El periodista Manuel Rodríguez Rodríguez, Manuel Curao, se ha despedido de las ondas radiofónicas. Ya en festivales del año pasado, los aficionados y los compañeros le tributaron homenajes y reconocimientos. Ha llegado la hora de un merecido descanso para poder disfrutar de la familia por el doble de tiempo que el trabajo le ha robado.
Manuel Curao —que siempre ha tenido el flamenco al alcance de la mano, y así nos lo ha transmitido— lleva más de cuatro décadas dedicado al periodismo flamenco. Desde las páginas de El Correo de Andalucía hasta el Portal Flamenco de Canal Sur Radio, pasando por radio Cadena Flamenca y otros medios. Así, se corta la coleta siendo el decano del periodismo flamenco. Una carrera en la que la información y el contar ha estado siempre por encima del criticar y del apabullar, huyendo siempre de la “flamencología” mal encarada, presuntamente docta y sentenciosa.
Ha conocido todas las ediciones de la Bienal de Flamenco de Sevilla y la de dos mil veinte y cuatro fue la última para él como periodista. Me consta que la degustó con temple y sabor, como sólo él sabe hacer las cosas. Tuve la suerte de compartir con él una noche de Bienal, que otra vez nos tuvimos que volver a medio camino, que con la que estaba cayendo en el hotel Triana no era cosa de cantar ni de retransmitir. La vez que pude comentar a su lado fue en el convento de Santa Clara —ay, los versos de Rafael Montesinos—, disfrutando de Antonio Reyes, que “chorrea almíbar cantando”; y de la bailaora paradeña Eli Parrilla, que nos confirmó que el baile es de cintura pa´arriba. Viví la magia de la radio, la verdad de aquello de llevar al hospital y a la cama del enfermo el flamenco. De servir para algo en esta vida.
También tuve el inmenso honor de disertar sobre su vida y obra en el Teatro Central de Sevilla, cuando la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas le entregó el galardón de la Musa del Flamenco, resaltando su humanidad y su sencillez.
Y, por supuesto, en la XVII Semana Cultural de Actividades Flamencas de Paradas, en la que se le homenajeó en 2017. Ahí trabajamos codo con codo cuando la Peña Flamenca Miguel Vargas de Paradas y el Ayuntamiento le rindieron los más altos honores de mi pueblo. Mis compañeros y yo tuvimos la suerte de disfrutar de él cada uno de los días del festival y de su verdad incorruptible como persona. El sábado, cuando el presidente de la Peña Flamenca le hizo entrega de la insignia de oro y el alcalde le reconoció su labor, se nos vino el alma a los pies y las lágrimas afloraron en nuestros ojos. Como aquella noche, entre bambalinas, en la que disfrutamos del cante eterno de Lole Montoya, “la voz más bonita de los mundos infinitos”. Y tantos y tantos recuerdos imborrables que quedarán para siempre en nuestra memoria y en los lunares de un pañuelo blanco.
Gracias, maestro, que me has ayudado siempre que lo he necesitado, en cada paso. Gracias por atenderme siempre y haberme acogido como no me merezco. Como dijo Antonio Burgos: ¿Cuánto se debe aquí?
Manuel Curao —que ha acercado los valores y los sentimientos flamencos a varias generaciones— se despide de los medios de comunicación pero ni a mí ni a Paradas, mi pueblo y el suyo, nos da la real gana de despedirnos de él. Ni con cortes de coleta ni sin ellos, Manuel Curao será para los siglos de los siglos “la voz del flamenco”.
Documental: “Manuel Curao: la voz del flamenco”.
https://www.youtube.com/watch?v=tAWNjxMCHHY





