El repunto de asesinatos de mujeres en pareja que ha tenido lugar desde la aprobación de la ley del “sólo sí es sí” de Irene Montero merece un mínimo análisis lógico, ya que carecemos de los datos pormenorizados para un análisis empírico. Un análisis realizado al margen del inútil dogma oficial, de que todos los crímenes son producto del machismo, y solo del machismo. Porque este empeño del poder en encasillar los hechos en el molde de sus premisas ideológicas, para utilizar estos hechos dramáticos como catalizador electoral, es el mayor impedimento que existe actualmente para tratar de corregir esas cifras de asesinatos. El segundo impedimento que existe proviene también de este poder político: la acumulación de leyes y procedimientos injustos que pueden llevar a algunas personas del sexo masculino a la total desesperación, como demuestra el hecho insólito de que hasta el 30% de los varones asesinos de sus parejas femeninas se suicidan a continuación. Pero de esto no se puede hablar.
En España, el feminismo de Estado ha invertido la lógica de todo proceso legislativo: en vez de investigar la pluralidad de causas de las muertes en pareja, y luego legislar en consecuencia, ha decretado a priori por ley -por la Ley de Violencia de Género- que todos los asesinatos de mujeres en el seno de la pareja son por causa machista, y nada más que machista. Esta reducción ideológica de la realidad al dogma impide, materialmente, conocer las causas, y por tanto impide reducir las muertes, si es que esto fuera posible, dada la irrelevancia estadística de estos hechos en el conjunto de la población española (que nadie piense que los asesinatos, los accidentes de tráfico, o los ahogamientos en piscinas, se pueden “erradicar”). Con el “maltrato” ha sucedido lo mismo, el Tribunal Supremo ha decretado, con su jurisprudencia, que toda actuación masculina que perjudique a una mujer es violencia machista, sin más consideraciones. Y esto incluye una deuda impagada, un cogerle las llaves del coche, mirarle el móvil, insultarla, etc. No puede existir otra causa de estos actos de “maltrato” que no sean la prescrita por la ley: el machismo. Con lo cual basta con ser denunciado para que cualquier varón se convierta automáticamente en machista para el Estado y su ingente aparato represivo, en el que se incluye -en estos casos- el propio aparato judicial. Da igual lo que haya ocurrido, se aplica el molde y caso resuelto. Con las muertes quieren hacer igual. Ignorada, ocultada deliberadamente la multiplicidad causal de estos delitos -como afirman infinidad de estudios, hasta del propio Ministerio del Interior- resulta del todo imposible prevenirlos. No existe ni la drogadicción, ni la enfermedad mental, ni el alcoholismo, ni la desesperación, ni la injusticia extrema, ni el inmigrante que por ser denunciado es devuelto a su país…. No existe nada que nos sea machismo. De modo que llevan décadas repitiendo la misma cantinela y, más que probablemente, empeorándolo todo. No digo yo que los políticos quieran que mueran mujeres para sostener su discurso, pero sí que a veces lo parece.
La violencia extrema no surge del poder, sino de su ausencia. La violencia extrema es la expresión de la impotencia extrema, por eso la inmolación es el terrorismo de los pobres contra un poder que los aplasta, y con el que solo se pueden igualar a través de una muerte compartida. La muerte es la tabula rasa que a todos nos iguala por debajo. La nueva ley del “solo el sí es sí” de Irene Montero y compañía, coloca al varón en una situación de tal vulnerabilidad frente a la arbitrariedad, que bien podría estar incentivando ese terrorismo suicida masculino como manifestación del pánico y la desesperación frente a la amenaza de “arruinarles la vida” porque sí, en el contexto de los conflictos de pareja. Hay ya muchos casos documentados en los que la desesperación tras muchas denuncias falsarias fue el detonante del crimen. Pero esto no se puede mencionar. Y no es que esto justifique el crimen, pero lo explicaría, si alguien quisiera realizar el mínimo análisis. Y eso ayudaría a prevenirlo. De hecho, el ministro Marlaska ha reconocido que los varones con denuncias previas de otras parejas tienen más probabilidades de matar y arruinarse también sus vidas. Su interpretación sui géneris es que estos malos reincidentes son los más malos de todos. Y los más tontos, habría que añadir. Pero no lo creo, lo más probable es que sean personas sensibilizadas por su experiencia traumática a la arbitrariedad de la represión del Estado. Conozco muchos casos de gente con síndrome de estrés postraumático después de una detención arbitraria por causa de su ex pareja. ¿Alguien estudió esto? No, que se sepa. Y si lo estudiaron, lo ocultan.
La letanía del discurso feminista sobre las muertes empieza a ser insoportable. Porque no solo criminaliza al varón ad infinitum, y persigue ahogar con el tabú cualquier atisbo de pensamiento crítico. También podría estar provocando lo contrario de lo que predica, el aumento de las muertes. Lo que conduciría a una nueva vuelta de tuerca contra los varones, lo que a su vez provocaría otro repunte de casos dramáticos, y por tanto otra vuelta de tuerca, y así toda una eternidad: el tiempo exacto que los políticos falaces de turno aspiran a permanecer en el poder.





