Sic transit gloria mundi. Con esta frase en latín terminó José Saramago su discurso del 28 de febrero de 2007, cuando al recoger la medalla de Hijo Predilecto de Andalucía, esta se le cayó al suelo. La medalla que la Junta de Andalucía le dio a Saramago, no quería quedarse con él viendo la impostura de concederle ese título al escritor portugués y andaluz consorte, del que se ha cumplido su centenario el pasado 16 de noviembre de 2022.
No crean que me he vuelto chiflada, no. Lo de Saramago y su frase en latín aquel 28 de febrero de hace dieciséis años viene al pelo con la concesión del título de Hija Predilecta de Andalucía a Lola Flores, coincidiendo con el centenario del nacimiento de la jerezana. Nunca es tarde si la dicha es buena. ¿Es buena?. No sé, no sé, yo diría que no, que no es buena y que da vergüenza que estos títulos se den según estén las cabezas de los políticos que los dan, si a la izquierda o a la derecha.
El título de Hijo Predilecto de Andalucía lo otorga la Junta de Andalucía desde agosto de 1983, según Decreto 156/1983. Aquel año, entre otros, lo recibió el cantaor Antonio Mairena, en carne mortal.
¿Mairena era derechas o de izquierdas?. No lo sé, ni me importa, lo que sí sé es que estos títulos junteros se los han ido dando a los afines al PSOE, partido que ha gobernado Andalucía hasta hace un rato y siendo así era imposible que le dieran este título a Lola, a la mujer que escogieron para que Hacienda la utilizara ejemplarizantemente, con la cantidad de gente que había para escoger en aquella España pre 92 en la que se ataban los galgos con longaniza y los cantantes de moda comían y bebían en «La Bodeguilla» del poder, una vez al año o las que se terciaran.
Esto que cuento, lo de la década de los ochenta y parte de la de los noventa, ya pasó, es historia de esa de la que casi nadie se acordará, salvo de lo de Lola, porque ella sigue estando viva en la memoria de todos, en la de la mayoría con admiración y en la de algunos para seguir despreciándola por «franquista» porque ya saben, Lola era de las que invitaban a cantar gratis en las fiestas del Pardo, aquellas fiestas de «La Bodeguilla» de los cuarenta, cincuenta y parte de los sesenta. El poder siempre se imita a sí mismo.
A Lola, en su juventud y madurez el poder no le pagaba sus actuaciones. Ahora el poder, ya sea de izquierdas o de derechas, paga muy bien a sus propagandistas, con dinero ajeno, naturalmente.
Ahora la Junta de Andalucía nombra a Lola Hija Predilecta de Andalucía, a toro pasado y cuando se cumplen cien años de su nacimiento. Si yo fuera hija suya no recogería el título ni su medalla, a Lola no le hace falta porque sus paisanos ya se lo dieron en vida. Por cierto, ahora que caigo, a Antonio el Bailarín creo que le van a dar el título de Hijo Predilecto de Andalucía en el 2121 para el doscientos aniversario de su nacimiento.
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