Con el anglicismo minijob que, curiosamente, no se originó en un país de habla inglesa, sino en Alemania, se hace referencia a una modalidad de empleo de corta duración o baja remuneración, que cuenta con un régimen fiscal y de seguridad social simplificado. Bajo el gobierno del canciller Gerhard Schröder, se aprobó la llamada reforma Hartz en 2003, que tenía como objetivo flexibilizar el mercado laboral, reducir el desempleo estructural y aflorar la economía sumergida (el trabajo «en negro»), permitiendo que las personas tuvieran empleos legales de pocas horas sin perder ciertas ayudas sociales o pagar altos impuestos.
A diferencia de Alemania, en países como España no existe una figura legal llamada «minijob«, pero el término se utiliza con frecuencia para referirse a la precariedad laboral o a contratos a tiempo parcial, con salarios muy bajos que no permiten la autonomía económica.
En este contexto suelo hablarle a los jóvenes estudiantes mayores de edad de la importancia de contar con una experiencia laboral en ocupaciones que reporten unos ingresos recurrentes, que complementen las asignaciones que pueden recibir de padres y abuelos, y que les hagan tomar conciencia del valor del dinero ganado con esfuerzo y sacrificio. Hay quienes se ven abocados a ello por los escasos salarios de sus progenitores, pero también les resulta provechoso a aquellos que viven de una manera desahogada por tener las espaldas cubiertas por sus padres.
Así, por ejemplo, trabajar durante el verano es mucho más que una forma de ganar dinero; para un joven, representa el primer contacto real con el mundo adulto y una oportunidad de crecimiento acelerado, que cuenta, entre otras con las siguientes ventajas:
Desarrollo personal y responsabilidad: el cambio de mentalidad que se da entre «ser estudiante» y «ser empleado» es profundo, pues se adquiere cierta independencia financiera, se conoce el valor del dinero (no es lo mismo gastar el dinero de los padres que el que ha costado horas de esfuerzo propio); se ejercita la gestión del tiempo, se vive con horarios estrictos y se organiza la vida personal en torno a una jornada laboral (disciplina); se gana en madurez, pues hay que enfrentarse a situaciones reales, resolver problemas y asumir las consecuencias de los errores propios, sin perder de vista la ética. En resumen, se gana en autoconfianza y en autoestima.
Adquisición de «soft skills» (habilidades blandas): competencias que no se aprenden estudiando, pero que son vitales para cualquier carrera profesional, como atender a un público, ejercitarse en el trato con diferentes tipos de personas, incluso cuando son difíciles; trabajar en equipo y entender que los resultados dependen de la colaboración con otros compañeros (que no han sido elegidos por uno mismo); expresarse verbalmente con soltura, saber transmitir ideas con claridad y profesionalidad.
Mejora del Currículum (CV), incluso si el trabajo de verano no tiene nada que ver con lo que se estudia durante el curso, las empresas lo valoran positivamente, pues demuestra iniciativa (un joven que trabaja en tiempo de vacaciones proyecta una imagen de persona activa y con ganas de superarse); experiencia acreditable, pues proporciona referencias laborales tempranas que servirán para futuros empleos más cualificados; amplía la red de contactos, al conocer a personas de otros entornos distintos al estudiantil que pueden abrir puertas o dar consejos valiosos en el futuro.
Orientación Vocacional: a veces, el trabajo estival sirve para descubrir qué es lo que realmente gusta (o qué es lo que definitivamente no se quiere hacer), pues se toma contacto con la realidad (permite ver cómo funcionan las empresas por dentro); descubrimiento de talentos, pues el joven puede mostrar que es muy bueno en ventas, en organización o en tareas técnicas que desconocía hasta ese momento.
Por supuesto, es importante que el trabajo sea legal y que respete los derechos del menor o joven, asegurando que la experiencia sea constructiva y no una fuente de estrés excesivo.
Hay quienes dedican el tiempo de Navidad a reforzar tiendas y grandes almacenes con contratos de corta duración, y otros que dedican varias horas a la semana a ganarse un dinero que no le quite tiempo para su formación académica: dar clases particulares a niños o a alumnos de cursos anteriores; árbitros de cualquier modalidad deportiva (fútbol, baloncesto, balonmano, hockey, natación, etc.) previa obtención de la licencia federativa; cáterin en eventos, previa obtención del carnet de manipulador de alimentos; cuidador o cuidadora de niños para ciertas horas u ocasiones, etc.
Cada vez son más los jóvenes que obtienen el título de socorrista en primeros auxilios para ser bañistas en piscinas, vigilantes en las playas o monitores de Parques Acuáticos, así como quienes se examinan del nivel B2 en un idioma para poder trabajar de au pair en el extranjero, como dos ejemplos paradigmáticos del trabajo en verano.
Si tienes hijos, sobrinos o nietos y estás leyendo este artículo, te agradecería que se lo reenviaras para ver si se animan. Los barcos no se construyen para quedarse en el puerto; los barcos se hacen para navegar (John A. Shedd).
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





