Ya han existido bastantes sequías, inundaciones, beneficios y males de la sociedad desde que el Evangelista Mateo aconsejara que la generosidad no fuese un principio de vanagloriarse de sí mismo de un acto humano. Desde entonces acá, interminables son las adaptaciones y las interpretaciones que se le han ido dado a todo lo que nos rodea, y así hemos conseguido el gazpacho sin tomate, la paella sin arroz, o la guerra falsificada como paz.
Si colocáramos en una balanza los pros y contras, en el transcurso del tiempo, cuál tendría mayor peso. Yo me inclino por lo segundo, porque gracias a lo que hace la mano derecha, el resto de nuestros cuerpos, incluidas manos, sentimientos, convivencia, etc., no percibe el más mínimo rastro de su existencia. Claro es que no estamos hablando de bondades sino de aprovechamientos, que es cosa bien distinta.
Hoy en día, los Gobiernos se comprometen a no informar de los acuerdos que le atañen al pueblo, el esfuerzo económico para mantener el Estado nadie sabe como se distribuye. Hay actitudes y resoluciones que son secretos del sumario, a veces por simples caprichos o conveniencias tendenciosas, nadie sabe ha dónde van a parar los Fondos Reservados, nadie ha explicado por qué de la jubilación de un trabajador precisa de una cantidad de años para alcanzar ese derecho, mientras que un político al día siguiente de cesar ya está cobrando de manera inmoral, pero legal, una pensión para el resto de sus días. Cuando un político cambia de parecer, y lo hacen todos y es muy razonable cuando así sea beneficioso, que motiva esos cambios de actuación, aunque es de sospechar que el único argumento sea los intereses propios. Todo un mundo cuajado de parásitos.
Y muy conectado con el mundo político, tenemos el mundo del poder financiero, que siempre disponen de leyes que favorecen la presión al modesto ciudadano. Y al calor de ellos, los estafadores, que a veces coinciden en los manejos. Y ahora nos hablan de una ley contra la prostitución, lo que debería incluir todo lo que resulta podrido, y son muchos más los casos que vivimos a diario y más perversos, aquellos que explotan al prójimo, y las tratas se ha extendido por nuestro Globo de tal manera que es un éxito el fomentarlas, y si el comerciar con unos negritos o unas mujeres con recursos elementales no es más grave que la fabricación y el fomento de armas para aplastar a lo seres humanos como chinches.
Otro problema, en paralelo con el anterior, es el de las drogas. Por muy tontos que seamos, nadie se puede tragar que los que manejan el producto, disponen de medios de transportes con una economía que puedan sostener unas embarcaciones que compiten con ventaja con las que cuenta las fuerzas de seguridad del Estado. Esos desarmados son simplemente las víctimas respaldados por organizaciones intocables, porque para eso están unas leyes inútiles, unos leguleyos y unas infraestructuras judiciales y legislativas que son intocables. ¡Tengamos por seguro que de nada de esto se referirá la proyectada normativa!
Suma y sigue: La violencia. Quien diga que se lucha contra ella es que nos toma por bobos. Cada día entran en nuestras casas obras llamadas del séptimo arte, con tiros, bombas, puñaladas, en vil competencia entre la distintas cadenas. Si un marginado social arrastra a una anciana para quitarle su paga, es mayor que el que presionan los bancos por cobrarnos nuestros ahorros. ¡Claro que lo primero se es reprimido con poco convencimiento, y lo segundo está amparado por la ley.
La violencia entre los políticos está a la orden del día, con el insulto mutuo, olvidando que están allí para representar al pueblo y no para hacer corruptas carreras. De los trucos legales existentes para cobrar comisiones, llevar sus dineros a paraísos fiscales, reducir condenas, no a los sangres azules sino a las sangres negras.
En definitiva, digamos que las infraestructuras y los medios existentes contra la violencia, no es más que una capa hipócrita para seguir manteniendo las castas.
Por eso, cuando el Evangelista Mateo lanzó su buena intención, no alcanzó, que pocos, muy pocos tendrían su misma intención. El resto se cobijaría en la oscuridad de unas maniobras, para dejar ignorantes y descolocados a los que tanto hablan de fe, esperanza y caridad.





