Uno de las primeros conceptos que aprendes cuando estudias Economía es la diferencia entre Microeconomía (el estudio de la Economía en relación con acciones individuales, de un comprador, de un fabricante, de una empresa, etc.) y Macroeconomía (el estudio de los sistemas económicos de una nación, región, etc., como un conjunto, empleando magnitudes colectivas o globales, como la renta nacional, la inflación, el Producto Interior Bruto, las exportaciones e importaciones, etc.). La medición de esta última se vuelve bastante compleja, pues intervienen magnitudes difíciles de obtener salvo con muestras “representativas”, fuentes diversas en su origen y elaboración de datos y, para colmo, referidas a una fecha pero obtenidas en distintos momentos del tiempo.
Todo ello conduce a que esas magnitudes sean elaboradas por organismos públicos con técnicos muy especializados, como el Instituto Nacional de Estadística (INE) o el Banco de España, y además sean contrastadas por sesudos análisis de profesionales de los departamentos de estudio de los bancos más importantes.
Como herramienta fundamental se usa la Estadística, ciencia cuyo objetivo es reunir información cuantitativa concerniente a individuos, grupos, series de hechos, etc., para deducir de ello, gracias al análisis de estos datos, conclusiones precisas o previsiones para el futuro.
Usted, querido lector, como yo, me imagino que no entra a valorar la “veracidad” de las conclusiones que se le presentan periódicamente porque confía en la profesionalidad de aquellos que trabajan en ese campo, pero como ya nos advertía Mark Twain con la frase «mentiras, malditas mentiras y estadísticas», las estadísticas, si bien son una herramienta matemática poderosa, pueden ser utilizadas de manera engañosa para dar credibilidad a argumentos débiles. La expresión sugiere que las estadísticas, presentadas de forma astuta, pueden ser aún más persuasivas que las mentiras directas, por lo que se deben analizar con precaución.
Así, los sesgos estadísticos distorsionan los resultados de un estudio, haciendo que no representen de manera fehaciente aquello que se intenta estudiar. A diferencia de los errores aleatorios, los sesgos son consistentes y direccionales, lo que puede llevar a conclusiones erróneas. Pueden surgir de métodos de selección de la muestra, diseño del estudio, o análisis y recopilación de datos. Los más comunes son los siguientes:
Sesgo de selección: ocurre cuando la muestra no es representativa de la población general. Un ejemplo sería entrevistar solo a los asistentes al mitin de un partido político para conocer la tendencia de voto de los electores.
Sesgo del superviviente: Un tipo de sesgo de selección en el que se utilizan únicamente datos de los que han «sobrevivido» un cierto proceso, dejando fuera a los que no lo hicieron. El caso de una entrevista sobre el grado de satisfacción sobre un centro académico solo a alumnos que terminaron sus estudios.
Sesgo por omisión de variable: Se produce cuando un modelo o análisis ignora variables importantes que podrían afectar los resultados. Una encuesta a los aficionados de un equipo después de haber obtenido este el título de liga.
Sesgo de confirmación: La tendencia a buscar, interpretar y recordar información que confirma las propias creencias. Manejar únicamente preguntas relativas a los aciertos (o errores) de un gobierno.
Sesgo de financiación: Cuando los resultados de una investigación están influenciados por la fuente de financiación del estudio: ¿esta encuesta quién la paga?
Estaba en estas reflexiones cuando hace unos días apareció en prensa que Nadia Calviño, ex ministra de Economía y ex vicepresidenta del gobierno de España, economista del Estado por oposición para más señas, y actual presidenta del Banco Europeo de Inversiones, ha reconocido que trató de influir en las cifras de crecimiento económico español que presentaba el INE (ayudó al INE a nivel técnico para mejorar sus metodologías), algo ilegal en la Unión Europea.
Estos hechos ponen en duda la credibilidad de todo lo manifestado en esos años, en los que tuvo importantes responsabilidades económicas en el Ejecutivo, cuando presumía del repunte económico de España respecto al resto de países del bloque comunitario.
¿No es el INE un organismo autónomo e independiente? ¿No estamos ante prácticas prohibidas en Europa? Y lo peor es que sus manifestaciones no son fruto de un desliz en una entrevista, sino que han quedado recogidas en un libro que acaba de publicar, lo que hace aumentar las dudas, si cabe, sobre las rotundas afirmaciones estadísticas que se nos venden desde el gobierno sobre el repunte de la Economía española.
Como recientemente escribía Juan Manuel de Prada en un artículo sobre los datos, la función de las cifras facilitadas por la Estadística… no es otra sino distorsionar la realidad, respaldar ideas preconcebidas, facilitar ingenierías sociales y, en definitiva, oscurecer la verdad de las cosas. Juzguen ustedes mismos.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
El economista nos previene acerca de «inexactitudes de la Ciencia». Aboga desde sus observaciones por la necesidad de ética y deontología profesional y política. Lo difunde como alerta para que todo lector pueda evaluar este tipo de informaciones que suelen resultar «verdades a medias».
Felicito y saludo al amigo Alberto Amador Tobaja.