La disolución de ETA ha sido una buena noticia producto de la victoria del estado democrático sobre esta banda criminal. Hoy, debemos mostrar nuestro agradecimiento sobre todo a los Cuerpos de Seguridad, al periodismo más decente y valiente, y a los focos civiles de resistencia activa como ¡Basta ya! y el Foro de Ermua. Llama la atención cuantas mujeres valerosas estuvieron al frente de esa resistencia, mujeres como Consuelo Ordóñez, María San Gil, Rosa Díez, Carmen Iglesias, Edurne Uriarte, Cristina Cuesta, Maite Pagaza o Teresa Jiménez Becerril. Por cierto, recuerdo que las dos últimas, Maite y Teresa, estarán en la Fundación Valentín de Madariaga de Sevilla, el día 25 de mayo a las 19:00 h.
Pero cuidado, si bien la organización terrorista ha sido derrotada, su proyecto político de desmembrar España está muy despierto. ETA ya no mata físicamente, pero puede hacerlo civilmente, con la complicidad del nacionalismo y el neocomunismo. Porque en el País Vasco y Navarra sigue el clima de acoso y exclusión de todo el que no es nacionalista, como se ha visto en Alsasua. Además el proyecto de segregación de España hoy se extiende a cinco comunidades autónomas, en dos de ellas con la complicidad socialista, y zozobra en Cataluña. Si el Estado no se defiende aplicando la ley y utilizando todos los recursos legales, la cohesión de España peligra.
Con respecto a ETA, hay que anteponer la Justicia al perdón o a cualquier otra consideración porque como dice Mayor Oreja la única verdad del terrorismo son las víctimas y el sufrimiento de sus familiares. El Estado debe velar por el cumplimiento de las penas íntegras, sin componendas, y seguir investigando sin descanso los más de 350 crímenes sin aclarar. Y también transmitir una narrativa de lo que ocurrió de verdad: que todo un pueblo estuvo acosado y aterrorizado por una banda de asesinos.
En el resto de los territorios donde se ha despertado el germen secesionista, especialmente en Cataluña, hace falta de una vez la unidad sin fisuras de los partidos constitucionalistas para aplicar la ley, recuperar la enseñanza, controlar los medios públicos de difusión, someter las policías autonómicas bajo la autoridad estatal, emprender una ofensiva pedagógica sobre las falacias del nacionalismo y defender sin complejos a ese gran país que es España, mostrando las ventajas objetivas e históricas de permanecer en una en España unida.
Autor: Rafael Zaragoza Pelayo (Cádiz, 1951). Licenciado en Geografía e Historia y Técnico en Turismo. Diploma de Estudios Avanzados de la UCA. Profesor de Letras del Instituto Marítimo Pesquero desde 1980. Fue guía intérprete Sevilla-Cádiz. Director Gerente de la Fundación Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Cádiz (1981-83). Miembro fundador del Grupo de Estudios de Historia Actual de la Universidad de Cádiz (1991 hasta hoy). Coautor del libro Cádiz, una Bahía con futuro (Cádiz, 1999), y autor de los libros Calle Libertad (Sevilla, 2003) y La democracia y el mercado en los textos de bachillerato (Valencia, 2007). Miembro de la Junta Directiva del Ateneo de Cádiz. Ha sido colaborador habitual o puntual de diferentes periódicos desde 1991, como Diario de Cádiz, Cádiz Información, La Voz de Cádiz y ABC de Sevilla. Hoy escribe una columna semanal en el Viva Cádiz desde 2013. Colaborador asimismo de diversas radios y televisiones locales de Cádiz. En la actualidad tiene un programa de entrevistas en Onda Luz Bahía tv desde 2012. Es autor de artículos académicos en diversas revistas y de comunicaciones y ponencias a Congresos de Historia. Actualmente realiza la tesis doctoral.





