método anticonceptivo más la liquidación de infantes en el vientre materno, considerando que unos instantes de placer valen más que una vida humana. Ya lo dijo el propio Papa Francisco: “¿es lícito contratar a un sicario para deshacerse de un problema?”.
La institución familiar está siendo atacada para debilitar al hombre y convertirlo en un ser desarraigado y a merced del adoctrinamiento estatal, que busca forjar una masa hedonista y relativista en una sociedad que antepone lo material a lo espiritual, algo que está consiguiendo con un éxito notable, ya que a pie de calle apenas se habla de las eternas categorías morales de bien y mal, correcto o incorrecto, sino que las personas son categorizadas por la vulgar clasificación de “listo” o “tonto”, de modo que el primero es aquel que busca su beneficio a toda costa, incluso a base de perjudicar a los demás (que en no pocos casos es visto como algo lícito) y el segundo es aquel que no lo hace.
Como dijo en su día San Juan Pablo II: “la familia es base de la sociedad y el lugar en el que recibimos los valores que nos van a acompañar el resto de nuestra vida”, lo que explica la liberticida frase de la ministra Celáa diciendo que los hijos “no son de los padres”, lo que implica decir que son del Estado en una funesta declaración que socava de manera frontal un derecho fundamental recogido en la Carta Magna como es la libertad de enseñanza, que los padres pueden elegir atendiendo a sus convicciones religiosas y morales, pero los propósitos ocultos de la ministra socialista se expresan en palabras de Lenin, ya que el padre del totalitarismo soviético dijo de manera reveladora: “Si queréis que domine un pueblo, no me deis el Ministerio de la Guerra, dadme el de Educación”, tratando de imponer una moral única al servicio del Estado y de sus intereses.
Hoy vemos cómo tener un hijo se convierte en un derecho, en un capricho en el que se deja de lado lo más importante que es el interés del menor, abundando por puro egoísmo aquellos que quieren ser padres o madres solteras, que no dudan en ocasionar una carencia y hurtar al menor una parte del conocimiento que necesita para su desarrollo integral como persona, que es del universo masculino o femenino.
Nos dicen que el sexo es una construcción social, fruto de esa ideología de género que, legataria del marxismo decimonónico ha sustituido la lucha de clases por la lucha de sexos, afirmando sin fundamento alguno que somos aquellos que nos sentimos, de modo que si un hombre se siente lagarto sufrirá la misma discriminación que los impulsores de la ideología de género achacan al resto, pues según su misma retórica, “nadie les puede decir lo que se sienten”, llegando a extremos ridículos, sobre todo cuando tratan de imponer mediante el adoctrinamiento y las multas coercitivas sus anticientíficas tesis.
No es de extrañar que incluso en el seno de la ultraizquierda de Podemos se haya dado una confrontación entre los lobbies de la izquierda, en este caso, entre el lobby feminista y el homosexualista, ya que la líder del Partido Feminista Lidia Falcón ha abandonado Podemos en desacuerdo con la denominada “Ley Trans” de Irene Montero, señalando de manera atinada que si el sexo no existe y es (como dicen) una construcción social, el feminismo no tiene sentido.
Esta agenda ideológica radical y nihilista es el nuevo caballo de batalla de una izquierda que se ha quedado sin discurso tras la caída del Muro de Berlín, imagen gráfica del fracaso del socialismo, por lo que han convertido las demandas de minorías agresivas en reivindicaciones de derechos. No es de extrañar que alguien que en el pasado ha sido un político de primera fila del PSOE como Francisco Vázquez hoy sea uno de los rostros de NEOS, ya que no reconoce a esa izquierda a la que perteneció, que dejó de lado las políticas económicas y sociales que le diferenciaban para abrazar esa agenda.
NEOS es un instrumento imprescindible para agitar conciencias desde la base y dirigirse especialmente a los jóvenes, que son el futuro y los líderes del mañana, tratando que los debates que la izquierda pretende cerrar mediante mordazas ideológicas vuelvan a ser prioridad en la agenda de aquellos que deben hacerle oposición, por lo que se antoja imprescindible dar hoy lo que Mayor Oreja denomina la “batalla pre-política”.





