La primera vez que leí el término anglosajón Mini jobs (mini trabajos) iba referido a tareas realizadas por jubilados alemanes que les suponían una pequeña fuente de ingresos y que complementaban su pensión, tales como reponedores en supermercados, colaboradores en pasos de peatones próximos a colegios y guarderías, vigilantes en recreos escolares, …
Me pareció una magnífica iniciativa, toda vez que sentirse útil, y si además se obtiene una gratificación por ello (monetaria o no) es algo que se agradece cumplida cierta edad, donde a los ojos de los demás eres un jubilado “pasivo”, pero a los de uno mismo nos parece que aún nos queda mucho que entregar.
En el polo casi opuesto de la vida, todos hemos vivido ese período en que aún estás estudiando pero muchos nos vemos impelidos a obtener unos ingresos extras que mejoren esa paga de los padres, la cual se nos va quedando corta para nuestras necesidades cotidianas.
Vivimos días en que muchos alumnos que se han examinado de la EBAU (antigua selectividad) se plantean qué hacer en el, hasta ahora, verano más largo de su vida con su recién estrenada mayoría de edad, en muchos casos. Desde estas líneas, y cómo no, a todos los universitarios que afrontan los meses de estío con el horizonte del inicio del próximo curso en septiembre, les invito a ser proactivos en julio y agosto, porque en las futuras entrevistas de trabajo o en la lectura de sus currículum, no mirarán tanto sus calificaciones como lo que hicieron además de obtener un título.
En primer lugar les animaría a obtener el grado B2 en un idioma (el B1 prácticamente es común en cualquier estudiante de grado medio, y si no lo tienen ya van tarde) , y si ya lo poseen, el B1 en otro. Los idiomas han dejado de ser una asignatura para convertirse en un complemento imprescindible. Escuchen películas en versión original para hacerse el oído y no dejen de practicarlo.
Una forma muy completa de aprender idiomas por inmersión en la cultura del otro país, es trabajar como baby-sitter cuidando niños a cambio de alojamiento y una retribución o de au pair, empleándose en una casa para prestar algunos servicios domésticos, como cuidar de los niños o darles clases de idiomas, a cambio de la alimentación y el hospedaje.
Dada la nula formación sanitaria con la que salimos del bachillerato en nuestro país, les animaría a obtener el título de socorrista, en la Federación o en la Cruz Roja, como algo que a todos nos viene bien y abre las puertas para trabajar de vigilantes en playas, piscinas y parques acuáticos, trabajos veraniegos que no van a suponer merma de tiempo en los estudios.
El carnet de manipulador de alimentos no es difícil de obtener, y el contar con él abre las puertas para trabajar en hostelería, sobre todo en caterings que nunca van a faltar en los fines de semana en toda Sevilla y su provincia.
En estos dos meses de verano y algunas semanas de septiembre, se puede obtener el carnet de conducir en su modalidad B (automóviles), algo que si bien representa un desembolso importante en algunos casos, no debe contemplarse como un gasto, sino como una inversión, pues independientemente de tener coche o no, el hecho de contar con él ya es un valor añadido a la hora de buscar empleo.
A los amantes de los deportes les animaría a obtener el título de árbitro en cualquier modalidad (fútbol, baloncesto, balonmano, rugby, balón volea, etc.) Trabajar como árbitro supone ingresos recurrentes cada semana, adquisición de nociones básicas de psicología, viajes por la provincia, etc.
No les aburro con más posibilidades, como colaborador con una ONG en el extranjero, voluntario en eventos internacionales o animador de grupos en campamentos infantiles o juveniles, porque la lista es muy amplia, pero insisto en que estos mini jobs hacen madurar a nuestros jóvenes al sacarlos de su zona de confort, y los enfrentan con realidades que no enseñan en ningún centro educativo: la dependencia de un jefe, el rigor de un horario, la severidad de unas normas, la relación con compañeros no elegidos y, sobre todo, el trato con un público.
A aquellos jóvenes que optan por la ocupación de no hacer nada y dejar pasar el tiempo sin pena ni gloria, les recordaría el pasaje de la “Divina Comedia” en que Dante y Virgilio se detienen en una antesala antes de adentrarse en los nueve círculos infernales. Allí están los tibios, gentes que vivieron sin gloria ni infamia: el cielo los rechaza porque no hicieron nada bueno, y el infierno no los quiere porque nada malo cometieron. En el fondo no hay vida peor que la del tibio atado a sus seguridades, mucho más si se tiene entre dieciocho y veinticinco años, la edad propia de los mini jobs.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Muy acertadas tus recomendaciones para el verano ! Siempre habrá jóvenes con ganas de trabajar gracias a Dios . Del resto….
Un cordial saludo
Gracias Alberto, por este artículo, con acertadas recomendaciones que sinceramente, algunas ni se me habían ocurrido, y de las que doy traslado a algún sobrinillo con edades «clavadas » a las que propones. yo mismo me dediqué a dar clases de inglés en mis jóvenes años antes de empezar a trabajar de forma más seria, y aprendí a valorar que un curriculum el empleador también tiene en cuenta, qué haces con tu tiempo libre.