En el libro del exagente de la contrainteligencia castrista Jorge Masetti, “El furor y el delirio”, hay un capítulo dedicado a algo que en el departamento de la Seguridad del Estado en Cuba llaman “Las latas de culos”. ¿Qué son las latas de culos? Son las filmaciones secretas hechas a cuanto extranjero prominente o político, ha pasado por Cuba, teniendo sexo. Solo no están quienes han sido célibes.
La policía cubana tiene un ejército de mataharis de ambos sexos dedicado a la “vieja profesión”. Su labor consiste en seducir a la “persona de interés” y tener sexo con ella, con un objetivo claro: sacarle información, pero sobre todo filmarlos a escondidas teniendo sexo, incluso consumiendo drogas que ellos mismos proporcionan, para chantajearlos a posteriori. Muchas de esas personas son casadas, o no son abiertamente homosexuales como aparecen en las filmaciones, razón por la que el chantaje parece funcionar.
Me gustaría pensar que todo el PSOE, y cuanto izquierdista español ha pasado por Cuba están en el almacén de las latas de culos, porque así, cuanto menos, la iniquidad, la carencia de ética, y la desvergüenza que ha caracterizado todas las actuaciones de los socialistas españoles, y a la izquierda en general, en cuanto al irrespeto a los DDHH en Cuba por parte de la dictadura castrista durante 62 años, tendría cierto grado de justificación. Lamentablemente el ser humano puede llegar a ser incluso más indigno que todo esto (filmar a otros en actos íntimos quiero decir), y a veces ni siquiera necesita ser chantajeado para cometer los más atroces actos de delación y complicidad. A cambio de un viaje con gastos pagados -incluyendo sexo- a la isla, muchos han cometido cualquier cantidad de tropelías y bajezas que harían palidecer a cualquier persona con un sentido mínimo de la vergüenza.
Recuerdo que en los 80 nos ponían documentales sobre el “tráfico de divisas”, una de las tantas formas con que intentaron los cubanos mitigar el hambre a que planificadamente han sido sometidos por la dictadura (comprar y vender dólares en el mercado negro, para conseguir alimentos). Hubo una “Operación Pitirre” -así llamó aquella la Seguridad del Estado a una macrooperación de delación, emboscadas, y detención de traficantes de divisas-, sobre la que se hizo un documental que fue mostrado innumerables veces por la televisión cubana. En él salían varios extranjeros al servicio de la policía secreta dando testimonio sobre cómo habían ayudado a la policía a detener a los cubanos. Incluso pusieron escenas filmadas en tiempo real, con microcámaras colocadas en los botones de la camisa del extranjero, en que se veía la negociación, y el momento en el que el cubano era detenido. Entiéndase que un traficante de divisas en aquel momento podía ser simplemente cualquier cubano en cuyas manos habían caído unos pocos dólares e intentaba venderlos, o comprarlos, en el mercado negro; en ningún caso se trató de operaciones de millones de dólares. Los extranjeros salían a cara descubierta, españoles, chilenos, argentinos sobre todo, mexicanos, que prestaban sus servicios a las fuerzas represivas secretas del castrismo por “hacer honor a la revolución” -en sus palabras-. En realidad, ese “honor” era comprado por la dictadura con una semana en hoteles de lujo en Varadero con los gastos pagados, incluyendo los servicios sexuales hasta de menores de edad, a veces algún tipo de tratamiento médico, o incluso becas de estudio en la isla.
Es importante aclarar de dónde procedían los dólares que traficaban los cubanos. Casi siempre eran llevados a la isla por familiares miembros del éxodo residentes en los USA. No eran robados, no eran “dólares de sangre” ni del narcotráfico. Las delaciones les costaban a los cubanos años de prisión, y, creedme, cualquier prisión española es un resort de playa de 5 estrellas al lado de cualquier prisión cubana. Cientos de vidas -tal vez miles- de cubanos fueron destruidas por nuestros queridos hermanos españoles e iberoamericanos con sus servicios a la tiranía.
Hace unos días el PSOE y la izquierda española, siguiendo la tradición de su deshonor, con Josep Borrell al frente, se han vuelto a oponer a una moción de censura en la UE, con la que se pretendía condenar a la dictadura castrista por sus atropellos a los DDHH en la isla, contra el pueblo. Entre otras cosas han saltado a la prensa los vínculos directos de la Embajada Cubana en Madrid con el PSOE, y algún email secreto donde la parte cubana instruye a la española sobre cómo responder a las críticas contra la dictadura castrista. ¿Qué información oculta será tan poderosa, estará, y está, en manos de la dictadura castrista que hace que la izquierda española le rinda tal pleitesía, pisoteando al hacerlo los DDHH del pueblo cubano, y de paso traicionando lo que según ellos mismos dicen, es un elemento medular de los principios éticos, morales, y de lucha de esa misma izquierda: la defensa de los DDHH?
El nunca bien ponderado Borrell ha dicho que “España debe proteger sus intereses en la isla”, con lo cual deja claro que: los intereses comerciales de los inversionistas españoles en Cuba sobrescriben cualquier atisbo de justicia y decencia que tenga que ver con el respeto a los DDHH de los cubanos. Pero debe haber algo más. Conocemos a la dictadura cubana, y de lo que son capaces sus secuaces de la policía secreta, una de las mejores del mundo, que fuera entrenada por la mismísima Mossad israelí en los 60s y 70s.
Vivimos en un mundo tecnológico. Supongo que ya la dictadura castrista debe haber convertido sus viejas filmaciones a formato digital, y hayan rebautizado su almacén de latas a “Los teras de culo”, porque según Masetti tenían cientos de latas de culos hace 30 años cuando publicó el libro. Es de suponer que en la actualidad tengan una bóveda acorazada y climatizada con miles, sino millones, de discos duros de culos porque, si algo sabemos los cubanos -porque hemos sido testigos presenciales en la isla-, es que un socialista o un izquierdista español, por tal de ir a consumir carne mestiza cubana es capaz de cantar La internacional en arameo, y de paso vender a la autora de sus días si fuera necesario. No quiero tener que imaginarme el culo blanco de Josep Borrell dando botes sobre una mulata en un hotel en La Habana, aunque mucho me temo, viendo la vehemencia con que defiende a la dictadura castrista, que no me quedará más remedio.





