
En mi humilde parecer, aunque a algunos les resulten poco humilde mis pareceres, cosa que me importa bien poco o nada, nada justifica el acoso y el insulto a una persona, nada. Ni si quiera el hecho de ofrecerse a hacer un cartel para todos los sevillanos, y no sólo no hacerlo para todos, sino además, sibilinamente, tocarle las narices a la mitad de ellos.
El autor, evidentemente, debe ser aficionado a uno de los dos equipos de la ciudad. De ahí el hecho de plasmar, con un objetivo poco o nada hábil, su camiseta en dicho cartel. Como nada hábil, por cierto, ha sido el Ateneo al permitirlo. Aprovechando que el Guadalquivir pasa entre Sevilla y Triana, con todo lo que eso conlleva recordarle a tan prestigiosa institución, que la llegada de los Reyes Magos es una tradición de la religión cristiana, y no se observa en el escenario ningún símbolo de lo que representa realmente el hecho que se celebra. El abandono del verdadero sentido de las cosas en favor de lo laico no le hace ningún favor a nadie. A los creyentes por ningunear a los verdaderos protagonistas, y a los no creyentes por confundirlos.
El autor debe ser del equipo que tiene como máxima el «manquepierda». El de menor antigüedad de ellos. Con significativamente menores logros deportivos. En clara desventaja en los resultados de encuentros entre ambos históricamente. Como también en el tiempo de permanencia en la división de honor.
¿Podría el autor no haberse resistido a dibujar el polémico detalle al entender el gesto como un logro ante el eterno rival? Cualquiera sabe. Mejor no pensar…
Tener la necesidad imperiosa de plasmar dicho equipo de la mitad de los sevillanos en un cartel que debe ser para todos no es significativo de tener arte, ni de tener inteligencia emocional, ni de poseer un mínimo de sentido común, ni por supuesto, de conocer lo que significa «fair play».
Repito: Nada justifica lo que está ocurriendo. Las vejaciones y los insultos no son las formas de expresar un desacuerdo o un descontento con algo. Tampoco nada justifica escupir al cielo, como ha hecho el autor. La gravedad, aquí en el planeta tierra, es inevitable y ya se sabe que pasaría con ese esputo brindado al sol, pasaría factura. Como pasa factura meter el dedo en el ojo al prójimo del eterno rival en «Miarma City». Y digo más, es para hacerse mirar la sensibilidad social del autor, sobre todo, jugar con los sentimientos de las almas inocentes del otro equipo que aun creen en los Reyes Magos y no ven en ese cartel algo que los represente futbolísticamente como sí los pueden ver los del final de la Palmera. No se puede esperar lo de la otra mejilla en estos casos, ni si quiera la pasividad de la indiferencia.
Para mí es un buen cartel, muy bueno diría. Hubiera sido, bajo mi parecer nuevamente, magnífico. Es más, diría extraordinario tal y como está el patio de carteles, si hubiese habido empatía en él, como se denomina ahora. Yo diría, como toda la vida se ha dicho; si hubiese habido corazón. Habría bastado un simple gesto, tal y como está creado, y añadir un guiño con el color del corazón, ese que le ha faltado al autor con media ciudad. Y por qué no, también con el blanco de la pureza y la Paz en primer lugar, de lo que representa ese día y de los colores del otro equipo. Un detalle aunque fuera una pequeña imagen de un Nacimiento con los verdaderos protagonistas y el papel rojiblanco de un caramelo de los que lanzan los Reyes para representar a los eludidos, que ha ignorado. O no haberte metido en un charco y no señalar ni señalarte y prescindir del detalle de la camiseta. El que quiera entender, que entienda.
En un mundo donde por desgracia hay tanta polarización y agresividad, los que tenemos la posibilidad de comunicar, estamos obligados a darle una vuelta al talibanismo que llevamos dentro antes de hacer entrega de un mensaje que va dirigido a todos sin distinción.
En fin…
«Entre todos lo mataron y él sólo se suicidó…»






2 Comments
Por culpa de esas opiniones, esos carteles son un insulto.
Por culpa de esos insultos, esos autores limitan su liberalidad.
Por culpa de esa liberalidad retraída, llega gente al poder riéndose de un país.
Con lo bien que escribes te ciega tu pasión.
No creo que al autorde ese articulo le ciegue la pasión, es más pienso como el autor, que el «Cartelista° podría haber hecho un giiño a su equipo y por respeto torero otro guiño al equipo contrario, al que insulta ninguneándolo.
Hubiera sido un buen Cartel si el «Cartelista» hubiera tenido un mínimo de educación.