Es curioso cómo tenemos grabadas en la memoria imágenes de nuestra infancia, no tanto por su significado sino por cómo la asociamos a vivencias y momentos que fueron importantes para nosotros en su momento. Sin ir más lejos, parece que aún estoy viendo aquel dibujo grabado en los discos de música de vinilo a los que tan aficionado era mi padre, que representaba a un perro mezcla de terrier escuchando un gramófono de disco de cuerda. Eran singles de la marca “La voz de su amo”, sello de una veterana empresa inglesa de la industria discográfica, y, más tarde, título de una película española de 2001 que pasó sin pena ni gloria por las salas cinematográficas de nuestro país.
Esta expresión siempre la asocié a los ventrílocuos, esos humoristas que tanto nos hicieron reír y sonreír en la segunda mitad del siglo pasado: Herta Frankel y su perrita Marilyn; José Luis Moreno y su Monchito, Macario y Rockefeller, y Mary Carmen con Doña Rogelia, el león Rodolfo y el pato Nicol, pues todo fue llegar el siglo XXI y desaparecer como una especie en extinción.
Les cuento esto porque el pasado lunes día 14, en el programa de Carlos Alsina en Onda Cero, fue entrevistado nuestro alcalde, señor Don Juan Espadas, flamante ganador de las primarias del PSOE en Andalucía. A la pregunta de si apoyaba los indultos a los políticos catalanes presos, contestó: “Sí, porque los apoya el gobierno”, a lo que el entrevistador le inquirió: “Entonces, si el gobierno estuviera en contra de los indultos, ¿usted también estaría en contra?”, siendo su respuesta: “Sí, en ese caso estaría en contra”.
Francamente, no daba crédito a mis oídos. Podía haber respondido con discreción (“No dispongo de los elementos de juicio necesarios para dar una opinión jurídica sobre este asunto”), de una forma ecléctica (“Existen argumentos tanto a favor como en contra para su aprobación, y la decisión precisa de escuchar a expertos jurídicos y adoptar la más conveniente para los intereses de nuestro país”), o incluso haber aprovechado la ocasión para recordar su formación jurídica como licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla (promoción 1984 – 1989) y su máster en la Fundación San Telmo, diciendo algo así como “Ciertamente, soy letrado pero no experto en Derecho Penal; necesitaría del tiempo que no me concede esta entrevista para responderle con total convicción”.
Pero no, vino a decir lo mismo en el pleno municipal de esta semana. Le puedo la fidelidad ciega a quien ha propiciado primero su candidatura y luego facilitado por todos los medios a su alcance, la victoria frente a una Susana Díaz amortizada, políticamente hablando, la misma compañera de partido que le ayudó a auparse a la alcaldía de Sevilla y en quien encontró su mejor valedora cuando presidía la Junta de Andalucía. El obediente no se equivoca, pero tampoco acierta. Lo hace otro por él.
Quizás por su condición de bético, como todos los líderes del partido (en Andalucía cuando se habla del partido todos saben a cual nos estamos refiriendo), nuestro alcalde ha pasado del “Lo que diga don Manuel” a “Lo que diga Pedro Sánchez”, el presidente del gobierno que puede pasar a la Historia como el líder de la correlación inversa: cuanto menos lo votan los españoles, más lo veneran en su partido.
Esta condición de vicario de los líderes autonómicos no es nueva. Las veleidades andalucistas de Rafael Escuredo fueron corregidas desde Madrid con el nombramiento de mi profesor y amigo José Rodríguez de la Borbolla, quien fue sustituido por Manuel Chaves desde la capital del Reino por razones nunca explicadas, que pasó de ministro de trabajo a presidente autonómico. Cierto es que el actual presidente de la Junta, Juan Manuel Moreno, del Partido Popular, también fue colocado desde la villa y corte como el candidato a competir por la Junta de Andalucía, siendo asumido como el mejor líder “posible” por todos los afiliados andaluces de su partido sin ningún debate posible: ¿se imaginan este dirigismo a dedo en las comunidades en las que usted, amigo lector, y yo estamos pensando?
A nuestro alcalde, ya lo conocíamos los que vivimos cerca de la barriada Santa María de Ordás, y en estos años se ha hecho popular por Sevilla. Ahora lo van a conocer en Andalucía y, por ende, en toda España. La lupa sobre sus actuaciones va a ser de mayor graduación. Este artículo no es lugar para criticar su gestión como primera autoridad municipal, pero difícil le va a ser en adelante conciliar su papel como regidor de la ciudad con su candidatura a presidir la Junta, y como sevillano, su trayectoria no invita a ilusionarse: Sevilla capital sigue contando, año tras año, con seis de los trece barrios más pobres de España.
Como se suele decir, señor alcalde: que su victoria sea para bien… de todos.






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Hace poco comentaba que lo mejor que había hecho el alcalde por Sevilla, era, al menos no haber hecho nada malo o empeorar lo que ya había. Venía con un buen bagaje del gobierno autonómico y en os primeros años de su mandato, l apercepción general que tenía de él, era de al menos discreción y, como digo evitar medidas » raras » . Su sanchismo es lamentable, no sólo por el culto al líder, dando muestra de una falta total de criterio propio, sino porque todo lo que el PSOE de Sánchez representa: desgobierno, alianza con separatistas y terroristas, demolición del Estado, ataque a las Instituciones, mentir a los españoles, ideología de género, y si ya hablamos de la pandemia, apaga y vámonos. Y todo por cargos políticos y prebendas varias. Decepcionante figura la del alcalde Espadas