Lo que le pasa a la Casa Real, ¡vaya por Dios!, es que no sabe elegir los sitios donde S.M el Rey debe entregar los nuevos despachos a los jueces. Por ejemplo, en vez de a Barcelona tendría que haberse llevado ese ceremonial a la isla de La Toja, en Galicia. ¡Qué más da, puñetas! (nunca mejor dicho).
Allá que fue Pinocho el primer día del confinamiento de Madrid, ordenado mediante una papela que firma una secretaria de Estado con una pinza en la nariz y con la mano izquierda por si en el futuro realizan prueba caligráfica en una vista penal. Otra vez ha ido a pintar la mona, en esta ocasión en un foro económico, especialidad en la que acredita una destreza incomparable por ser el presidente de gobierno que en menos tiempo arruinó a uno de los miembros del G-20. Todo un récord.
Ni Hugo Chávez y ni siquiera Fidel Castro lograron tal hazaña en menos tiempo y eso que se trataba de economías de tercera. Venezuela era uno de los productores de petróleo más fiables del mundo y ahora la viceministra de la cosa, de la pandilla de correrías de Ábalos, exige a sus vecinos que salgan a coger leña y cocinen en fogones, como en los tiempos del cólera de García Márquez.
Pues ni por esas le llegan a Pinocho al talón de sus zapatos con su marca inigualable, que nos ha convertido un país al que venían 80 millones de turistas al año en un cementerio al que no vendrán ni las avutardas de Doñana.
En La Toja, el ministro Marlaska sí le puede garantizar la seguridad y la convivencia a las gaviotas y a los albatros, además de a las nudistas de las islas Cíes, así que veo a Felipe VI confinado en aquel rincón de España, igual que confinaban en Fuerteventura a Benito Pérez Galdós, al que Unamuno le escribía cartas de aliento antes de que lo desterraran a él al mismo sitio.
Felipe González y Rajoy aprovechan para darle un par de collejas al infame Pinocho, pero no parecen haberse dado cuenta todavía de que esto ya no va de regañinas, sino de frenar un golpe de Estado.
Sólo la intención de Sánchez de deshacer con su escuálida mayoría y sin acuerdo del principal partido de la oposición una ley que exige 3/5 para renovar los órganos del Poder Judicial, supone el mayor estacazo que se haya dado nunca a la democracia. Y ya dije hace semanas que si el PP se prestaba a renovar el CGPJ y el Tribunal Supremo con este Sánchez, la democracia se derrumba porque los jueces son el último muro de contención contra los zombis. El chavismo ya lo hizo de ese modo.
Aún no hemos vivido el desenlace de este drama protagonizado por el sátrapa más impensable de esta Europa cansada de sí misma, pero se avizora un panorama más terrible aún de lo que ya tenemos.
El gran bocazas Pablo Iglesias no supo resistir la tentación de revelar en el Congreso la conclusión a la que había llegado Iván Redondo. Con todas las murallas ardiendo, pronunció: «Ustedes nunca volverán al Consejo de Ministros» (sic).
Los cálculos le salen. El PSOE se ha enquistado y no baja de los ciento y poco diputados y, con esa cifra, la oposición ya puede hacer todos los juegos malabares que le plazcan, que jamás podrá sumar una mayoría absoluta, porque ya no tienen ni al PNV ni a CiU (los antiguos farsantes moderados de la derecha) que les solventen la papeleta en el límite de la jugada. Para colmo, la niña Arrimadas, cuya hueste es una caja de dinamita, se ha pasado al lado oscuro para convertirse en la cuarta o quinta opción a la que Sánchez recurriría si en algún momento le fallan los de Bildu o los de Esquerra.
Ese es el mapa por el cual Pinocho está convencido de que da igual lo que él haga con la pandemia, con las leyes, con los jueces o con el destrozo de las instituciones y con la democracia misma. Le importa un bledo todo, porque, sin límites morales y sin respeto a nada, puede proclamarse Emperador de los Siete Reinos y aquí no se moverá ni un varal. Le basta con hacer regalos a sus socios ocasionales, ora a Podemos, ora a los independentistas o al mismísimo demonio.
No hay esperanza ninguna de que en el PSOE surja una corriente opositora a la de Pinocho porque el partido es desde hace ya demasiado tiempo una maquinaria que aprendió que fuera del poder no hay nada: ni güisquis, ni prostíbulos, ni miles de familiares y amigos colocados a dedo, ni modos de acceder a las prebendas del aparato del Estado.
De modo que no van a renunciar a todo eso sólo para que el juego de la democracia se desarrolle con limpieza en el futuro, que es una entelequia de la que no se vive y con la que no se pagan los restaurantes ni las barbacoas en el chalet con los amigotes los fines de semana. Hablen con Susana Díaz, o escuchen a Irene Montero, y comprenderán lo que digo, porque están viviendo en sus propias carnes la diferencia entre estar fuera o dentro del tablero.
«Tu problema, Pedro, eres tú», le espetó Susana a Sánchez en el debate de las primarias. Casado el otro día descubrió lo mismo con varios años de retraso: «El problema de España es usted, sr. Sánchez». Pues pónganse a solucionarlo o nos hundimos.
He dicho.






1 Comment
Todos los días me despierto con malas noticias: ahora van a minar a la justicia, la poca independencia que tenía se acaba. Digo yo, es que somos tan pocos españoles que no vemos la ruina de España en todos sus aspectos? Cada vez hay más analfabetos y en vista de lo que hay, con la edad que tengo prefiero morirme