Es posible que no sean las casetas más amplias, ni las que cuenten con los grupos flamencos más marchosos, ni en las que se brinde con la manzanilla más selecta. Pero la feria es más alegre y humana gracias a los socios de ciertas casetas que hacen accesible la entrada a personas con movilidad reducida, colocando una rampa y adaptando sus baños, o que comparten su fiesta con los turistas que deambulan por el real sin conocer a nadie.
Muchos pensamos que estas casetas merecen un reconocimiento público por el Ayuntamiento, de modo que sirvan de ejemplo a las demás. Los extranjeros que son acogidos en ellas se convertirán en verdaderos embajadores de nuestra ciudad, que relatarán en sus respectivos países lo bien que les atendieron en Sevilla, generándose así un enorme potencial de turismo y de riqueza imposible de cuantificar.
Feliz feria a estos vecinos que no salen en la prensa del corazón ni son conocidos en eventos sociales. Ni falta que les hace. Felíz feria a los socios de las mejores casetas de la feria.





