En estas fechas tan entrañables no queda otro remedio que entregarnos a la bondad, la caridad y la generosidad en su forma más elevada. Precisamente por eso, ensalzamos cualquier muestra de altruismo por pequeña que sea. Ello a su vez, nos impide criticar cualquier acto de buenismo Woke que nos presenten, o, mejor dicho, nos impongan los beneficiarios de las subvenciones del gobierno a los medios de comunicación afectos al régimen. Que son casi todos.
Incomprensiblemente y con ánimo de desagraviar al Sagrado Corazón, por ser imagen católica de la que la progresía se mofa sin piedad en una cadena pública, pagada por cierto con sus impuestos. Es una lástima que los millones de creyentes de nuestro país no salten como un solo hombre a protestar por las injurias de una cadena de televisión pública. Mientras, si algún acto se ha de respetar y venerar estos días, es cualquier buena acción reflejada en vídeo que esté protagonizada por un inmigrante. Repito, inmigrante, que de toda la vida de Dios y según la RAE, es un señor que viene a España a intentar ganarse la vida de una forma u otra. Pues no hablamos de hombres que van de un territorio a otro sin conocer su destino. Si no, de un señor que viene a nuestro país procedente de un destino desconocido, ya que se le suele olvidar donde nació en cuanto llega a la lancha de la Cruz Roja, que por cierto le cobra un pastizal al gobierno por la mantita y el bocadillo que sale en el telediario de mediodía. Curiosamente los 64.000 inmigrantes ilegales que llegaron solo en 2024, y al igual que nuestras autoridades incluido el CNI, se han vuelto amnésicos y resulta que no saben de dónde vienen. Por lo tanto, y mientras Pedro Sanchez no derogue el diccionario de la lengua española al que tan alta institución limpia, fija y da esplendor, estos son inmigrantes ilegales en España según la RAE, y apátridas según la legislación internacional. Pero eso sí, apátridas subvencionados por todos los Españoles, les guste o no.
Pues como decía antes de la deriva mareante, estos huérfanos de patria y entregados conciudadanos han protagonizado estos días las mas entrañables escenas de civismo y convivencia. Uno de estos nuestros pródigos vecinos, estaba aportando a nuestra comunidad, con denodado esfuerzo, su amable y sincera contribución de venta ilegal de objetos falsificados. No entienda el lector acritud alguna en mi tono, más bien descripción exacta del hecho. Lo anterior podría considerarse constitutivo de uno o varios delitos. Siempre y cuando, este entrañable vecino nuestro, no hubiera asaltado ilegalmente nuestra frontera para entrar al país, o estuviera vulnerando todas las leyes y normativas locales de actividad de venta ambulante.
Aunque esto entre en una absurda controversia con los indignos ciudadanos españoles que se arrogan el privilegio de pagar su autónomo, licencia de actividad, licencia municipal de venta ambulante, IRPF y otros mil impuestos más. No olviden que en este país impera sobre todas las cosas el principio de proporcionalidad fiscal. Por lo tanto, aquel que disfrute de todos y cada uno de los beneficios sociales que ofrece nuestro país sin aportar a cambio un solo euro, está en su derecho. Mientras, los españoles de bien están en la obligación de sustentar los costes sanitarios, educativos y un largo etcétera de prebendas a los primeros. Claro está, solo si has entrado a empujones en el país.
Esta caritativo mantero al que nos referíamos, no debe sentirse menospreciado por aquellos que intenten trabajar legalmente, o que tributen impuestos por su actividad. Estas son cosas de ricos, que sin duda hay que exterminar cuanto antes, como bien designa nuestra ilustre ministra de trabajo. Pues en estas estaba el buen hombre y mejor ciudadano, cuando la policía en clara actitud fascista, no solo le intentó recriminar los presuntos, a la vez que injustos y capitalistas delitos de venta ilegal, falsificación de productos y vulneración de los derechos de propiedad intelectual. Si no que se atrevió a perseguir al presunto delincuente para decomisarle las mercancías ilegales, siempre según declaraciones prejuiciosas de la policía totalitaria, hasta que, en acto heroico, antes de detenerse y entregar a la policía su alijo, el mantero se arrojó al rio como última vía de escape. Aquí no cabe más chanza ni ironía, pues el resultado fue el más infortunado. El presunto delincuente, y mira que me molesta disimular tal obviedad, no pudo escapar de su última evasión.
Discúlpenme por favor si perturbo la naturaleza y sensibilidad del lector en estas fechas que celebran las fiestas saturnales, que en ningún caso deben dedicarse a la Natividad del Divino Salvador, sino más bien al Dios romano Saturno. O mejor, a ningún otro Dios que no sea el divino hacedor de la Moncloa. Sé que no debería mencionar, como bien ha hecho la prensa del régimen, los disturbios, quema de contenedores, agresiones y lesiones a agentes de la policía (aunque eso se perdona porque son fascistas), destrozos en una comisaría y otras lindezas provocadas por los manteros compañeros del fallecido. Entiendo que realmente no fue para tanto, solo tuvieron que intervenir 200 policías nacionales para proteger la comisaría de la Policía Local de La Ranilla. ¿Qué menos que el derecho a provocar disturbios en una sociedad civilizada? Y más si estas incumpliendo todas las leyes nacionales del trabajo y de protección de la propiedad intelectual internacionales.
Gracias a Dios, los manteros falsificadores están protegidos y representados. Señores, no se les vaya a ocurrir llamarlos ilegales, “irregulares” es la acepción oficial del régimen. Todavía puedes acabar en el juzgado como te saltes media frase el vocabulario oficial Woke. Resulta que además hay un “Sindicato de Manteros”, que debe ser algo parecido al sindicato del crimen, ya que entiendo que representan a señores delincuentes. Quiero decir, que delinquen y por lo tanto son criminales, al igual que el sindicato que pretende representarlos. Lo que es seguro, es que este solo puede ser el sindicato de los que les roban a los esforzados empresarios que se dejan la vida pagando impuestos, alquileres, seguros sociales, nóminas, IVA, sociedades y un sin Dios de impuestos que nos llevan a todos a la ruina mientras otros corren con un fardo de delitos a la espalda por las calles peatonales.
Espero que autoridad alguna se vaya a sentar con los empresarios sevillanos a contarles milongas, y al día siguiente de pábulo a estos individuos. Solo espero que a quien corresponda, identifique a todos, absolutamente a todos los intervinientes en las reyertas y actos criminales que se realicen en esta ciudad, los ponga a disposición judicial y se les aplique la ley. ¿Es demasiado pedir?





