Llueve en la madrugada del treinta de enero de 1998. Las estrechas calles de Sevilla abrazan las gélidas horas siendo testigos impotentes y guardianes silenciosas, una vez más, de la historia.
En los portales, se refugian los gatos esperando la llegada del día y, en esos mismos portales, también se refugian las cobardes ratas que acechan cualquier presa.
Alberto y Ascen, caminan de regreso a casa en el silencio de la noche. A la mañana siguiente se conmemora el día internacional de la Paz y ella porta tres claveles en su mano para que los pequeños tres claveles de sus entrañas lo celebren en el colegio.
Muy cerca de casa, en la calle Don Remondo, las sigilosas ratas, con la complicidad de la oscuridad y el silencio de la noche, arrancan la vida de los dos, asesinándolos por la espalda, porque como declararon en su momento: “No sabíamos quién era la mujer, y por nuestra seguridad, le disparamos para que luego no nos reconociese” …
A él lo ajusticiaron por representar y defender la democracia y la Constitución, a ella por el simple hecho de ir con él.
Sobre los adoquines, a la 1:25 de la madrugada, la lluvia acaricia los inertes cuerpos y la muerte se acomoda tras sesgar una familia. Tres claveles yacen en el frío suelo mientras tres pequeños claveles aún duermen soñando con el día de la Paz, sin saber que esa palabra ya ha sido arrebatada de su vida para siempre y, para todos los que los querían, se ha dictado, en firme, una condena permanente no revisable.
Veintisiete años después, tras las tropelías de los sucesivos gobiernos con los buenismos y la venta a plazos por seguir en el poder, nada es lo que debiera ser. Las víctimas, ya sea desde el cielo o desde la tierra, suplican una memoria que no sea selectiva, claman por una justicia que no existe y se lamentan por una dignidad continuamente pisoteada.
Sólo piden tres palabras. Tres palabras que les proporcionen algo de aliento, de descanso y de esperanza.
Piden MEMORIA para ser capaces de recordar qué ocurrió hace ochenta y ocho años y no permitir que consigan que se olvide el dolor provocado por la barbarie cometida hace veintisiete años; memoria para homenajear en libertad a las víctimas; memoria para recordar quiénes fueron los corderos y quiénes siguen siendo los lobos; en definitiva, memoria para no olvidar, porque la única prueba fiel de nuestra existencia en algún momento de la historia es el recuerdo en la memoria de alguien.
Piden DIGNIDAD para no tener que soportar el escarnio continuo al que están sometidos por el abandono de las instituciones, permitiendo la veneración de los asesinos; dignidad para no tener que oír por parte de muchos dirigentes (algunos con compañeros caídos) que los ejecutores son hombres de paz llevados a esas circunstancias por la represión del sistema; dignidad para no tener que transigir con el hecho de ver cómo estos criminales se ven favorecidos en reducción de condenas o se les conceden permisos para pasar la navidad con sus familias; en suma, dignidad para tener la tranquilidad del respeto a todas y cada una de las víctimas, otorgando el descanso eterno de las que se fueron y el sosiego de las que quedaron.
Piden JUSTICIA para que la condena de los asesinos sea proporcional a la misma a la que están sometidas las víctimas, que no es más que, una condena permanente y no revisable; justicia para que cualquier acto de exaltación a los mismos sea prohibido; justicia para que cualquier partido que comparta mesa con los ejecutores sea ilegalizado; justicia para que cualquier dirigente que brinde o se beneficie a cambio de prebendas a los homicidas, sea cesado y juzgado; en resumen, justicia para intentar que jamás vuelva a repetirse la historia y que la Diosa de la justicia pueda, como mínimo, igualar su balanza.
Alberto y Ascen caminan por el cielo desde hace más de un cuarto de siglo con tres claveles en la mano, velando y protegiendo a aquellos a quienes querían, anhelando, para poder descansar eternamente, la aplicación del verdadero significado de tres simples, pero enormes palabras.
Por su inconmensurable sacrificio, por todos los que se fueron, por todos los que quedan, por todas y cada una de las personas de bien… MEMORIA, DIGNIDAD Y JUSTICIA





