Es sólo cuestión de no enredarse demasiado con estas cosas…, pero atiendan un instante al detalle.
Según el artículo 56.1, «el Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones, asume la más alta representación del Estado español en las relaciones internacionales, especialmente con las naciones de su comunidad histórica, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes».
La inviolabilidad del Rey aparece recogida en el artículo 56.3 de la Constitución española en los siguientes términos: «La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad. Sus actos estarán siempre refrendados en la forma establecida en el artículo 64, careciendo de validez sin dicho refrendo, salvo lo dispuesto en el artículo 65.2″. Este último artículo citado, el 65.2, se refiere a los nombramientos civiles y militares de su Casa, única materia en la que el Rey sí goza de absoluta libertad y no necesita refrendo de ninguna clase.
Por su parte, el artículo 64.1 expone que «Los actos del Rey serán refrendados por el Presidente del Gobierno y, en su caso, por los Ministros competentes». Y el 64.2 establece que: «De los actos del Rey serán responsables las personas que los refrenden».
Es decir, todas las actividades del Rey, excepción hecha de los nombramientos de su Casa, están sujetas a las decisiones de los responsables ocasionales del Gobierno y, por tanto, goza de inviolabilidad porque sería el colmo que tuviera que apechugar con las responsabilidades que pudieran derivarse de actuaciones que fueron a iniciativa de otros o, en todo caso, precisaban del refrendo y respaldo necesarios de tales autoridades.
Pues bien, a propósito de las acusaciones gruesas que machaca la irredenta izquierda podemita y que retuercen los ministros del PSOE, a Sánchez no se le debiera escapar que todos los asuntos referidos a la transacción de presuntas comisiones se desarrollaron durante los gobiernos de… José Luis Rodríguez Zapatero.
En resumen, el 8 de agosto de 2008, Riad transfiere 100 millones de euros a una cuenta suiza del Banco Mirabaud, cuyo titular era una sociedad panameña de la que supuestamente sería beneficiario Juan Carlos I; el 10 de septiembre de 2010, una entidad distinta a la del consorcio español del AVE a La Meca que se habría encargado de negociar y tramitar la adjudicación del proyecto acuerda pagar al príncipe Abdulaziz bin Mishal de Arabia Saudita 120 millones de euros; y el 18 de mayo de 2011, esa misma entidad desconocida acuerda una comisión de 95,78 millones de euros con Shahpari Zanganeh, de quien se dice que es persona de confianza del Rey Emérito.
Con posterioridad, ya en 28 octubre de 2011, el Consorcio Español Alta Velocidad Meca Medina (CEAVMM) fue constituido en España como sociedad anónima, dos días después de anunciarse la adjudicación del proyecto. Su objeto social es la realización de las actividades de diseño, construcción, operación, mantenimiento y contratación para dicho cometido en el ámbito del tren de alta velocidad entre las ciudades de La Meca y Medina en Arabia Saudí, proyecto promovido por los Ministerios de Transporte y Finanzas del Gobierno de Arabia Saudí a través de Saudi Railways Organization (“SRO”).
En dicho Consorcio participan 12 empresas españolas y es la sociedad vehicular que a su vez ostenta el 88% del capital de la sociedad árabe Al Shoula Consortium. Al Shoula es accionista de Al Shoula Consortium con un 7% del capital social y, como el resto de socios, es responsable solidario frente al cliente.
Según una nota suscrita por el propio Consorcio, «los acuerdos suscritos por parte de las empresas accionistas de CEAVMM para tal fin han respetado en todo momento los criterios de legalidad y transparencia» y asegura que «seguirá colaborando con la Administración de Justicia en todas las acciones que resulten precisas, tal y como ha venido haciendo hasta la fecha».
Las fechas tal vez no sean del todo gratuitas, pues siete días después, casi rozando el palo, el 22 de mayo de 2011, se celebran elecciones generales en España, que las gana el PP por mayoría absoluta y ponen fin a los gobiernos de Zapatero.
Dicho de otra forma y salgamos de este bucle… El Rey es el símbolo de la unidad de la Nación y su último garante, pero los garantes de la Monarquía, en última instancia, son las leyes y somos los españoles, en quienes reside la soberanía nacional.
Los ciudadanos algún día quizás entenderemos que, a partir de cierto punto kilométrico de nuestras leyes, no será el Rey ni la Monarquía quien pueda defender nuestro sistema de libertades, sino que habremos de ser nosotros mismos, los españoles, quienes tengamos que salir a defender al Rey como símbolo supremo de nuestros derechos y libertades.
Puede que a quienes esté queriendo deslegitimar Iglesias con los continuos ataques al Rey Juan Carlos sea al mismo tiempo al PSOE de Zapatero y Sánchez.
A pesar de que vivimos tiempos de vacunas que merecen sin ninguna duda la calificación de «experimentales», mi recomendación general es que los experimentos es preferible hacerlos siempre con gaseosa. Para evitar sorpresas indeseables.
He dicho.






2 Comments
La monarquía me parece una aberración. El rey actual no sirve para nada, y de su papá… ni hablemos. Ni dan unidad a España ni nada de nada. España no es otra cosa que las personas que vivimos aquí. Españoles, suecos que vienen de visita, marroquíes que cuidan las cabras que ningún español quiere cuidar. No enredemos con el concepto. El nacionalismo de cualquier signo únicamente ha traído guerra y dolor.
Me gusta mucho su idea de lo que hace (o debe hacer, según ud) un marroquí en España: ¡cuidar cabras! No lo hacen en su país y por eso vienen aquí, claro, para cuidarla a ud. O a las cabras, no sé. Y los suecos…, «de visita».
Ud no es xenófoba ni racista, ¿verdad? Será que a mí me lo parece.
Gracias por su interés.