
Les confieso mi admiración por los autónomos, esos trabajadores por cuenta propia que son capaces de afrontar la vida empresarial sin más armas que sus propios conocimientos y su buen hacer, que temen caer en la enfermedad por lo que supone de merma de ingresos, que no pueden disfrutar de vacaciones remuneradas, y que son capaces de arriesgar su patrimonio personal en aras del éxito de un proyecto en el que suben a sus familias.
De entre los autónomos, hoy quiero citar a uno de ellos en concreto: el tendero, propietario de ese pequeño comercio, tan cercano a nuestro domicilio, que forma parte del paisaje familiar, y sin el que no entendemos la totalidad del decorado de nuestra vida diaria; en mi caso, por poner varios ejemplos, la frutería de Manolito (que sigue siendo Manolito aunque vaya camino de los sesenta años), la farmacia de María Antonia, la joyería de Félix, la papelería de Antonio, o la tienda de Eva.
Precisamente esta última es la que traigo hoy a colación, porque nos ha dicho que cerrará cuando termine la próxima semana santa, por cuestiones familiares, que pasará a trabajar en el obrador familiar que le surte de pan y pasteles por jubilarse uno de sus empleados. Lo de menos es el motivo. Lo que sí se nos plantea es el cambio de proveedor de algo tan familiar como el pan, porque tendremos que comprarlo en otra panadería o supermercado.
La que comenzó siendo una pastelería en los bajos del antiguo garaje Miraflores allá a finales del siglo pasado, pasó a convertirse en un tienda multiusos (panadería, confitería, desavío, etc.) en la acera de la antigua fábrica de vidrio en 2004, regentada por Eva, aunque conservara el nombre de su fundadora (Confitería Asunción) y desde entonces ha estado atendiendo al barrio de un modo familiar, hasta el punto de hacernos sentir como en casa con su cálida atención junto a Ana, su colaboradora en horas de máxima afluencia de público.
No hace falta haber estudiado Marketing para entender que las ventas se basan en la excelencia de cuatro parámetros que hay que cuidar al máximo: el producto, que ha de ser de calidad y con una elaboración diaria recién salido del horno; el precio, competitivo y cuya cifra te haga innecesario buscar otras alternativas; la promoción, desde la recomendación personal hasta el gusto de saber montar un escaparate, y, por último, la distribución, ese acercar el producto al cliente, que en ocasiones llegaba hasta llamarte por teléfono por si se te había olvidado recoger un encargo, y si fuera preciso, hasta acercártelo a tu casa.
Han sido años difíciles de olvidar: la demolición de los bajos del Garaje Miraflores (el primer surtidor de gasolina que hubo en Sevilla), aquellos míticos comercios de hace décadas, hoy ocupados por una abacería y bares de copas con nuevas viviendas; aquel 2008, cuando la cabalgata de Reyes Magos pasó por la avenida Miraflores camino de La Salle, y no se daba abasto para tanto roscón de Reyes, que llegó a ser en ocasiones citado en la prensa local como uno de los mejores de Sevilla; el confinamiento del COVID en la primavera de 2020 (¡cinco años han pasado ya!); la llegada de las grúas a la antigua fábrica de vidrio donde hay proyectadas nuevas viviendas y un centro social que ya no verán esta tienda…
Si hay algo que destacaría en todo este tiempo es la variedad de público existente a todas horas: los niños camino de los colegios cercanos para comprar su desayuno; la abuela que viviendo sola, encontraba en esa pequeña charla el alivio que la sacaba de su soledad; el operario de una obra cercana, que venía a por ese avituallamiento que le ayudaba a reponer fuerzas; la señora dubitativa que no acababa de decidirse por qué pasteles incluir en su media docena; el joven camino del partido de fútbol con su bufanda, que pedía sus paquetes grandes de pipas y al que le deseaba suerte, fuera del equipo que fuera…
Todos esos elementos le han hecho mantener una clientela fiel durante estas décadas, a pesar de la apertura de nuevas panaderías en las proximidades (Carretera de Carmona y calle Albaida), y también de los Aldi y Mercadona de turno, con sus ofertas de pan y dulces, porque, como he dicho, no es sólo el género lo que se vende, sino también el trato personal, los que te llevan a comprar en un sitio o en otro.
Adiós a los roscos de Reyes que alegraron tantas mañanas de los seis de enero, a las torrijas y mini torrijas de semana santa, a los pestiños, los lazos de chocolate, las palmeras de huevo, los exquisitos palos de nata o los borrachos; a las empanadas y tortillas del desavío; a las ofertas de andaluzas, los prietos, las payesitas o el pan de Aracena cortado en rebanadas, que te ahorraba tener que ir a un pueblo a saborear una tostada como Dios manda, pero sobre todo, adiós a un trato personal exquisito, que difícilmente encontraremos de forma diaria cuando vayamos a comprar a otro sitio el pan de cada día.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Agradezco la atención y profesionalidad buen trato con la que siempre me han atendido.
Sintiendo su marcha, deseo todo lo mejor en su nueva andadura.
No duden que les echaremos de menos