Estoy convencido de que la peor faceta del corrupto la vamos a presenciar en los siguientes días, esta situación lo deja expuesto ante la justicia, no tiene escapatoria posible y cuando un animal se siente acorralado, especialmente una rata, su comportamiento se vuelve impredecible y extremadamente agresivo. Ataca con todo lo que tiene, sin medir consecuencias. Esa es precisamente la situación en la que se encuentra Pedro Sánchez en estos momentos.
Con todos sus cabecillas siendo procesados y condenados P.S se encuentra indefenso ante la Justicia y viendo cómo se estrecha el cerco judicial, Sánchez es ahora más peligroso que nunca. Cabe esperar que utilice todos los recursos a su alcance para sobrevivir políticamente, va a intensificar la polarización y el enfrentamiento social, acelerará la erosión de las instituciones y la independencia judicial, usará a sus socios independentistas y comunistas para blindarse mediante leyes a medida, intentará aprobar amnistías encubiertas, reformas del Código Penal o cualquier medida que le permita escapar del control democrático y judicial y lo más importante no dudará en sacrificar lo que haga falta incluida la estabilidad de España con tal de permanecer en La Moncloa.
La historia reciente demuestra que Sánchez no tiene límites cuando se trata de su supervivencia personal. Ha roto pactos, mentido sistemáticamente y utilizado el aparato del Estado en beneficio propio. Ahora, sin su escudo protector, es previsible que redoble esa estrategia.
Ante este escenario, España no puede permitirse la ingenuidad. Necesitamos leyes fuertes y mecanismos institucionales sólidos que impidan que un solo hombre, por muy tirano que sea, se sitúe por encima de la ley. Es imprescindible que se prohíban los indultos y amnistías en delitos de corrupción, debe de ser reforzada la independencia real del Poder Judicial, se deben de establecer controles estrictos sobre la contratación pública en situaciones de emergencia y hay que limitar legalmente los abusos de poder y la instrumentalización del Estado.
Sánchez acorralado no es un presidente debilitado, sino un dirigente dispuesto a llevarse por delante todo lo que haga falta con tal de no caer. Como las ratas, atacará con todo. Su permanencia en La Moncloa se ha convertido en un objetivo estratégico que prima sobre la ética pública, la separación de poderes y el interés general de España.
Frente a la corrupción y al intento de perpetuarse en el poder a toda costa, la sociedad española debe exigir ejemplaridad, responsabilidad y, sobre todo, leyes fuertes que protejan la democracia frente a quienes pretenden capturarla.
La sentencia de ayer es un paso importante, pero no basta. La verdadera prueba vendrá en los próximos meses: si Sánchez logra blindarse o si las instituciones y la sociedad civil consiguen poner límites reales a su ambición desmedida.
España merece algo mejor que esta deriva. Es hora de defender con firmeza la separación de poderes y el imperio de la ley.






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La huida «hacia adelante» de cualquier viviente siempre es peligrosa para todos; razón demás cuando se trata de «una fiera encubierta» que suele definirse como «politiquero». El Rey y la Casa Real vienen perdiendo por desidia y pusilanimidad. ¡Lamentable para España en este Siglo XXI!