Esa sensación que nos invade, mezcla de dolor y de impotencia, cuando nos topamos de bruces con individuos que no tienen ni una pizca de empatía, cercanía, amabilidad, una sonrisa o simplemente educación (buena educación, que no urbanidad).
En esta etapa que nos ha tocado vivir, sin recursos laborales ni económicos para una gran mayoría de personas (cada vez más), en un momento histórico (con precedentes, por desgracia) en el que cada vez se intuye más la miseria en cualquier estamento social… ahora que los bancos de alimentos, los comedores sociales, los economatos benéficos y un largo etc de recursos gestionados, la gran mayoría, por la Iglesia, Cáritas Diocesana o las diferentes Hermandades de la ciudad ( en este caso Sevilla)… Me hago una pregunta, una pregunta que se repite cada mes, cuando me acerco al economato que nos ha estado ayudando con la compra básica en los últimos meses, una pregunta de difícil respuesta… ¿Dónde quedaron los cimientos de la Caridad, el Respeto y la Educación? ¿Por qué los voluntarios que están allí prestando sus servicios, haciendo funcionar aquello, no sonríen y tratan a las personas con respeto?
En algún momento la moneda puede darse la vuelta… ¿Lo han pensado? Hoy soy yo la que necesita ayuda y respeto, pero mañana puede ser la persona que hoy no me respeta, la que puede necesitar mi ayuda y querrá también mi respeto, ¿verdad?…
Vergüenza, impotencia y mucha pena que por el hecho de no tener liquidez haya que «perder» la dignidad. Me niego a sentirme así, por muy por encima que se sientan ellos (que no todos) nunca olvido que Nadie es más que Nadie…
Hoy me he sacudido la arena de mis sandalias porque espero no tener que volver… ¿Qué harías Jesús de Nazareth en mi lugar?… Si mañana estoy yo ayudando no miraré por encima del hombro a nadie, sólo cada cual sabe su propia historia.





