La situación de los comedores escolares en Andalucía ha dejado de ser un problema logístico o administrativo para convertirse en una flagrante falta de respeto hacia la salud y el bienestar de los más jóvenes.
Los recientes y alarmantes hallazgos de larvas en los menús de varios colegios de Málaga, sumados a un reguero de más de quinientas denuncias acumuladas en provincias como Córdoba, no hacen más que destapar las costuras de un modelo de gestión caduco y mercantilizado.
No hablamos de un simple error en el punto de sal o de una guarnición poco vistosa; estamos ante raciones insuficientes, platos que llegan fríos y menús de una bajísima calidad nutricional que se sirven diariamente a miles de niños y niñas andaluces.
La Junta de Andalucía cataloga estos episodios como «incidencias puntuales» mientras mantiene bajo su concesión a gigantes como Mediterránea de Catering (que controla casi el 38% de los comedores malagueños y centenares en toda la comunidad) es un ejercicio de conformismo que no debemos aceptar bajo ningún concepto.
Detrás de este sistema de «línea fría» y grandes licitaciones se esconde la deshumanización de algo tan sagrado como la alimentación infantil.
Se prioriza el ahorro y la centralización de servicios, en grandes empresas de dudosa calidad.
Movilizaciones
Las familias andaluzas, congregadas en protestas legítimas y jornadas de huelga, no exigen lujos, sino la dignidad básica de saber que sus hijos comen alimentos frescos, seguros y nutritivos.
Abrir expedientes sancionadores a posteriori ya no basta cuando la confianza pública se ha roto por completo.
Las asociaciones de padres (como la Fdapa y colectivos en Málaga y Córdoba) han organizado jornadas de huelga, protestas y recogidas de quejas (constan más de 500 reclamaciones solo en Córdoba y decenas de colegios afectados en Málaga). Las familias exigen rescindir los contratos y apostar por cocinas locales o productos frescos
La Consejería de Educación debe dejar de normalizar la mediocridad en las bandejas escolares, preocuparse más de lo que comen los alumnos y aumentar la vigilancia sanitaria de los mismos, reforzando la plantilla de sanitarios que deben vigilar en todo momento y actuar de inmediato cuando las circunstancias así lo requieran.
Soy sanitaria y, como profesional, me duelen los ojos al ver este tipo de noticias. Los niños deben comer bien, equilibradamente y con raciones suficientes y seguras desde el punto de vista sanitario. Todo lo que no sea esto, estaremos cometiendo una grave irresponsabilidad hacia los más vulnerables de nuestras casas.





