Somos únicos. Todos. Es verdad que en estos tiempos de gregarismo (la gente, la ciudadanía, inmunidad de rebaño, etc.) una forma de halagar a alguien es decirle que “es único”, o más aún, que “es el único que es único”, pero son muchas las cualidades que nos diferencian de los demás: la cara, el pelo, el umbral de sensibilidad, nuestra forma de caminar, y, cómo no, nuestra voz.
Los elementos principales que determinan las características de nuestra voz son el ritmo, el tono y la intensidad. El ritmo es la velocidad con la que hablamos, y todos conocemos a personas de habla pausada y a otras que se comen hasta las sílabas. El tono es el timbre de la voz con el cual nacemos, y puede ser formal o informal, alegre o serio, amistoso o protocolario. Un tono vacilante denota inseguridad. Una voz sin titubeos transmite seguridad. Una voz monótona y lineal comunica aburrimiento. Los cambios de tono manifiestan duda, enfado o temor. La intensidad es el volumen con el cual emitimos habitualmente el sonido. Puede expresar intimidad, suspense, sorpresa o impulso. Un volumen alto comunica la intención de dominio. Un volumen bajo demuestra timidez o inseguridad. Los cambios de intensidad se emplean para enfatizar los puntos clave del discurso.
Está demostrado en numerosos estudios que captamos el 7% del mensaje por las palabras, el 38% por las características de la voz y el 55% por el lenguaje corporal. Por ello, para escuchar activamente debemos prestar atención al lenguaje corporal y a las características de la voz.
Sin ir más lejos, la fe entra por el oído, de ahí el poder de la predicación. Asimismo, una voz seductora puede enamorarnos: ¡cuántas veces nos hemos sentido acompañados por ese locutor o locutora de radio en la madrugada que ha despertado en nosotros el deseo de conocerlo o conocerla! De hecho, son muchos los autores que afirman que la libido en la mujer se despierta por el sentido del oído y en los hombres por el de la vista.
Pues bien, en este tiempo del internet de las cosas, de la robótica (Siri o Alexa hacen búsquedas on line mediante voz), del coche inteligente, y de la pandemia, la biometría de la voz (sistema que permite identificar y autenticar la identidad de un individuo a través del reconocimiento de los patrones de su voz) ha tomado un gran impulso. Y es que, como hemos dicho, el aparato vocal de cada ser humano es único, y si un sistema puede reconocer con seguridad de quién es una voz, no es necesario que usemos una contraseña, que además se puede olvidar o robar más fácilmente.
A diferencia de la biometría facial (recuerden mis lectores el artículo “Pagar con la cara” del pasado 3 de junio) que necesita de unas cámaras, y de la dactilar, de unos lectores de huellas, la de voz es la que más alcance tiene frente a otras porque no requiere de ninguna infraestructura de usuario, sino sólo de un teléfono, que hoy por hoy es algo universal, ya sea un fijo, un móvil o el call center más cercano.
El mercado global de la biometría está creciendo de forma exponencial. Vamos hacia un modelo en el que todo estará interconectado a través de la voz, porque es el lenguaje natural, y no hay nada más sencillo y ágil como poder interactuar con nuestro entorno mediante ella. Ya son dos los usos a los que se está aplicando con total éxito: la autenticación de una persona (por ejemplo, evitaríamos el juego on line de menores), y la firma de documentos con total validez legal (pensemos en los abuelos de la España vaciada o en el colectivo de la ONCE), y con una clara ventaja frente a la biometría facial: mientras ésta se practica con un uso indiscriminado, la de la voz requiere el consentimiento previo (“…esta conversación va a ser grabada”).
Riesgos existen y van a existir siempre: La clonación de una voz mediante sintetizadores ya ha dado como fruto no deseado algún que otro delito bancario, pero todo parece indicar que iremos dejando atrás las contraseñas y seremos reconocidos de una forma privada, segura y voluntaria. Se hará difícil suplantar a otra persona (control de horarios laborales, participación en reuniones on line mediante aplicación Team de Microsoft, etc).
Probablemente el año entrante conoceremos las posibilidades de la combinación de humanos digitales y biometría de la voz en sectores como el acompañamiento para ancianos y enfermos, monitorizados a través de controles a distancia.
Comencemos el próximo año, con apertura de mente hacia las innovaciones, porque, verdaderamente, la única forma de descubrir los límites de lo posible, es aventurarse un poco más allá de ellos hacia lo imposible. Feliz 2022 a todos.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Hola Alberto,
Muy interesante el artículo, comentar que adía de hoy, algunos bancos, cuando contratas una cuenta online no solo solicitan el dni y tu firma si no además te graban para tener registrada tu voz. Como indicas, el futuro ha llegado. Como cada semana un placer leerte.
Muchas gracias,
Un saludo.
Hola Alberto, muy interesante el artículo. Creo importante transmitir, como haces, los avances de la tecnología como algo bueno, sin perjuicio de las debidas precauciones y de que, como dices, no existe riesgo cero. Pero es indudable que los avances son imparables y que hay que adaptarse a ellos. Aprendamos a convivir con la tecnología sin miedo y a sacarle el rendimiento adecuado a nuestras necesidades reales, y ayudando a las personas «temerosas» a perder el miedo a las voces de Alex o Siri. Confieso que, comprobar el alcance de las prestaciones de una inteligencia artificial doméstica y por ende, pequeñita, me resulta siempre sorprendente y a veces……inquietante. Un abrazo