Hace años, un periódico publicaba el testimonio de un superviviente de una especie de campo de concentración en Corea del Norte. Al que intentaba fugarse lo castigaban de manera tan brutal que mejor no describirla. Pero en lo que insistía el superviviente, y costaba trabajo creerlo, era en el exitoso lavado de cerebro de todos los prisioneros. “Nos parecía bien que despedazaran al que intentara escaparse. Estábamos completamente persuadidos de que nuestra obligación moral era permanecer allí, que el que huía era un malvado y merecía el escarmiento. Yo también pensaba así, y me parecía justo el castigo. Me ha costado trabajo luego ver la realidad de otra manera”.
Cuando la vida fluye de manera natural, una aparta, con desagrado, este tipo de lecturas… Pero ahora, de repente, vemos con espanto que son verosímiles, que son (¡horror!), hasta lógicas. Lo peor de esas situaciones espantosas, de crueldad del hombre hacia el hombre, no son ya los presos hacinados, los trabajos forzados…, no, es el exitoso lavado de cerebro que les hace perder el deseo de la libertad.
Nuestra idea de la esclavitud en la época de los romanos, en los esclavos negros de América, o hasta de más recientes campos de concentración, está muy sesgada. Nos llegan los testimonios más excepcionales, los más “hermosos”, los de los presos que supieron mantener la libertad interior. Películas como “Espartaco”, y tantas otras sobre los esclavos sureños de América, nos transmiten una bella imagen de la unión espiritual entre los oprimidos y de sus ansias de libertad. Hoy comprendemos mejor que nunca que esto seguramente no era así. Los primeros que sostendrían el sistema serían los propios esclavos. No se oprime con éxito a base de latigazos, es imposible; tiene que ser moldeando las mentes. Hoy podemos comprender cómo. Los esclavos seguramente se denunciarían unos a otros, se alegrarían del castigo ajeno. Sí… el espantoso testimonio de aquel de Corea del Norte tiene toda la lógica…
En una de las pocas radios que quedan independientes, sin subvención del poder, oía ayer las noticias locales, esas que siempre comenta una voz risueña y ligera, como si al pasar de lo nacional a lo local ya estuviéramos como en el recreo. La alegre locutora hablaba de los incidentes en las últimas horas en Sevilla: ha pasado esto y aquello, ha habido tal incidencia, otra vez el pronóstico del tiempo… Lo que menos esperaba de tan risueña informadora, que casi parecía una animadora de cumpleaños infantiles, era el tono acerbo, amargo, resentido que se le escapó:
- La policía local ha practicado tantos controles y ha puesto X número de denuncias… por CULPA de la gente que TODAVÍA NO SE ENTERA de que no se puede salir de casa.
En años y años oyendo ese programa de, durante los cuales se han comentado todo tipo de incidentes y accidentes, de negligencias, atracos, estafas, agresiones… jamás habían empleado ese tono recriminatorio. Nunca. Más bien, al ser noticias locales, pues no se apartaban del tonillo ligero y festivo que por lo visto es preceptivo en las grandes cadenas al pasar de la emisión nacional a la local. Nunca oí decir: “Ha habido tantos accidentes POR CULPA DE la gente que todavía no se entera de que no se puede beber alcohol al volante” ni “Hay gente que no se entera de que está prohibido robar con violencia”. Robos, hurtos y accidentes mortales se describían como un evento más, antes de hablar del próximo concierto en la Cartuja.
Pero ahora, que nos han impuesto que andar por la calle es delito (el peor de los delitos, el que implica que uno es más malvado), ese concepto ha llegado tan profundamente a las vísceras mismas de la población, que a la alegre locutora (la que siempre rebosa de infantil felicidad) le salió el tono agresivo, de verdadera hostilidad (de odio diría, si no estuviera tan gastada la palabra). Le salió el cinismo, el desprecio; con un posicionamiento moral, por demás, bastante antiperiodístico, aparte de inhumano.
La frase es mendaz, además de cínica y desagradable. Mire: la persona que ha sido vista en la calle habrá salido por las razones que sea. Alguno habrá que lo haya hecho para no asesinar a su cónyuge. Pero enterarse, todos se han enterado.
Y esto era una radio independiente, a la que admiro. Pero cuando se lavan los cerebros, aquí caemos todos.
Coreano del Norte, que te escapaste, y que dijiste cosas que me parecían tan raras, ¡qué bien, por desgracia, hoy te comprendo!






1 Comment
La escritora con su artículo, una vez más, me viene a recordar el peligro que corre un estado o una nación cuando los que lo dirigen son de ideas totalitarias manipuladoras que pretenden conseguir su vieja estratégica psicológica, reformando el pensamiento, el adoctrinamiento o reeducándolos con sus diversas técnicas aplicadas en la persuasión, sean coercitivas o no, como la concesión selectiva de recompensas y de esta manera el domante te envuelve en su telaraña y te obliga a someter a sus creencias, apoderándose de su conducta, pensamientos y comportamiento no sólo a un individuo en particular, sino al que vive en sociedad o comunidad, de esta manera surgen ideas como las de Carlos Marx, el marxismo, el comunismo y el nacionalsocialismo, con el mero propósito de ejercer sobre ellos reconducciones o controles políticos, morales y de cualquier tipo muy alejado de todo pensamiento democrático y más cercano a una estructura político-militar donde el ser humano pasa a ser un simple número. Gracias una vez más Gloria por ponernos en alerta hasta donde el hombre, pretende llegar a ser manipulador del hombre, muy alejado de la concepción en libertad que Dios nos otorga al ser creados