Contrariamente a lo que en su momento sentenció nuestro Tribunal Supremo, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) ha condenado al Estado español por trato degradante y malos tratos, a indemnizar con 50.000 euros a los dos terroristas que volaron en diciembre de 2006 el aeropuerto de Barajas en Madrid, asesinando a dos inocentes ecuatorianos y causando elevadísimos daños materiales.
Ante esta sentencia, convendría apuntar las siguientes consideraciones:
– Que consta suficientemente acreditado, como una de las estrategias recomendada a sus terroristas por la cúpula de la banda criminal etarra y practicada con innegable éxito y repercusión internacional, es la de denunciar torturas y malos tratos siempre y tras cualquier detención; de modo que toda huella de golpe, herida o contusión debidos a la propia acción de la captura, se convierta en una prueba manifiesta de los denunciados «malos tratos».
– Que entre los siete miembros que componían la sección del TEDH que juzgaron este asunto, cuatro votaron favorablemente a favor de la condena por malos tratos, y los otros tres querían condenarnos directamente por torturas; siendo uno de los primeros precisamente el representante de España en ese Tribunal: el socialista López Guerra; sujeto que al parecer se caracteriza por pronunciamientos en similar sentido.
– Que resulta difícil sustraerse a la idea de que en este tipo de sentencias (no es la primera) que condenan actuaciones policiales españolas antiterroristas, late la indeleble huella de la leyenda negra que aún pervive en la mente de muchos (y que también los «nuestros» ayudan a alimentar), sobre la terrible imagen de lo bárbaro que somos los españoles frente a los románticos luchadores etarras.
– Que pese al indudable eco mediático que adquieren las sentencias del TEDH, ni siquiera son de obligado cumplimiento, y por eso no todos los países las cumplen; pero nuestros complejos de inferioridad y de ser más demócratas que nadie, nos convierten en los más rápidos, obedientes y dóciles a la hora de ejecutarlas.
– Y por último, que -como ya se ha apuntado incluso desde el propio Gobierno español- para salvar algo de dignidad en este asunto, los 50.000 euros de condena podrían destinarse a indemnizar a las víctimas de los asesinos «maltratados» (siempre que al exquisito TEDH no le pareciera esta medida un nuevo acto degradante para con los asesinos; que todo pudiera ser).
Lo que sí parece seguro es que esta sentencia les ha tenido que encantar a todos los separatistas que en España padecemos, que no son pocos; así como a todos los enemigos de nuestra patrias que, por qué negarlo, haberlos haylos, y estarán ahora aplaudiendo con las orejas.





