¿Tan difícil es de entender que nuestra Guerra Civil no es un choque entre fascismo y democracia sino entre dos fuerzas antagónicas que destruyeron la II República? ¿Por qué cuesta tanto asumir que ambas fuerzas eran de inspiración totalitaria? Sí, el comunismo que había fagocitado lo que quedaba de República fue derrotado por otra cosmovisión liberticida, pero eso no lo hace bueno. Simplemente Jack el destripador fue derrotado por Charles Manson, un asesino más hábil.
1- La II República, al menos desde 1934, no fue un régimen democrático. No fue, ni de lejos, homologable a las pocas democracias que entonces quedaban en Europa, como Francia o Reino Unido. El peor argumento para quienes aspiran legítimamente a una III República es tomar como ejemplo, faro y guía a la fallida II República, claramente fagocitada e instrumentalizada por el expansivo comunismo soviético de la época (en realidad de todas las épocas) y minada o cooptada por todo tipo de fuerzas que eran cualquier cosa menos democráticas. El Partido Nacionalista Español, la Falange, el Partido Comunista o incluso el PSOE bajo la ejida de Largo Caballero (el ‘Lenin español’) eran partidos declaradamente liberticidas. El ejemplo de aquella II República debería ahuyentar a los republicanos democráticos o a los de derechas, que también los hubo. Hay que abjurar de aquel fracaso colectivo y reivindicar otra cosa que en nada se parezca a aquel manicomio en donde se ensayaron las locuras mas brutales que estaban envenenando a toda Europa y que poco después ensangrentarían el mundo.
2- Durante la Guerra Civil se cometieron atrocidades y crímenes de guerra por ambas partes. El baile de cifras ha sido profusamente estudiado por la historiografía y no hay sustanciales diferencias. Por otra parte, poco me importa quién mató más. Lo sustancial es que se asesinó sistemáticamente en todos los lados y se hizo esgrimiendo razones ideológicas o religiosas. Ambos bandos tuvieron sus verdugos y sus víctimas.
3- La represión franquista de posguerra es indudable, como antes y durante la guerra fue indudable la represión republicana, muy especialmente comunista y anarquista (incluidas las purgas entre ellos mismos). En el supuesto de haber ganado la guerra los comunistas, la represión y las purgas probablemente habrían sido terribles, como por esas mismas fechas estaba sucediendo en la URSS durante los famosos ‘Procesos de Moscú’. La URSS era el modelo de Estado, no lo olvidemos, que inspiraba y apoyaba a la ‘inteligencia’ republicana. No, la II República no miraba al parlamentarismo francés o británico sino a la dictadura soviética. La II República había tomado partido por un modelo de Estado que aspiraba a destruir la democracia (¿qué fue sino el fraude electoral de 1936 o el asesinato de Calvo Sotelo?) y en realidad la destruyeron, eso sí, con la inesperada ayuda de Franco. Este aspecto me parece fundamental para deslegitimar la ‘leyenda áurea’ de la II República.
4- Franco ganó la guerra no solo por ser mejor militar y estratega (hay algún historiador que minimiza o niega esa capacidad), sino por haberse sabido rodear de un excelente Estado Mayor y por contar con un ejercito disciplinado y bien coordinado. Recibió ayuda de Alemania e Italia, es cierto, pero también la II República de la URSS y las Brigadas Internacionales. Y además Franco empezó la guerra con menos recursos y efectivos de combate.
5- La II República siempre ha contado con el favor de literatos, artistas e historiadores. Picasso optó por inmortalizar el bombardeo de Guernica, pero no el de Cabra, Oviedo, Granada, Zaragoza, Sevilla, Pamplona, Huesca, Toledo, Teruel, Talavera, Cáceres, Salamanca, Segovia o Burgos efectuados por la aviación republicana y con ‘Katiutskas’ soviéticos. Es obvio que pocos son los que simpatizan con un régimen dictatorial tan prolongado como el de Franco y creo que ello ha llevado a blanquear los desmanes de la República. Dicha ‘mistificación’ de la República parece que impide señalar los graves errores con los que finalmente se suicidó (el golpe de estado de Franco fue la inevitable puntilla a la bolchevización del país propugnada por Largo Caballero) y esa casi unánime ausencia de crítica a mí me resulta en extremo sospechosa. Si algún historiador se aventura a señalar sus defectos y crímenes, es automáticamente tildado de ‘revisionista’, un término claramente peyorativo dado que fue acuñado para denominar a quienes como David Irving justifican el nazismo. Cuestionar el carácter democrático de la II República no supone justificar el Franquismo. Resulta bastante enojoso tener que explicar esto.
6- Querer recuperar y reivindicar la memoria de las víctimas de aquella guerra es no solo justo sino imprescindible para cerrar las heridas que puedan quedar abiertas. Eso es algo que desde el punto de vista historiográfico y en la cultura popular (cine, comics, novelas…) lleva haciéndose mas de 40 años.
La Historia, sin embargo, exige un método científico y no se conforma con la ‘memoria’, que no es más que un simple almacén de pasiones y recuerdos, por muy fuertes y legítimos que los sintamos. La ‘memoria’ de la hija de Himmler sobre su padre es un recuerdo dulce, de un hombre cariñoso y sensible. El Himmler real – el histórico, no el memorístico – fue un asesino sanguinario, cínico, reprimido, hipocondríaco, servil, artero y mujeriego. Todos tenemos nuestra intrahistoria y es útil para forjar nuestro carácter pero no sirve para extraer conclusiones históricas. El tenor literal de la primera ‘Ley de Memoria Histórica’ era bastante aséptico en lo ideológico, pero ya llevaba el germen de la instrumentalización política de una guerra en la que ambos bandos defendían lo que hoy a una mayoría sensata creo que nos resulta indefendible: dictaduras de Ley y Orden o del Proletariado, pero dictaduras al fin y al cabo y por lo tanto incompatibles con la democracia que defendemos. Querer homenajear a las víctimas de un bando y olvidar a las del otro, no solo vulnera el espíritu de la propia Ley sino que produce el rechazo instintivo de cualquier espíritu ponderado que busque una reconciliación sin olvido ni revanchas. El Franquismo cometió el error de homenajear solo a ‘los caídos por Dios y por España’, pero el Franquismo era una dictadura. La nueva ‘Ley de Memoria Democrática’ sigue esa misma estela de la propaganda Franquista y es muy similar a la ley de memoria polaca que en su día también critiqué por pretender legislar sobre la historia. No sigamos el mismo patrón de una dictadura o de una democracia iliberal. No hagamos lo mismo pero a la inversa. No seamos Hutus o Tutsis. Una víctima es una víctima.
¿Es tan difícil de entender?






1 Comment
Le recuerdo que antes del golpe de estado de Franco hubo otra intentona de golpe de estado conocida como la «sanjurjada». Esta intentona fracasó y el gobierno republicano no aprovechó está situación para ponerse a fusilar a todos los partidarios del golpe militar, simplemente encarceló a los culpables y ya está. De esto se deduce que la represión de la que usted había en el caso de que el resultado de la contienda hubiera sido contrario no se sostiene.
También me gustaría recordarle que la guerra termina en 1939 pero los asesinatos no terminan con la guerra si no que continúan durante toda la dictadura, a sangre fría y son ningún conflicto que los justifique. Simplemente el ganador decide exterminar a la oposición.
Durante el período republicano a las elecciones concurrían partidos de derechas, de izquierdas, nacionalistas, independentistas y monárquicos, se les podía votar e incluso ganaron elecciones. Se permitía por tanto la libertad de pensamiento. Durante el franquismo ser de izquierdas era ilegal y se penaba con cárcel e incluso la muerte. Tener el carnet de afiliado a UGT, CNT o cualquier otra organización suponía privación de libertad.
En el mismo instante en el que se proclama la República, los reaccionarios empiezan a conspirar contra ella. Existen documentos en la embajada italiana en los que se demuestran contactos de los monárquicos con Mussolini y en los que se dice expresamente que se puede tolerar un sistema republicano pero que jamás transigirán con una victoria electoral de la izquierda, y así fue.
Podría darle un sinfín de argumentos más pero no lo voy a hacer porque usted los conoce perfectamente aunque haga como que no, solo añadiré una cosa más: los agresores no son equiparables a los agredidos. Si un agredido, defendiéndose, sala al agresor, es legítima defensa.