Los gastos, los ingresos y la Ley Marcial
En serio que no hay quien pueda con esta gente… No es una cuestión de argumentos bien construidos, de lógica aplastante o de conocimiento, sino de falta de pudor y desvergüenza. Dice Yolanda Díaz, por ejemplo, que el sistema público «no tiene un problema de gasto, sino de ingresos»… y se queda tan ancha.
Aplíquense el cuento a ustedes mismos y verán que Yoli tiene más razón que un santo, una santa o un sante. Si usted es jubilado y no llega ni a mitad de mes, el problema es de sus ingresos, motivo por el cual lo sensato es reducir las pensiones a millones de jubilados y atender a la Ley Marcial que ellos llaman ahora de Seguridad Nacional. Se me pongan en fila y a comer el rancho que les sirva esta banda de sufragistas protectoras en forma de cartillas de racionamiento.
Para consuelo de las penalidades que conlleve, usted a cambio debería sentirse feliz de lo que hemos avanzado como sociedad al incluir como derecho que un menor de edad se pueda cortar sus partes sin permiso de sus padres o que le permitan suicidarse rodeado de los suyos si encuentra todo esto un pelín estomagante.
En algún momento, eso sí, tanta contumacia atroz logra un efecto lisérgico que a Pablo Casado le provocar traducir el contenido de la dicha Ley como que lo que pretenden es establecer un servicio (militar o no) obligatorio, cuando de lo que hablamos no es de eso, ¡ojalá!, sino de decretar un «estado de guerra» bajo el cual te pueden confiscar propiedades y hasta el dinero del banco, cosa que de todos modos ya hacen por la vía del «tacita a tacita» de Marisú Montero.
Todo es tan abrasivo y descacharrante con esta gente que ahora los informativos incluyen en la crónica de sucesos de cada día por sistema un desmentido de que la víctima, pongamos que en un accidente de tráfico, no fue por un crimen homófobo, como si resaltaran que es una excepción.
En lo que llevamos de año, se han suspendido los Carnavales, la Semana Santa, las Fallas, las procesiones de gloria, las romerías, las Ferias, el Corpus…, pero han celebrado la semana del Orgullo Gay como si tal cosa y cuando una manada de extranjeros apaliza a un tipo en La Coruña hasta la muerte, ellos se manifiestan contra Ayuso y contra Abascal en una muestra incontrovertible de que la ayusofobia existe y la abascalofobia también, como máxima expresión del delito de odio.
Si por cada mentira y por cada idiotez que pronunciase Yolanda Díaz le quitásemos un metro a los 443 metros cuadrados de la residencia oficial del Estado que ocupa gratis, en tres meses estaba viviendo en la puñetera calle, porque sale a tres chorradas por día sin sumarle las de Carmen Calvo.
La heterofobia existe y, si se paran a pensarlo, no en otra cosa consiste toda esa manía compulsiva de establecer «géneros» que a los heterosexuales en general nos importan un cojón de pato, porque cada cual puede hacer con sus agujeros lo que le parezca. No es falta de empatía con nadie, sino indiferencia ante lo que quieran merendarse, siempre que no pretendan obligar o adoctrinar a nuestros hijos en que coman bocadillos de insectos o de espinacas con garbanzos.
Lo cansino de todo esto es tenerle que aplicar una lógica y un argumento a cada extravagancia, porque ellos nunca se detienen en tales nimiedades y catalogan o realizan acusaciones sin cuento a todo el que no se les sume al circo y al ditirambo permanente en el que viven.
Han decretado toque de queda para la LGTBIfobia y, si unos criminales asesinan a un generista de cualquier especie, ellos concluyen que quienes lo mataron eran homofóbicos, sin detenerse en si la jauría que lo asesinó era de la misma o de otra subespecie.
Recuerden la chorrada: «No tenemos un problema de gasto, sino de ingresos». Ya está todo.
He dicho.




