Al actor Willy Toledo, amigo y ahijado de dictadorzuelos comunistoides como los de Cuba y Venezuela, los progres (i)responsables de la muy progre iglesia madrileña de Entrevías (ya saben: aquella que se hizo famosa por dar de comulgar rosquillas a Bono, Zerolo y compañía), le ofrecieron una de sus salas para que montase una rueda de prensa, porque «nadie puede ser perseguido por sus ideas».
Y así, delante de un gran crucifijo y rodeado de sus selectos y devotos amiguetes, Javier Bardem, Alberto San Juan y Leo Bassi, nuestro candidato al óscar de la delicadeza respetuosa con las creencias ajenas, anunció que no iba a comparecer en el Juzgado por la denuncia de un presunto delito «contra los sentimientos religiosos». Y además negó, por supuestísimo, que hubiera pretendido ofender a alguien con sus palabras.
Pero recordemos cuáles son esas «ideas» motivo de su «persecución» (según los de Entrevías) y las palabras por las que fue denunciado: En solidaridad con el procesamiento de tres exquisitas y cultísimas feministas que
Cuando el arzobispado de Madrid conoció la celebración de dicha rueda de prensa, no la prohibió ni adoptó ninguna otra medida que no fuera emitir una nota
Justo el domingo anterior a la dichosa rueda de prensa del actorazo Toledo, Monseñor Osoro había estado en la aldea del Rocío presidiendo la Misa Pontifical y predicando sabios consejos a los allí presentes. Confiemos en que nunca lleguen a nombrarle responsable de cargo eclesiástico alguno en relación con la Señora; porque cuesta creer que actitudes tan sumamente amables como las que muestra este monseñor con quienes tan brutal y groseramente ofenden a la Madre de todos, serían admitidas por los rocieros.





