Aquellas tremendas declaraciones, cuyo impacto ya casi hemos olvidado en medio de estos días de aconteceres unos trágicos, otros grotescos, del general de la Guardia Civil expresando, como quien no quiere la cosa, su obligación de “minimizar” todo ambiente de crítica hacia el gobierno, esas palabras son de las cosas imposibles de comentar, pues hablan por sí solas, y realmente, una vez oídas, pues, aparte de que muchos nos quedamos mudos, no hay ya nada más que decir.
Sólo un pequeño comentario colateral: Curiosamente, al digerir, si es que eso se puede, semejantes palabras monstruosas, indicadoras de que la dictadura ya ni hace por disimular, pues, paradójicamente, junto al horror, algunos sentimos un extraño atisbo de alivio. Algunas actitudes que nos resultaban desconcertantes, absurdas, disparatadas, adquieren ahora una explicación, aunque ésta sea abyecta.
Una de ellas, el bombardeo de mensajes llenos de alegría y felicidad. Los había más inocuos (como el: “Todo va a salir bien”, ¿bien para quién?), que por irritantes que nos resulten a muchos, hay que reconocer que se enmarcan dentro de la cultura del “pensamiento positivo” que ya nos inundaba antes de plaga alguna. Pero otros eran más perversamente finos.
Y los peores y más insidiosos, que se abrieron camino hasta en webs cristianas, eran los que expresaban la alegría ecológica, el gozo del planeta, que por lo visto se hallaba, “gracias” al virus, de enhorabuena.
Se puede entender un comentario irónico, hasta humorístico –y proferido en privado, pues en tribuna pública ahora toda carcajada sobra– referido a lo paradójico de que, en esta situación de pandemia y arresto, curiosamente hallemos algunos puntos “ventajosos”. Siempre los hay, en toda catástrofe y guerra. Julián Marías, con su sobria gracia, decía, evocando momentos del Madrid de la guerra civil: “Los que tenían dolencias de estómago se aliviaban, gracias a las vacaciones de que disfrutaba ese órgano”. Algo bueno siempre hay. Pero es de de toda obviedad que hay que decirlo resaltando lo irónico y paradójico y hasta trágico de esa molécula de “bondad” que sin querer se le escapa a un gigantesco monstruo de horror.
Pero los mensajes ecológicos recientes no lo expresan así. Hablan como de algo bueno en sí mismo. “En Madrid ahora se respira mejor”, afirmaban en el telediario. Pero, ¿quién tiene derecho a respirar ese aire? ¿El periodista acreditado, que lo goza él solo? ¿Y por qué eso va a ser una buena noticia para los arrestados? Una sociedad que exaltaba tan exageradamente la palabra Democracia, pues vaya democracia, en que hasta el aire se les quita a todos, a fin de que lo disfrute uno solo. ¿Por qué se tienen que alegrar los presos de que el carcelero respire un aire más puro?
Ah, sí, es que se ha inculcado tanto la adoración primitiva a la Tierra (dicen que son agnósticos, y profesan religiones anteriores al Génesis), que todo lo que oigan de “aire puro” y de aguas claras, es bueno en sí mismo aun cuando los humanos no lo disfruten; es más, mejor si los humanos no lo disfrutan, sino sólo los animales. Y repito: no sería criticable si estas noticias se dieran como expresando algo paradójico, y con melancólica ironía. Lo pasmoso es que no se dan así. Declaran por ejemplo que: “Al fin los delfines pueden nadar sin ser molestados por los humanos”, así tan serios, sin sarcasmo, sino como proclamando, muy serios y convencidos, una noticia de la que todos tienen la obligación de alegrarse. No hay ironía, no. Hay como una fanática sumisión; no nos importa dejar de existir, si con eso los pájaros son más felices.
Aparte ya de la sideral ignorancia de historia, incluída la historia de la Tierra, las edades geológicas, la evolución de las especies,… aparte ya de todo (inútil fuera intentar deshacer la enorme mentira de que el ser humano es dañino per se para el planeta. Es mentira, y demostrable con argumentos. Pero, ¿quién razona con fanáticos, que no les importa ni morir ni extinguirse con tal de que, según les dicen, la diosa Tierra esté más contenta…?), ¿a quién se dirigen esos mensajes de alegría por lo feliz que está la Naturaleza sin nosotros? Se dirigen a seres humanos, ¿no? ¿Y cómo esos seres humanos se alegran tanto de verse tan ninguneados? ¿Y cómo…?
En el milenio anterior, un teólogo apellidado Ratzinger expresaba la cosa con conmovedora sencillez: “El hombre occidental ya no se gusta a sí mismo”.
Volviendo a las palabras del que en tan mal lugar dejó, con o sin culpa, a la Benemérita, hablé de haber sentido un alivio. ¿Alivio de qué? Pues… que si este tipo de mensajes (“¡Qué hermosa está Roma sin personas!”, “A los canales han vuelto los peces, bendita plaga”, ”El virus viene en ayuda de los mares) se debieran a una intervención política-policial- cibernética para “minimizar las críticas al Gobierno”, pues todavía, dentro de lo terrible, sería tal vez mejor que el que espontáneamente, de verdad, el hombre fuera tan, tan, tan lobo para el hombre.






1 Comment
Cuando todo es sumisión, todo está muy bien para el que manda y su valoración es la que vale y no otra. Se convierten no digo en profetas, sino en salvadores del planeta, de la contaminación. La vida animal, vale muchísimo más que la humana. Me recuerda a los dos majestuosos puentes-arcos de hormigón que costó cada uno un millón de euros para que cruzara el lince ibérico en peligro de extinción, pero se han perdido muchas vidas humanas por no hacer un desdoble desde Almonte a Torre la Higuera, más conocido por Matalascañas. Y siendo un defensor de la naturaleza porque soy scout, me preocupa la vida de un lince, pero una vida humana no tiene precio. Aparte la contaminación de un coche, que mete primera y al circular dos metros se para, esos acelerones en marchas cortas y esos parones y atascos de hora, sus gases acabarán también con la vida humana y con los linces por la polución. Por cierto, esos dos puentes semicirculares de hormigón, están tan vacíos como las calles de cualquier urbe confinadas, pero quien manda… manda y el resto a decir amén al pensamiento único y totalitario. Enhorabuena por este artículo Gloria