Lo del cine español no tiene arreglo, tal vez lo tendría si se dejara de pedir el carnet de izquierdas anti franquista como requisito para subvencionar películas, cosa que no va a pasar según está el patio de butacas.
La gala de los Goya del otro día en Sevilla se asemejó mucho a un funeral de tercera, a pesar de que el Goya al recién difunto Carlos Saura se merecía un funeral de lujo, la gala comenzó con Carrasco machacando a Serrat y a Machado acompañado de un coro de conocidos actores dando la nota. Mientras sonaba este estropicio me fui a prepararme la cena y cuando volví me encontré con una Carmen Maura – en el papel de Carmen Maura – con una estatuilla de pega en la mano y alabando al difunto Saura que la dirigió en «Ay, Carmela». Tras esto la Maura dio paso a la viuda de Saura y a dos de sus hijos. El hijo reivindicó a las cuatro mujeres del director aragonés, empezando por su madre. No sé si el hijo de Saura hizo esto porque le salió del alma o por ceñirse a la exigencia actual de alabar a las mujeres en toda ocasión y circunstancia. La viuda, vestida de rojo, como si fuera una novia hindú, leyó un corto discurso que según dijo le había dictado Saura antes de morir. El discurso, supuestamente del cineasta, repetía eso de todos y todas en un alarde del lenguaje inclusivo de la idiocia política, impropio de un señor de noventa y un años. Tras leer esas líneas, la viuda alabó la sanidad pública y pidió defenderla, defenderla de la derecha y de Ayuso, naturalmente. La hija recordó que su padre decía que la cultura no entiende de ideologías ni de colores. A ver si le hacen caso y se aplican la receta.
Tras el memorial a Carlos Saura, se fue desgranando la gala con la misma sosería de siempre y con guiños políticos tan absurdos como los de Clara Lago a los saharauis y el actual mono tema de la sanidad pública, según la izquierda que se ha olvidado que fue ella quien la cambió. Es lo que tiene bailar al dictado político que marca la ocasión que para el mundo del cine y de la cultura española es siempre el mismo, siempre están queriendo ganar la batalla del Ebro. Son muy aburridos y eso, lo aburridos que son, es lo que les recordó el Presidente de la Academia de Cine cuando pidió respeto y apoyo para películas que llenen los cines. Es decir, para películas que entretengan al espectador y no aburran a las ovejas. Méndez-Leite dijo que si los cortos son cine, las películas que no aburren también lo son. Lo único que Méndez-Leite les pidió a los políticos – estaban allí Pedro Sánchez y su ministro Iceta – fue que dejen de llamar «pelis» a las películas. A buen entendedor, pocas palabras bastan.






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Magnífico artículo.Te felicito!